El tema de la comida, tratado como motivo central, es el argumento de la exhibición de José Horacio Martínez (Buga, 1966). El artista se vale de distintos procedimientos técnicos y reanuda el gusto por el collage y la incorporación de objetos hasta llegar a ambientes en torno a la alimentación como rito y celebración, en el discreto encanto de la intimidad.
En el desarrollo de su carrera las pinturas han estado explorando siempre la figuración alegórica como motivo central. Al tiempo la producción de las imágenes han estado acompañadas de diversos materiales, la exploración de dimensiones ambiciosas para sus formatos y la incorporación de objetos. Todo esto con el fin de lograr seducir al espectador y crearle la intriga necesaria para generar interrogantes en torno a lo pictórico, al arte como ejercicio creativo y a la cotidianidad como lugar de reflexión.
Los trabajos evocados en el círculo familiar de las primeras experiencias, introducían en la argumentación de José Horacio Martínez la posibilidad de tratar el tema del hogar como un escenario con potencial simbólico, al tiempo que conformaron un diario imaginativo con costumbres, manías y el rito cotidiano de mitologías particulares. Carne, pan, platos, cuchillos, pasteles, se potencializan en una pintura que ahora reflexiona sobre sí misma y se redime mediante el color recursivo y solvente, al tiempo que soluciona las composiciones en la búsqueda de fortaleza y poética.

Esta obra epidérmica y persuasiva, producto igualmente de la interiorización y observación, se coloca en la categoría de las que a través de un neo-barroco se dirigen a desempeñar el poder de la imagen privada como una señal en la pluralidad de este final de siglo.
MIGUEL GONZÁLEZ
