Como desde comienzos de 1993 no pertenezco al Consejo Editorial creo que ahora tengo más objetividad para referirme con entusiasmo a los veinte años de la revista Arte en Colombia, que en este lapso ha publicado con éste 68 números de manera ininterrumpida. Una marca extraordinaria y muy difícil de superar. No ha existido en Colombia una revista especializada en artes plásticas que haya tenido una existencia tan larga. Y sospecho que en América Latina tampoco se da un caso de longevidad como el que aquí destaco.
Las razones de la extensa vida de Arte en Colombia son varias, pero fundamentalmente son dos: su respaldo económico—recién nacida la publicación le dije a su directora que sus oficinas eran más grandes y mejor dotadas que las de Studio international de Londres a la que visité en 1968 cuando la conocida revista terna 75 años— y, sobre todo, el tesón fuera de serie de Celia de Birbragher, quien ha dedicado todo su tiempo, como le consta a muchos, para sacar adelante una empresa que, pese a diversas dificultades, cada día quiere más importante.
Como escribiera Rosa Olivares en la madrileña Lápiz —febrero-marzo de 1995— "La ventaja de la producción de catálogos y revistas, frente a la de otro tipo de editoriales, es la rapidez en hacer realidad los proyectos y el mayor número de público posible, así como la incidencia directa en el sector, tanto en artistas como en críticos, comisarios o museos, instituciones públicas y privadas... otra gran ventaja es que como la materia a la que se dedican, a la que nos dedicamos las revistas de arte, está en continua evolución, forzosamente las revistas también lo deben estar, y eso garantiza una continuidad enloquecida y, esperemos, enriquecedora. Siempre pendiente de la última cita del último artista de la última exposición, del último texto, pero almacenando igualmente todo lo anterior. Una carrera sin fin". Sin duda alguna, estas ventajas son realidades palpables en Arte en Colombia/ArtNexus, tanto en los aspectos relacionados con la inmediatez de las informaciones y la divulgación y repercusión en todos los sectores que tienen que ver con las artes plásticas —quien que esté interesado en el tema no conoce la revista colombiana desde Nueva York hasta Buenos Aires, pasando por Ciudad de México, La Habana, Caracas, Santiago, Montevideo, etc?— como en la renovación constante, a veces quizá un tanto heteróclita, pero siempre muy ilustradora.

De ser una revista esencialmente nacional, Arte en Colombia lentamente se transformó en la publicación internacional, especializada en América Latina, que hoy es y que para su circulación en el exterior se denomina ArtNexus, a partir del número 47 (1991). Si en los primeros números de Arte en Colombia abundaban los artículos sobre artistas colombianos, actualmente predominan los de artistas de todo el continente. En el último número que conozco (el 67) hay artículos sobre el brasileño Senise, el venezolano Terán, la uruguaya Nelbia Romero, el ecuatoriano Aguirre y el chileno Duelos, así como textos sobre el arte en Panamá y sobre la muestra de arte cubano del siglo XX en Tenerife. De Colombia sólo el artículo sobre el último Salón Nacional y el escrito informativo sobre la exposición colombo-mexicana Por mi raza hablará el espíritu. No existe en Latinoamérica una publicación que tenga tal cantidad de textos sobre el arte y el acontecer artístico de las diversas regiones del continente. Porque no se pueden olvidar las secciones tituladas crónica y publicaciones en las que se presentan numerosas notas sobre exposiciones, libros, catálogos, etc., de muchos países.
Pero la revista no olvida el resto del mundo. Por el contrario, es constante la referencia al arte internacional y a las actividades en muchos sitios distintos a los latinoamericanos. En el número 67, Camnitzer escribió, por ejemplo, de Mondrian. A propósito, este crítico uruguayo, de origen alemán radicado en Nueva York, es uno de los más fieles colaboradores de Arte en Colombia y el que más ha escrito sobre grandes exposiciones individuales de artistas contemporáneos, tanto europeos como norteamericanos, así como sobre importantes muestras colectivas —Bienal de Venecia, Bienal de la Habana, etc—. Pero obviamente Camnitzer no ha estado solo.
La revista ha contado con varios colaboradores para cubrir otras exhibiciones internacionales o para hacer referencia a temas tan variados como la vida de los museos, los concursos, las subastas, las colecciones, etc.

Mas, claro está, Arte en Colombia/ArtNexus trabaja especialmente el enorme territorio abajo del Río Grande —sin olvidar, por supuesto, el arte norteamericano, el arte chicano y todo el arte latinoamericano con presencia en Estados Unidos—. Para ello cuenta con muchos colaboradores de diversas nacionalidades y muy variados intereses. Aunque de los países más sobresalientes en el campo de las artes plásticas se han publicado numerosos artículos, hay dos que ocupan los primeros lugares: Venezuela y México. El primero, por vecindad, por fraternidad y México, sin duda alguna, por la importancia de sus manifestaciones artísticas. De Venezuela se han estudiado artistas desde Reverán y las grandes figuras del cinetismo: Otero, Cruz-Diez y Soto hasta Becerra, Vaisman, etc., sin pasar por alto exposiciones colectivas como La plástica emergente y La década narcisista. De México han aparecido escritos sobre Alfaro Siqueiros, Tamayo y Kahlo y de estos reconocidos maestros hasta Colunga, Marín y Galán, sin olvidar algunos destacados fotógrafos, el gran arquitecto Luis Barragán y muestras como Esplendor de treinta siglos. Pero Cuba también ha tenido un buen seguimiento, sobre todo por las críticas siempre inteligentes de Gerardo Mosquera. No han escaseado los artículos sobre Uruguay, Brasil, Argentina y Chile. Y no se ha ignorado el arte de los países centroamericanos y del Caribe. No resulta exagerado decir que quien estudie con cuidado la información de estos países latinoamericanos tiene una muy completa visión del arte actual y, además, con la seguridad de que en buena parte se trata de sus más importantes manifestaciones, analizadas por críticos reconocidos.
A las informaciones por países hay que agregar las que corresponden a las reseñas de todas las exposiciones colectivas: las bienales de Sao Paulo, La Habana —ambas con gran presencia latinoamericana—, Cuenca, de Artes Gráficas de Puerto Rico, de pintura del Caribe y Centroamérica y las exhibiciones con curadurías específicas: Arte de lo Fantástico, Figuración Fabulación, Latin American Art, América Novia del sol, Artistas Latinoamericanos del siglo XX — ampliamente cubierta por Álvaro Medina, Luis Pérez Oramas, Bélgica Rodríguez y Berta Sichel—, Voces de Ultramar, Ante América, Cambio de foco y Cartografías, entre las más importantes.
Y también hay que añadir las que se producen desde Estados Unidos y que generalmente llevan la firma de Shifra Goldman, Edward Sullivan y, de nuevo Luis Camnitzer, quienes siempre hacen agudas reflexiones sobre el arte de las comunidades latinoamericanas plenamente consolidadas en Norteamérica o sobre el arte latinoamericano que se hace o se ve en Estados Unidos.
Como es apenas normal, el país ha tenido una gran presencia en Arte en Colombia/ArtNexus. Sobre todo en los primeros años. La lista de los artistas presentados es grande, desde González Camargo hasta María Fernanda Cardoso, pasando por Barba, Wiedemann, Débora Arango, Gómez Jaramillo, Correa, Ariza, Negret, Obregón, Grau, Roda, Ramírez Villamizar, Hernández, Góngora, Botero, Olga de Amaral, Carlos Rojas, Guerrero, Margarita Lozano, Santiago Cárdenas, Beatriz González, Fanny Sanín, Juan Cárdenas, Alcántara, Caballero, Morales, M.A. Rojas, Germán Botero, Maripaz Jaramillo, Óscar Muñoz, Lorenzo Jaramillo, Laignelet, entre muchos más.
También se ha informado sobre los Salones Nacionales —a veces con generosidad— sobre las bienales — desde la ya extinta de Medellín hasta la aún vigente del Museo de Arte Moderno de Bogotá—, sobre las colecciones públicas, la vida en los museos, la cerámica, el arte gráfico, etc. Y ha habido investigaciones muy completas sobre Política y Arte, La gráfica testimonial y El arte de la violencia. Aún con todo esto, creo muy personalmente (como ya se lo he dicho a la directora) que Colombia debería tener un mayor cubrimiento, como sucede con todos los países en los que se emiten revistas culturales. Como también pienso que la publicación colombiana debería presentar más artículos de arquitectura, fotografía, video y cine —hubo en dos números una sección denominada Cámaras—, así no sean exclusivamente sobre estas actividades artísticas en el país.
En sus últimos números Arte en Colombia / ArtNexus anuncia una nómina de más de ochenta colaboradores, muchos de ellos extranjeros. Una cifra realmente sorprendente. Entre ellos hay por supuesto algunos nombres nuevos de Colombia pero es innegable que no son muchos. Aunque faltan varios críticos e historiadores que ya han comenzado a figurar en otras publicaciones, es evidente de todos modos que el número de escritores —simples comentaristas o verdaderos investigadores— no crece mucho en el país, en contraste con la proliferación de artistas plásticos. Y pensando sólo en los nuevos colaboradores de Arte en Colombia encuentro en ellos una opinión seria, pero generalmente poco aguerrida y poco apasionada. Echo de menos los textos llenos de entusiasmo de Marta Traba o los escritos casi siempre polémicos de Galaor Carbonell —para solo citar a dos de los críticos fallecidos que todavía figuran en el listado de colaboradores de la revista—.
Al mirar en retrospectiva los veinte años de Arte en Colombia, sus 68 números, puedo pensar que la publicación ha sido una gran vitrina del arte del país y del arte latinoamericano, en la que constantemente se presentan cambios, a veces bruscos, en otras ocasiones menos fuertes, pero que siempre están relacionados con la evolución de nuestra sociedad finisecular tan inestable como turbulenta.
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
Profesor Emérito. Universidad Nacional de Colombia.
