Durante los meses de junio y julio, en la Biblioteca Luis Ángel Arango se presentó una nueva versión del programa Nuevos Nombres bajo el sugestivo título de Contaminados. Como lo anota Natalia Gutiérrez, curadora de la exposición, esta novísima generación que actualmente oscila entre los 23 y los 26 años, se encuentra alejada de los grandes discursos1 y esta muestra plantea una alternativa interesante para entrar en contacto o como su título lo sugiere, contaminarse, con las propuestas de artistas sumamente jóvenes quienes poseen una nueva y peculiar manera de percibir el mundo que es, entre otras cosas, lo que la muestra se propone señalar.
La alternativa que ofrece esta exposición surge de tres fuentes: la visión personal de los artistas que se manifiesta tanto en sus obras como en sus palabras y la posición que adopta Natalia Gutiérrez quien como pedagoga y curadora, nos introduce con agudeza en las motivaciones y en la actividad de esta nueva generación hija del rock y de la televisión.
Uno de los señalamientos importantes de esta muestra es tener en cuenta las motivaciones que generan la actividad de este grupo. Estas se pueden suscitar a partir de la vivencia de acontecimientos Íntimos, cotidianos, aparentemente pueriles.
A primera vista se trata de problemas que podríamos preguntarnos a quién importan, pero que realmente a todos nos conciernen más allá de lo realmente importante y relevante. Muchas veces estos acontecimientos guardan una relación directa con el cuerpo, con sus funciones y sus vicisitudes. Un ejemplo de ello lo encontramos en las obras de María Margarita Jiménez y Lisette Urquijo. Las dos tienen que ver con el mundo recóndito de lo femenino. María Margarita Jiménez motivada por vivencias de carácter muy personal, por ejemplo con la caída del pelo2 recurre a la costura como una actividad que le permite establecer relaciones entre su propio cuerpo y los objetos construidos: pequeñas muñecas de trapo que por su forma, tamaño y textura, invitan a que se juegue con ellas, exhortan ser tocadas, a ser manipuladas. Según la artista, estas muñecas "son extensión de —su— cuerpo. Representaciones de pedazos". De esta manera los materiales empleados en su elaboración: telas, encajes, velos y otros accesorios que provienen de ropa vieja, se combinan dando lugar a formas sexuadas que aluden cómicamente a los genitales femeninos y masculinos; otras veces parecen ser pequeñas muñecas huérfanas de ojos y rostro, fuertemente cargadas de elementos afectivos. Esta serie estaba acompañada por imágenes de vídeo que se presentaban a través de una pequeña pantalla de televisión. En ellas se mostraba cómo se puede jugar con estas piezas, cómo se pueden guardar en pequeñas bolsas plásticas, evocando a los cosméticos o a los lápices en una cartuchera, objetos pequeños, banales y a la vez imprescindibles que manejamos diaria y despreocupadamente con las manos. Tanto el video como las muñecas, insisten en una relación de carácter táctil y afectivo, donde lo pequeño alberga una gran cantidad de información que cada espectador seguramente asimila de forma muy peculiar según su propia experiencia personal, oscilando entre la comicidad y la ternura.
Las motivaciones de Lissette Urquijo también se suscitan a partir de la relación que ella establece con su propio cuerpo. Se interroga sobre el punto G y lo hace a través de una serie de pequeñas e impecables fotografías en blanco y negro, intervenidas con letras y medidas. En estas imágenes, cuidadosamente alineadas, se capturan distintos ángulos del rostro y del cuerpo de una mujer conformando una serie que varía entre rostros expresivos que nos evocan el mundo del cine mudo: mujeres de enormes ojos, profundas ojeras y labios oscuros que se alternan con fragmentos del cuerpo, manos, dedos, partes que no podemos identificar. Imágenes intrigantes y fuertemente seductoras que nos llevan a transitar por una serie de estados anímicos y reflexiones acerca de la peculiaridad del cuerpo femenino, estados que cualquier mujer puede vivir diariamente frente al espejo o frente a tantas imágenes femeninas que inundan la vida cotidiana.

Otro aspecto interesante de este grupo es la afición compartida por la costura que como anotábamos es el procedimiento adoptado por María Margarita Jiménez y que también es una actividad común para Jaidy Astrid Díaz y Ana María Peláez. La primera, ha venido mostrando en salones universitarios mapas trabajados sobre plástico de la ciudad de Bogotá en los que se conjuga la trama urbana, los nombres de calles y avenidas con las guías propias de los moldes de costura, dando origen a amplias superficies blandas, con costuras y cremalleras, donde ella redefine su noción de ciudad. Ana María Peláez confecciona prendas absurdas y explora las posibilidades asociativas que pueden tener la ropa colgada que en ausencia de un cuerpo que la habite, evoca distintas situaciones del mismo.
Rosario López quien llama a sus esculturas Bojotes, empezó reflexionando sobre el concepto de cuerpo, fragmentándolo y realizando improntas en látex... para rescatar las historias que pueden contar la nariz, los senos o la boca...3 Ella con gran claridad precisa que su actual trabajo se ocupa de cuerpos amorfos que son el resultado de un proceso de investigación acerca del cuerpo humano. Esculturas en las que el material blando, su textura y maleabilidad se convierte en el protagonista de una actividad constructiva que da origen a formas irregulares, ilógicas, absurdas que se salen de cualquier raciocinio intelectual y que apelan más a la espontaneidad y libertad de pensar, de expresión, del comportamiento4.
Las preocupaciones de Miguel Böhmer giran en torno al mundo de la imagen. Trabaja particularmente imágenes de gran formato que tienen la posibilidad de envolvemos a la manera de grandes telones, como el trabajo que mostró en el Salón del Premio Matisse del año 94 o a la manera de grandes murales como la serie presentada en esta ocasión que consistía en un conjunto de heliografías de tonos azules en las que se repite la misma imagen bajo el título Carácter rígido ascético progresivo.
Contaminados otorga la posibilidad de reflexionar acerca de los móviles y las actitudes del arte que surge en el seno de las universidades. desde una perspectiva de aproximación muy íntima y compenetrada con una nueva forma de percibir el mundo. Como hemos visto se trata de unas manifestaciones cada vez más particularizadas y subjetivas que se forjan a partir de revistas, películas, historietas, lecturas fragmentadas5 que se constituyen en el bagaje de una generación sumamente activa que actualmente tiene una gran presencia en el desarrollo del arte nacional. Por estas razones resulta sumamente importante que surja una reflexión como la que propone Contaminados que permita obtener parámetros, tanto para el público en general, como para todos aquellos que nos encontramos de una u otra manera próximos a esta nueva generación, elementos que nos permitan entrar en contacto, contaminarnos o por lo menos ponemos en sintonía, con estas nuevas formas de percibir, de vivir la vida que son las que dan origen a las actuales formas de actividad artística
NOTAS
1. Natalia Gutiérrez. Presentación del catálogo de Contaminados. Banco de la República.
2. María Margarita Jiménez Presentación personal, ibid.
3. Natalia Gutiérrez, ibid.

4. Rosario López, ibid.
5. Natalia Gutiérrez, ibid.
MARTA RODRÍGUEZ

