Galería de Arte Nacional

Fachada de la Galería de Arte Nacional. Foto: Ricardo Armas.

Nueva vision de Grandes Maestrosoct 1996 - dic 1996· Por Anita Tapias

Galería de Arte Nacional

20 años por el arte venezolano

Bajo este slogan y con una nutrida programación, la Galería de Arte Nacional inició el pasado mes de marzo la celebración de sus veinte años de existencia. Haciendo un poco de historia recordemos que cuando esta Institución fue creada en 1976, Venezuela era un país con un crecimiento económico sin precedentes en Latinoamérica y que nos daba el estatus de país en vía de desarrollo y no de subdesarrollado, como hasta entonces se nos identificaba.

En ese contexto se ponen en marcha proyectos culturales de todo tipo. Nunca antes ni las artes escénicas, el cine y las artes plásticas habían disfrutando de tanta bonanza. La Galería de Arte Nacional es producto de esa política cultural.

La GAN, como todos cariñosamente la llaman, abrió sus puertas al público en abril de 1976; su creación fue decretada en 1974. La iniciativa de fundar un museo para el arte venezolano nace de la inquietud de Lucila Velázquez quien junto a un grupo de artistas e intelectuales vio como prioritario dar un espacio al arte nacional. Esta idea se hizo realidad una vez que Miguel Otero Silva, Alejandro Otero y Manuel Espinoza—este último, director de la galería desde su fundación hasta 1984— asumieron el reto de poner en marcha esta misión. La apertura de la Galería de Arte Nacional significó para muchos una opción museística necesaria, pues en la fecha sólo el Museo de Bellas Artes existía como Institución rectora del arte nacional e internacional.

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Corredor y columnatas internas. Galería Nacional de Arte Nacional. Foto: Ricardo Armas.

En los estatutos de creación de la GAN se habla del museo del arte venezolano, una Institución democrática donde cualquier creador con una trayectoria reconocida podía aspirar a exponer en estos espacios. En los primeros años de funcionamiento se programaron exposiciones de artistas que nunca antes habían tenido un lugar donde mostrar sus propuestas. También pretendía la Galería estudiar el arte venezolano de todos los tiempos, desde las primeras manifestaciones estéticas de nuestras etnias hasta el arte contemporáneo. Se destacó la Institución por lo particular de su estructura organizativa, la cual sirvió de modelo a instituciones dentro y fuera del país. Consistía esta estructura en una suerte de equipo interdisciplinario, encabezado por su Director, jefes, investigadores, conservadores, restauradores, museólogos, museógrafos, diseñadores gráficos, obreros. Las decisiones sobre programación expositiva, publicaciones y otras de mayor envergadura se tomaban en el seno de un consejo consultivo, en el cual participaban por igual desde el Director hasta el obrero. Fueron estos primeros años los que signaron y diferenciaron la GAN de cualquier otro museo del país.

Los mayores esfuerzos y recursos humanos los ha invertido la Galería en la museología, entendida ésta como vehículo de proyección, apoyándose en una programación expositiva muy nutrida. Otro medio implementado por la GAN para su proyección fue la puesta en práctica de un cuerpo editorial, en el cual básicamente se elaboraban excelentes catálogos, muchos de ellos ganadores de premios nacionales e internacionales y también la edición de monografías de artistas, compilación de textos, ensayos, etc. Pero quizá el reto más importante de esos primeros años, fue la reedición del Diccionario de Artes Visuales, el cual —a pesar de no cumplir a cabalidad su cometido, por carecer de pautas precisas, así como de un cuerpo asesor que diera lineamientos en cada una de las áreas de especialización que la publicación incluía— vino a cubrir un gran vacío.

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Bartolomé de Cazales. Teresa Mijares de Solórzano y Tovar, Primera Condesa de San Xavier, hacia 1772. Óleo sobre tela. 194.5 x 111.5 cm. Colección: Pinturas siglos XVII y XVIII.

 Luego del retiro de Manuel Espinoza, la Galería se vio afectada por una serie de reajustes económicos, así como por la inestabilidad que provocó en el equipo humano los cambios de rumbo que empezaba a sufrir la Institución. De todo lo sucedido por esos años lo más difícil fue enfrentar la reducción de un presupuesto que hasta entonces había permitido cumplir con los compromisos programáticos, editoriales, expositivos y adquisitivos. La situación llega a su punto álgido, cuando en 1986 Michelle Arias Bernard asume la dirección. La falta de objetivos claros junto a un paupérrimo presupuesto, anuló la presencia paradigmática de la cual siempre gozó la GAN. Luego de cambios en la directiva, Luis Miguel La Corte y Rafael Arráiz asumen respectivamente en 1989 la dirección y subdirección del museo. La institución cobra un nuevo impulso, se plantea una programación más dinámica, retos curatoriales como lo fueron las muestras de Cartografías y Cosmogonías, curada por Luis Ángel Duque y Los 80, Panorama de las artes visuales en Venezuela. Para el año 1989 la GAN pasa a ser Fundación de estado, nueva figura legal que permitiría percibir fondos adicionales a los asignados por el estado. Los beneficios fueron notables; sin embargo la crisis económica impidió que esta manera de recaudar fondos se mantuviera. No sólo la GAN, sino otros museos, teatros, ateneos, tenían la opción de hacer campañas de recaudación de fondos, pero las empresas y el sector privado en general se han visto tan afectados como el sector público en cuanto a sus ingresos. En 1993 Clementina Vaamon de Roosen asume la Presidencia de la institución. Ella, junto al nuevo Director Ejecutivo, Rafael A. Romero D. mantiene la línea que La Corte había dado al museo, pero ya para finales del 95 y lo que va del 96, la situación económica se ha agravado más.

Paradójicamente y emulando los primeros años de vida, la GAN cuenta con un excelente equipo joven conformado por museólogos, museógrafos, curadores, investigadores, conservadores y educadores, en su mayoría en proceso de formación pero con buenas perspectivas de proyección en cada una de sus áreas de especialización.

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Marisol Escobar. La Virgen, El Niño, Santa Ana y San Juan, 1978. Madera, piedra artificial, yeso y carboncillo. 179 x 149.9 x 107.8 cm. 81 x 68 x 49 cm. Colección: Arte tridimensional Siglo XX.

A pesar de lo joven de la institución, desde los primeros años, la GAN ha dictado pautas al tiempo que se ha erigido como eje de polémicas y confrontaciones. Las exposiciones individuales de Fotografía anónima de Venezuela, Claudio Perna y La premisa es dudar, Héctor Fuenmayor, colectivas como Guarairarepano, Indagación de la imagen. Bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar, lo demuestran. Y más recientemente las muestras de los 80, Panorama de las artes visuales en Venezuela, CCS-10, Otero, Soto y Cruz-Diez. Tres maestros de la abstracción en Venezuela y su proyección internacional y Veinte años por el arte venezolano. Adquisiciones 1976-1996, así como las monográficas de Armando Reverón en la sede y posteriormente en Madrid y la del pintor Bárbaro Rivas. Publicaciones como el catálogo general de la colección de Pintura, Dibujos y Estampas del siglo XIX, producto de dos años de estudio de la colección más importante de obras decimonónicas existentes en Venezuela, el libro 20 años GAN y el catálogo Reverón en Madrid con excelentes textos de Manuel Arroyo y Luis Pérez Oramas, han contribuído ampliamente al estudio y la difusión de nuestros artistas y sus obras.

Hacer un balance de tres momentos claves de la existencia de la Galería de Arte Nacional a través de tres exposiciones que consideramos hitos en su momento, nos ayudará a visualizar cómo las determinantes económicas han influenciado notablemente en la manera de asumir la responsabilidad educativa de este Museo, sin hacer a un lado los retos investigativos y expositivos que han caracterizado la historia de la GAN.

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Jacobo Borges. Todo pasa detrás, 1979. Óleo sobre tela. 55 x 54 cm. Colección: Pintura 1950-1970.

En 1979-1980 la Galería presenta la exposición Indagación de la imagen (la figura, el ámbito, el objeto). Se trataba de una muestra antológica que abarcaba tres centurias de arte venezolano y que planteaba una revisión de la evolución pictórica partiendo de los primeros intentos de representación realista en la colonia hasta la representación expresionista de 1960 en adelante. Para el momento de realización de este proyecto la GAN terna un altísimo presupuesto, lo que permitía contar con una nómina de empleados muy elevada en la que las áreas de Museografía y Diseño contaban con un cuerpo de especialistas entre diseñadores gráficos, diseñadores tridimensionales, arquitectos, museógrafos, etc. De la misma manera el Departamento de Publicaciones gozaba de la presencia de figuras como José Balza, Humberto Mata y Rafael Arráiz y se permitía igualmente contratar los servicios de destacadas personalidades del mundo de la crítica del arte. La muestra, orquestada por el entonces director Manuel Espinoza, fue cuidadosamente trabajada en cada una de sus áreas de especialización. Pero quizá de todos los logros de la exposición sea la museografía la que más pautas ofreció en esa época. Fue un montaje muy novedoso, en el cual elementos ajenos al museo formaban parte de los dispositivos museográficos. La muestra nos introducía a un universo de imágenes, de referencias, de situaciones límites dentro del museo. Esta situación llegó al máximo del clímax, cuando en el marco de la muestra se presentaron las propuestas de las nuevas generaciones que bajo el título de "Arte bípedo" ofrecían al público un repertorio de acciones, performances, que llevaron tanto al Museo como al espectador a situaciones extremas, que rompían con el tradicional comportamiento del visitante a los Museos. En este gran evento participaron Carlos Zerpa, el desaparecido Marco Antonio Ettedgui, Pedro y Amber Terán, entre muchos otros. La Galería de Arte Nacional asumía así el reto de oficializar, un tipo de arte que en Venezuela se entendía como todo menos como arte.

Trece años más tarde el Museo presenta una de las muestras más polémicas de los últimos tiempos CCS-10. Para ese momento, no contaba la Galería ni remotamente con los recursos económicos ni humanos de 1979. La muestra, curada por Álvaro Sotillo, fue un gran reto para la Institución, como para el curador y los artistas participantes. Económicamente se recurrió al financiamiento externo, pues los costos de cada una de las instalaciones a realizar eran elevadísimos. Esto implicó igualmente pago de pasajes a la mayoría de los artistas que en ese momento residían en Nueva York. La muestra fue para muchos excelente, bien lograda, coherente, arriesgada, conmovedora, pero para la gran mayoría se entendió como una burla al visitante. La incomprensión a los planteamientos, a las búsquedas, a las nuevas maneras del arte, desconcertaron al espectador. Para la GAN significó uno de los mayores retos museológicos y museográficos al poner a disposición de 10 artistas, diez espacios para ser interpretados, reacomodados, releídos. También significó retos para los conservadores, en particular por las instalaciones de José Antonio Hernández-Díez y Héctor Fuenmayor, quienes utilizaron materia orgánica en sus obras. Retos en cuanto a la capacidad humana de los trabajadores del Museo. La instalación de Sigfredo Chacón movilizó a todo el personal masculino de planta y voluntarios para poder levantar la retícula dálmata del artista. Por vez primera también se hacía una construcción dentro del Museo que era totalmente extraída de su contexto original: el rancho de Meyer Vaisman, obra que despertó el desconcierto de la mayoría del personal de planta, así como del grueso de los visitantes. La muestra contó con una publicación muy económica que compilaba textos de críticos en arte y currículos de cada uno de los participantes. El cuerpo de ilustraciones era una suerte de muestrario antológico de las propuestas más relevantes de estos autores. Queda pendiente el compromiso de editar el libro, el cual recoge a través de excelentes fotografías de Ricardo Armas cada una de las diez instalaciones. El texto es de Luis Enrique Pérez Oramas y las biografías de Isabella Santander.

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Meyer Vaisman. The Uffizi portraits, 1988. Tinta sobre lienzo y yeso. 188 x 345 cm. Colección: Pintura 1980 - 1995.

La GAN vive hoy en día momentos difíciles, producto de la crisis económica que atraviesa el país, lo cual no ha mermado en absoluto su voluntad de seguir adelante con el compromiso que le fue encomendado. Pero si se ha mermado notablemente su capacidad de producir exposiciones acompañadas de catálogos. Este año, como parte de la gran celebración de su vigésimo aniversario, la Presidenta logró el financiamiento de un libro por parte de la Alcaldía de Chacao, que recoge la historia de la Institución. La publicación cuenta con ensayos de Rafael Arráiz, José Balza y Rafael A. Romero D.;  reproduce varias de las muchas obras adquiridas desde la creación de la galería e incluye una exhaustiva cronología de Cruz Barceló, que registra las exposiciones, adquisiciones y eventos más relevantes. El libro fue diseñado por Juan Carlos Fernández y cuidadosamente impreso por Editorial Arte. El bautizo se hizo en el marco de la exposición Veinte años por el arte venezolano. Adquisiciones 1976-1996, muestra que inició la programación aniversario y que ofreció al público una selección de 140 obras, celosamente seleccionadas en un universo de aproximadamente 5.800 piezas que alberga la Institución. La exhibición, que se caracterizó por lo austero del montaje, permitió al visitante disfrutar de un breve pero riquísimo recorrido por la historia del arte local desde las pinturas coloniales hasta las propuestas más audaces de nuestros jóvenes creadores.

La segunda etapa de la programación expositiva de los 20 años GAN se inició con la muestra del pintor Juan Pedro López, pintor y dorador activo en la colonia. La muestra curada por el director del Museo de Arte Colonial de Caracas, Carlos F. Duarte abarca medio circuito expositivo del museo. A lo largo del recorrido podemos apreciar la amplia producción pictórica de López, en su totalidad de temas religiosos. Vírgenes, arcángeles, apóstoles, etc, se nos presentan en una suerte de ambientación que recuerda los interiores de nuestras casas coloniales. Las paredes, cubiertas por un estarcido inspirado en las decoraciones murales de la época, sirven de telón de fondo a las pinturas y retablos de Juan Pedro López. De igual manera se reproducen el plano de la calle donde nació el artista, una vista de la Caracas colonial y una foto mural del altar mayor de la Iglesia de San Francisco, donde se encuentra una de las obras más importantes de López. La museografía de la muestra es del propio curador, Carlos F. Duarte. Este pintor, fue descubierto por Alfredo Boulton, quien presentó en 1963 la primera exposición del artista. Sin embargo, gracias al señor Duarte hoy conocemos casi en su totalidad la producción de López, así como aspectos de su vida y obra.

Quedaría incompleta una reseña de la Galería de Arte Nacional si dejamos de mencionar la labor del Comité de Adquisiciones. Creado en 1989, esta instancia se encarga de estudiar y recomendar al Consejo Directivo las ofertas de adquisición y donación de obras de arte presentadas a la Institución. Sin embargo, desde la creación de la Galería en 1976, ya se había iniciado un plan de adquisiciones tendiente a incrementar el patrimonio heredado del Museo Bellas Artes, que para ese momento era de 789 obras de autores venezolanos. A veinte años de su fundación la GAN ha logrado incrementar ese patrimonio, contando hoy con un total de 5.800 piezas. En este sentido los logros del Comité de Adquisiciones han sido relevantes, pues basándose en el estudio de la colección permanente, desarrollado por el Departamento de Investigación, esa instancia ha emprendido una campaña en pro de llenar los vacíos presentes en cada uno de los períodos en que está dividido ese patrimonio. En especial las áreas del siglo XIX, que hasta 1992 contaba con 223 piezas —entre pinturas, dibujos, estampas— se ha visto beneficiada al duplicar esa cifra a 437 —incluyendo la fotografía, así como el ingreso de valiosas pinturas de maestros europeos que visitaron el país a lo largo de esa centuria.

Un breve balance de los aportes de la Galería de Arte Nacional en estos primeros años de existencia, así como su significado en el contexto cultural del país, nos obliga a reflexionar sobre la urgencia que desde hace tanto tiempo se ha venido señalando y es la de contar con una sede propia que le permita mostrar de manera más equilibrada su colección permanente al tiempo de poder presentar una programación expositiva más rica en períodos, lenguajes, autores. En igual forma, este nuevo espacio permitiría, entre otros muchos beneficios, un mejor almacenaje de nuestro patrimonio, amplios espacios para la conservación y restauración de obras, talleres de investigación y educación, apropiadas áreas para el diseño de exposiciones y de las publicaciones. Es una demanda por demás justa para un museo que ha sido y seguirá siendo referencia obligada dentro y fuera de Venezuela.

ANA TAPIAS

Crítica de arle e historiadora venezolana. Reside en Caracas.

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