Miniaturas Modernas

Williams Carmona. Sin título, 1996. Acrílico sobre tela. 27.5 x 35 cm.

Colectivaoct 1996 - dic 1996· Por Karla Azen

Miniaturas Modernas

Galería Brewster

A los artistas que participaron en la exposición denominada Miniaturas Modernas: Redefinición de lo Pequeño se les dijo que deberían elaborar obras cuyo tamaño no supera las diez pulgadas. Decididamente, este requisito no se originó solamente en una dirección temática, sino también en el deseo de atraer coleccionistas nuevos, jóvenes. La reducida dimensión de las obras tenía como objetivo hacer que los trabajos fuesen más accesibles y, por consiguiente, mucho más atractivos para una mayor cantidad de público. A pesar de que estos parámetros se erigieron con base en estipulaciones comerciales o prácticas, los artistas se sintieron realmente comprometidos a realizar trabajos interesantes. En efecto, el tamaño de las pinturas que se debían presentar en esta exhibición afectan tanto el contenido como la composición de la pintura. Por encima de todo, sin embargo, las dimensiones de la obra afectan a la naturaleza de la interacción entre el espectador y la pintura, entre el espectador y el artista implicado. El tamaño miniatura de estas pinturas define estas relaciones en un lenguaje de intimidad.

Colectiva: Miniaturas Modernas — imagen 1
Leonora Carrington. Aardvark, 1996. Acrílico sobre cartón entelado. 20 x 25 cm.

Consideremos, por ejemplo, el trabajo titulado Día de los muertos (Day of the Dead) de Sergio Hernández. Esta obra consta de tres pinturas, cada una de tres por tres pulgadas, pintadas por ambos lados. Estos pequeños cuadros están enmarcados conjuntamente para formar una composición mayor. Cada pintura presenta una sola figura u objeto, la cabeza y los hombros de un esqueleto en uno de los casos. La pintura exige, de esta manera, una íntima relación con el espectador en tanto que el esqueleto ocupa la mayor parte de la superficie del lienzo, al punto de que sus contornos rozan y presionan sus bordes. Así, la ampliación y el enfoque sobre la figura sugieren la proximidad visual y física del espectador al esqueleto. Adicionalmente, las líneas curvadas y las acuarelas fluidas son extremadamente orgánicas al igual que la superficie apergaminada sobre la que se ha pintado la figura. Ahora bien, en cuanto al contenido el esqueleto como personificación de la muerte implica otra obligatoria reacción de empatía por parte del espectador; el título retumba y con sus ecos, confirma el tema. Así, con la presencia de una única figura en el cuadro, el espectador debe fijar su atención en esa solitaria presencia centrando al máximo el proceso de percepción resultante para ver la totalidad del lienzo sin necesidad de explorar visualmente toda la superficie y reunir los diferentes objetos plasmados en la tela. No. todo lo que el espectador debe hacer es concentrarse en la única figura dominante lo cual da como resultado una intensificación de la relación entre el espectador y el objeto.

Colectiva: Miniaturas Modernas — imagen 2
Sergio Hernández. Día de los muertos, 1996. Acuarela y oro sobre pergamino. 7.5 x 8.7 cm.

Este mismo tipo de íntima interacción entre el espectador y el objeto, se presenta en Los reptiles, una escultura realizada por Martín Vinaver. Para poder comprender el objeto de manera íntegra, el espectador debe sumergirse en una serie de exploraciones. La negra y suave superficie externado la caja no brinda absolutamente ningún indicio de lo que puede esperarnos en su interior. El espectador debe abrir las pequeñas puertas frontales para contemplar en el interior un lagarto plateado. Nuevamente, debe escudriñar a través del pequeño agujero para poder ver el lagarto y al hacerlo, se acerca al objeto hasta casi tocarlo tanto en el sentido físico, pues tiene que abrir la caja, como en el sentido visual, pues la observación sólo es posible aproximándose bastante. A ello se suma el texto que acompaña la obra "La naturaleza está de vuelta, completamente privada en momentos íntimos como éste" para repetir una y otra vez los sentimientos de organicidad e intimidad expresados y explicados ya en la obra de Sergio Hernández.

El trabajo de José Bedia. Disi, por su parte, se aproxima a la intimidad mediante su lenguaje estético consistente en una sene de significados privados y ocultos que recuerda el mito, evocando los orígenes del hombre. En esta obra, una figura con cuernos y un símbolo en forma de cruz sobre el pecho se inclina sobre una urna. Estas figuras míticas implican un ritual secreto. El misterio y el secreto mensaje que aparece sobre el lienzo piden al espectador que descifre su significado estableciendo, en consecuencia, la interacción activa con el objeto-arte.

Leonora Carrington presentó varias obras en esta exposición. Sus trabajos, como los de José Bedia, transmiten una narración secreta, una narración cuyos orígenes parecieran ser míticos, las obras invitan al espectador a leer y reconstruir esa narración y a descifrar su significado. Estos trabajos, a diferencia de los ya mencionados, reúnen varias figuras y múltiples detalles. En el caso de Carrington, sin embargo, el espectador es también obligado a acercarse a la pintura para poder detectar y sacar a la luz los pequeños detalles. Algunas de las figuras contemplan al espectador en tanto que otras están completamente absortas en el ritual que se está desarrollando en la narración presente en cada obra. El ritual, sin embargo, con todo su poderoso atractivo misterioso, resalta los hechos de la narración que plasma en cada lienzo ratificando el carácter de la pintura y atrapando la atención del espectador dentro del lienzo mismo. El colorido sombrío y opaco contribuye también a obstaculizar la percepción y comprensión fácil y obvia de las pinturas y exige un compromiso más activo por parte del espectador.

KARLA AZEN

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