Art Chicago’96

Antoni Tàpies. Tot Blanc, 1961. Técnica mixta sobre tela. Foto: Elizabeth Davis. Propiedad: Anderson Gallery Bufalo, New York.

Colectivaoct 1996 - dic 1996· Por Ana María Reyes

Art Chicago’96

Han pasado algunos meses desde la realización de la feria Art 1996 Chicago: The Navy Pier Show, pero su impactante imagen todavía está presente. Este fue el cuarto año para Thomas Blackman y asociados, y el segundo de su supremacía en Chicago. El consagrado equipo de Blackman ha hecho de Chicago el sitio de la feria internacional de arte más importante de los Estados Unidos, y uno de los más célebres del mundo. Sólo se necesita percibir la energía por todos los rincones de la feria: en los pasillos del Festival Hall se podía ser testigo de todo tipo de intercambio intelectual, comercial y social. Esta feria de arte sirvió para que los curadores se dejaran seducir por los artistas, para que éstos conocieran a los negociantes y para que los coleccionistas se enamoraran de las obras, pero más que todo, para que el público asistente se viera expuesto a la enorme pluralidad del arte contemporáneo. Aproximadamente 300.000 personas recorrieron la feria, lo cual significó, para la mayoría de ellos, un encuentro con nuevas experiencias visuales.

A pesar de que ya no es posible disfrutar de la romántica atmósfera de la carpa, los expositores recibieron de buen agrado el propósito de brindarles mayor seguridad a sus obras. Navy Pier tiene su propia aura, fusiona elementos de la historia de Chicago con las renovaciones contemporáneas, lo Cual sirvió para crear una visión más optimista del futuro, sin dejar de lado la tradición. En este caso, a partir de World 's Columbian Exposition, seguida de los 17 años de tradición de la feria de arte de Chicago, la ciudad continúa construyendo una historia de intercambio artístico. Las remodelaciones que se le hicieron al Navy Pier permitieron que los expositores tuvieran un tercio más de espacio, lo cual significó un área de 165.000 pies cuadrados para 178 galerías de 21 países, repartidas en pasillos más amplios que los del año anterior, para permitir una mejor movilización y apreciación de las obras de arte. Parece haber una renovada confianza en la feria y en el mercado; los dealers están comenzando a entender y a reconocer el impacto que la feria tiene sobre sus galerías y sobre la carrera de sus artistas. Los galeristas aplaudieron la excepcional organización de la feria, así como los beneficios obtenidos de los $US 400.000 que se destinaron a la publicidad. Como consecuencia de esto, la creciente reputación de la feria de arte atrajo al mayor número de comerciantes que se haya hecho presente en los últimos diez años. El interés del comité, conformado por 16 galeristas, apuntó hacia el mantenimiento del balance entre las galerías más sólidas y las más nuevas, sin detrimento de la calidad de las exhibiciones.

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Carlos Gallardo. L'Oubli, 1995. Acrílico, xerox, masonita. Políptico de 6: 67 x 129 cm cada uno: 33,5 x 43 cm.

Las condiciones del mercado fueron favorables y aunque el objetivo de la feria no es únicamente el de vender, en últimas, son las transacciones comerciales las que permiten que la feria se propague. Se presentaron compradores de todas partes del país, especialmente del mediano oeste. Al parecer, los artistas británicos y norteamericanos más conocidos fueron quienes más vendieron pero esto no es sorprendente en el mercado de Chicago. Por ejemplo, Waddington vendió toda su colección de esculturas de Barry Flanagan, pero hubo un creciente interés por artistas menos conocidos en Chicago, algunos más jóvenes y otros, del exterior.

La magnitud del evento artístico se hizo evidente en la calidad de las obras que se expusieron, desde las de maestros modernistas, hasta las de los artistas contemporáneos más rebeldes. La Galerie Marwan Hoss de París, le dio realmente al público el privilegio de ver una pared completa con las obras de Joaquín Torres-García, desde sus trabajos canónicos, hasta las desviaciones un poco extrañas de su estilo. Es raro ver este tipo de exposiciones en un ambiente que no sea el de un museo. Theo Waddington se hizo presente con obras de algunos virtuosos de la modernidad como André Derain, Henri Matisse, Jean Dubuffet, Pablo Picasso y Raoul Dufy, entre muchos otros nombres conocidos.

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Pablo Ortiz Monasterio. Cinco puntos cardinales, 1995. Plata, gelatina manipulada Cortesía: Galería OMR, México.

La Historia del Arte estuvo bien representada por el fragmento del Pack de Joseph Beuys, de 1969, la instalación-escultura más importante de la carrera de Beuys, consistente en veinte trineos que salen de la parte trasera de un bus Volkswagen. La Galleria Blu de Milán expuso un trineo del paquete que lleva fieltro y grasa, dos materiales que son como la firma de Beuys y que se convirtieron en parte de su iconografía personal. La Connaught Brown Gallery de Londres presentó un extraordinario retrato femenino de Lucian Freud que refleja la exploración sicológica que hace el artista de la forma humana. En este caso, se sitúa al espectador en la nada envidiable posición de entrometerse en el estado emocional íntimo del sujeto. Daniel Burén, nacido en 1938, es un artista que rara vez expone en ferias de arte comerciales. Esto se debe a su posición anti comercialista. La Gallery Pietro Sparta de Chagny, en Francia, sin embargo, logró enriquecer la feria con una instalación de Burén. La galería cubrió toda una pared con las poco estimadas tiras de Burén, recordándoles así a los espectadores que el arte no es una mercancía, sino que, por el contrario, su significado subyace dentro del concepto. Las obras de Burén, cargadas de elementos políticos, tienen como objetivo la apropiación. Al situar su lenguaje propio en ambientes familiares y reconocibles, el artista reorienta su significado y se hace al control de su mensaje. En este caso, la instalación se apropió del muro de la galería de forma tal, que una fracción de la feria se convirtió en parte de su colección y en esa medida, la feria misma llegó a ser "un Burén". Otra artista conceptual que no podía ser ignorada es Rebecca Hom. La Galerie du París exhibió Le Chant du Grillon (El Canto del Grillo), 1995, una preciosa escultura mecánica en donde dos peines se rascan, imitando así el sonido de un grillo. Aunque la escultura está ensamblada de manera impecable y muy precisa, no deja de causar en el espectador cierta zozobra el reemplazo de la naturaleza por la máquina. Además, el hecho de que la pequeña escultura de Hom estuviese ubicada en una posición aparentemente oculta en una esquina de la galería, le daba al espectador la encantadora sensación del descubrimiento.

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Jaume Plensa. El Portero, 1995. Hierro, poliester y luz. 258 x 123 x 110 cm. Richard Gray Gallery, USA.

Igualmente placentera fue la sorpresa que brindó un pequeño Antoni Tàpies en la Anderson Gallery de Buffalo, Nueva York. La pintura mixta de Tàpies, Tot Blanc, de 1961, en cama en su elegancia y simplicidad toda la espiritualidad del Budismo Zen que tan profundamente inspiró al artista. Tanto la escultura de Hom, como la pintura de Tàpies, constituyen un ejemplo de los tesoros que hay por "descubrir" a lo largo y ancho de la feria.

Por otro lado, el mercado de Chicago parece consolidarse cada año para los artistas latinoamericanos. Este año, galerías tales como OMR, Ramis Barquet, Jacob Karpio, Barbara Farber y Galería Der Brücke hicieron ventas significativas. La Galería Félix vendió prácticamente todas las obras que se presentaron en su exposición, lo cual es muy significativo puesto que fue la única galería latinoamericana que organizó una exhibición individual con la obra de Miguel Sanoja. Esto refleja el interés del mercado de Chicago en buscar nuevas posibilidades y debería animar a otras galerías latinoamericanas para que continúen por esta misma línea. También los fotomontajes románticos del fotógrafo Luis González Palma, presentados este año en la Schneider Gallery, parecen reunir a una muy buena cantidad de coleccionistas en el medio oeste de los Estados Unidos.

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Miguel Sanoja. La Escalera, 1996. Bronce, pieza única 40 x 28 x 29 cm. Foto: Thea Segall Galería Félix.

La fuerza del mercado para las obras latinoamericanas es un gran indicativo de la excelencia de los trabajos mismos. Art Chicago se está convirtiendo en un lugar importante para los coleccionistas latinoamericanos serios. Los observadores se encontraron ante algunos de los artistas latinoamericanos más fuertes y de mayor influencia actualmente. Por ejemplo, en la Rhona Hoffman Gallery de Chicago, se podía ver una excelente escultura ensamblada de Doris Salcedo. Las camisas apiladas perforadas poruña broqueta, articulan la ausencia de los cuerpos, que se asocia simultáneamente con la violencia que se les infligió. La obra de Doris Salcedo ha servido para transmitir internacionalmente la angustia de la sociedad colombiana debida a la violencia histórica en curso. Recuerdo del Viaje, de 1996, de José Bedia, expuesto por la Galería Ramis Barquet hace resonar su mitología personal, la cual caracteriza su búsqueda por lo espiritual y lo mágico en las culturas periféricas de los americanos. La monumental escala es sintomática de su ambicioso propósito de articular un lenguaje coherente que se hace identificable y revelador. Por otra parte, Guillermo Kuitca, con su obra de 1992 El Mar Dulce, exhibida en la Barbara Farber Gallery, parece comentar la falta de espiritualidad. Las camas apiladas, combinadas con la ironía del título, crean una composición perturbadora en donde el cuerpo, a pesar de estar ausente, hace pensar que ha sido separado de su ambiente. Esta no es una visión utópica de la condición humana y sirve como un llamado para despertar a una sociedad que aparta a sus miembros de la vida.

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Osvaldo Romberg. +2000/-2000, 1996. Instalación 69 transparentes y una maqueta de la Catedral de Colonia. Ludwig Museum, Colonia.

Se pudo ver que los temas de los recuerdos y la historia tenían bastante fuerza en las obras de muchos de los artistas. Uno de ellos es el fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio, de Ciudad de México, representado por la galería OMR. Su copia Cinco Puntos Cardinales en plata y gelatina, tiene como centro una antigua escultura azteca rodeada de fósiles, como queriendo hacer un comentario acerca del paso del tiempo a través de la naturaleza y la civilización. La obra habla sobre un pasado petrificado, pero su medio contemporáneo le recuerda al observador su existencia (la de la obra) en el presente. En la Galería Der Brücke, el artista argentino Carlos Gallardo, con su obra L' Oubli (El Olvido) de 1995, afirma con éxito su preocupación por la memoria y se pregunta ¿Dónde?, ¿Qué?, ¿Por qué?, ¿Quién?, ¿Cuándo?, ¿Cómo? Cada pregunta está separada en un panel con una manija. La obra sugiere que los compartimientos pueden abrirse para encontrar las respuestas y, sin embargo, esta opción no es posible. La obra parece vaga y gastada, como nuestra memoria ya pesar de esto, seduce al observador para que recuerde, evocando tal vez una memoria histórica que puede unir dolorosamente a sus compatriotas; tal vez sea la memoria de la Argentina misma, desde la perspectiva de un artista en el exilio. Una instalación impresionante titulada +200/-200 Even del argentino Osvaldo Romberg, en la Marc Potier Gallery, trata también el tema de la memoria histórica, aunque de una manera radicalmente diferente. En este caso, el artista emplea materiales como el acetato y la cinta adhesiva para narrar una "historia del mundo" personalizada. Romberg hace énfasis, tanto en la fragilidad de la historia, como en la subjetividad de su narración. Al colocar transparencias de color es a través de las cuales el observador puede tener una visión totalmente diferente del trabajo, permite que la obra de arte se transforme, dependiendo de la ubicación de quien la observe, tal como lo hace la narrativa de la historia. Un homenaje a Duchamp, por su título y su estuche portátil, esta instalación viajera, que será expuesta simultáneamente por dieciséis galerías y museos diferentes de todo el mundo, fue una de las muestras más desafiantes y convincentes del año.

He tomado como ejemplo solamente una pocas de las cientos de obras que hacen de esta feria uno de los conjuntos de producción artística más pluralistas y valiosos del momento. La prosperidad de la feria no depende únicamente de la solidez de la economía, sino de la devoción de los organizadores, los dealers y el público.

ANA MARÍA REYES

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