Exposición Individualoct 1996 - dic 1996· Por José Antonio Pérez Ruiz

Orlando Vallejo

Galería Prinardi

Cuando observamos la obra pictórica de Orlando Vallejo captamos una tendencia constante a enfocar las situaciones que le sirven de punto de partida desde las perspectivas atípicas, y ese tipo de acercamiento óptico provee al observador de una especie de fascinación. Sus telas llevan a quienes se detienen a estudiarlas a considerar los elementos refrescantes existentes en ellos que responden a su manera peculiar de enfrentarse al mundo y sus circunstancias. A veces sorprende al presentar piezas en las cuales conviven lo escueto y lo incógnito. En otras ocasiones sus producciones son concebidas como si levantara una cortina protectora de lugares vedados, donde existen entes propios para alimentar el espíritu. Las líneas delimitadoras de sus configuraciones no tienen funciones de pared de contención, más bien constituyen zonas transitorias que permiten la integración de los organismos al orden cósmico que les circunda. Hay en ellos una cosmovisión en la cual las entidades vivientes tienen la oportunidad de aparecer o desvanecerse debido al hecho de que el autor posee la capacidad de captar los cambios de estado de la materia. En su universo artístico no hay cabida para la muerte ya que sus concepciones parecen responder a un orden cíclico. En la colección presentada en Galería Prinardi se advierten retornos a temas antes abordados. Los caseríos emergen como colmenas en las que se vive hacinado, demostrativo de la situación de explosión demográfica actual. Sin embargo, sus jardines irreales constituyen predios esperanzadores pues toda la vegetación corresponde a filums que parecen descender directamente de los legendarios sembrados del desaparecido paraíso terrenal. Aparecen también escaleras que se mantienen erguidas en violación a todas las leyes físicas, pues no existen apoyaduras visibles que las sostengan. En ese orbe comienza a dejarse ver una población que anteriormente se intuía pero no se manifestaba; allí los individuos están protegidos por conformaciones geográficas que se proyectan como enormes células cuya función es garantizar la permanencia de la presencia en esos panoramas incorruptos. No hay huellas nefastas de agentes contaminantes. La profusión cromática corresponde a las atmósferas que el autor confiere a sus paisajes ideales y por tanto irreales. Se advierte así mismo que las sencillas edificaciones están integradas al ambiente. Las obras constituyen una denuncia sistemática contra la aceptación indulgente de la destrucción indiscriminada de flora y fauna. Se percibe a la vez el anuncio del surgimiento de fuerzas vírgenes con poderes regenerativos que se sobre pondrán al uso tosco de tecnologías que podrían ser beneficiosas. La búsqueda de refugios primigenios resulta ser similar a la esperanza de llegar al pensamiento puro que no precisa de articulaciones verbales para cobrar vigencia.

Exposición Individual: Orlando Vallejo — imagen 1
Orlando Vallejo. La silla caliente, 1996. Óleo sobre tela. 85 x 85 cm. Cortesía: Galerías Prinardi, Puerto Rico.

Sus paisajes urbanos son muy distintos pues en ellos las posibilidades esperanzadoras se encuentran ausentes. La presencia de chimeneas que vierten sus descargas venenosas en todas las direcciones dominan el horizonte, un sol bermejo en un cielo oscuro, apenas tiene oportunidad de difundir su luz sobre la población. Si de una parte hemos aludido a las visiones idílicas de carácter bucólico, también hay que referirse a este señalamiento de las realidades apocalípticas que nos acechan. La mayoría de los personajes en sus lienzos son femeninos y dan la sensación de ser potentia generadi que habla en cierto modo del potencial procreativo de la mujer. Algunas reflejan actitudes antagónicas como es la candidez del gesto versus el aparente abandono del cuerpo al sentarse, otras dejan destilar pensamientos y deseos que buscan transformarse en realidad. Este es el caso de una dama con cierto aire callejero que es presentada sobre un fondo que podría ser llamado por algún fabricante de cosméticos “pasión en rojo”. Ella y su contexto se proyectan como una tentación ambulante. El expresionismo habitual del artista se atenúa por el respeto con que hace sus acercamientos al ser humano.

JOSÉ ANTONIO PÉREZ RUIZ

Orlando Vallejo, por José Antonio Pérez Ruiz | artnexus