Otrosoct 1996 - dic 1996· Por Edward J. Sullivan

20 años de Arte en Colombia / ArtNexus

Información e integridad

Uno de los problemas más desconcertantes para el estudioso del arte latinoamericano de cualquier época es la dificultad que se presenta en la obtención de información. La compartimentación es una de las características propias de la investigación del arte en Latinoamérica: los académicos tienden a investigar únicamente acerca del arte en su propio país, analizándolo en un vacío y estableciendo pocos vínculos críticos o relaciones con el arte de otras regiones, creando con ello una serie de dificultades. Uno de los problemas generados se relaciona con la 'síntesis', la posibilidad de 'armar el rompecabezas para obtener una visión coherente de la totalidad del arte contemporáneo en América Latina. Otro de los inconvenientes con que se encuentra el investigador de arte latinoamericano es el de la carencia de libros y la escasa distribución periódica de impresos. Los académicos del continente han producido una variada y rica serie de documentos, pero la mayor parte de este material no circula más allá de las fronteras del país correspondiente. Las ediciones de libros son limitadas y las cambiantes normas de importación y exportación dificultan la venta de los ejemplares en otros países. El investigador que tiene la suerte de viajar se ve abocado a adquirir cuanta publicación se encuentre en el camino.

Arte en Colombia/ArtNexus ha sido, durante veinte años, como un faro que ilumina el camino de la información; un elemento de apoyo clave para la creación artística en América Latina. Arte en Colombia fue, durante muchos años, la única publicación de importancia con circulación a nivel internacional, y aún sigue siendo la revista de arte latinoamericano de mayor relevancia. La publicación ha contribuido al establecimiento de un verdadero diálogo internacional entre los países de habla hispana, portuguesa e inglesa que conforman las Américas. Aún cuando hoy día hay diversas publicaciones que tratan temas latinoamericanos de interés artístico, ninguna de ellas posee la amplitud de visión o la profundidad de ésta.

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Arte en Colombia llega a una numerosa audiencia en gran cantidad de países. He visto ejemplares en librerías y museos desde Puerto Rico y Paraguay hasta París, e incluso más lejos. Es modelo de imparcialidad y amplitud de mente; no cumple con una agenda política determinada —como suele ocurrir con la mayoría de las publicaciones tendenciosas de hoy. No obstante, la revista presenta puntos de vista propios. Arte en Colombia es consciente de la importancia de cubrir una serie de sucesos en países que no serían siquiera mencionados por las publicaciones más prestigiosas de Europa y Estados Unidos. Se trata de una revista de tono decididamente liberal que no abraza tendencia política alguna. Sin embargo, sus lectores saben que encontrarán en ella información sobre el más reciente movimiento cubano de vanguardia y artículos históricos sobre el movimiento de arte mural de protesta en Nicaragua y Chile, así como información de, por ejemplo, la reciente exposición de las monumentales esculturas de Femando Botero en las calles de Nueva York, París, México o Washington.

La publicación de una revista seria y bien producida es, en últimas, responsabilidad de su editor general; en el caso de Arte en Colombia esta responsabilidad recae sobre Celia de Birbragher, cuyos esfuerzos ameritan el mayor reconocimiento. Desde un principio la persistencia, dedicación e inteligencia de Celia se han constituido en el alma y corazón de la revista. Desafortunadamente, debido a sus múltiples responsabilidades —tales como la publicación física de la revista y la consecución de fondos— Celia cuenta con muy poco tiempo para contribuir con artículos escritos por ella misma. Al leer sus entrevistas (como la del pintor argentino Antonio Seguí en enero de 1991), impacta la capacidad de Celia de llegar directamente al punto y lograr las respuestas más inteligentes, sustanciales y analíticas de los personajes a quienes entrevista.

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No creo que haya publicación alguna que contenga tal variedad de reseñas sobre exposiciones —grandes y pequeñas— en museos, galerías y espacios alternos, e incluya también análisis de las numerosas Bienales llevadas a cabo en toda América Latina y el Caribe. Mientras que revistas tales como Flash Art o ArtNexus ocasionalmente publican una reseña de una exposición en Ciudad de México o en São Paulo, Arte en Colombia se dedica a mantener al lector al tanto de prácticamente todo lo que ocurre, aún en los centros de arte más pequeños de América Latina. También es de gran importancia mencionar (en esta breve expresión de admiración y gratitud hada la revista por mantenemos al tanto de los eventos que ocurren en el complejo mundo del arte latinoamericano), el hecho de que Arte en Colombia no limita su definición de "arte latinoamericano" a los eventos que se llevan a cabo en las ciudades y países más conocidos. Como anota Gerardo Mosquera —en artículo escrito para el decimoquinto aniversario de la revista— uno de los puntos fuertes de la publicación es su compromiso de reseñar sucesos y temas del Caribe, Centroamérica, y otros lugares, compromiso que se refleja en la importante serie de artículos acerca del arte contemporáneo en Centroamérica escrita por Bélgica Rodríguez y publicada a partir de enero de 1991 (con una reseña sobre Guatemala), que introdujo a un gran número de personas a las ricas contribuciones de los artistas de la región. Debo mencionar, igualmente, la extraordinaria serie de artículos escritos por Gerardo Mosquera (publicada a partir de la revista número 45,1990) acerca de la multiplicidad de elementos africanos inherentes al arte caribeño contemporáneo. Mosquera no se limita en manera alguna a su Cuba natal; en un estilo inteligente y perspicaz analiza los múltiples y poco explorados aspectos que presentan los elementos africanos en la expresión visual del Nuevo Mundo. Su contribución, junto con la de Robert Ferris Thompson (autor del tan conocido Flash of the Spirit), nos proporcionan análisis en profundidad del fértil cruce cultural producido en la región.

Arte en Colombia logró recientemente alcanzar un mayor cubrimiento al publicar reseñas acerca de exposiciones en Guyana y Haití (vr. artículo de Carol Damian sobre el arte en Haití, enero-marzo, 1996). Es quizás el Caribe de habla inglesa el área que la revista debería incluir en su cubrimiento. Países tales como Jamaica, Barbados, Trinidad y otros países del área han dado luz a artistas destacados y a movimientos artísticos contemporáneos, cuyos logros, aunque mencionados en las reseñas sobre las dos últimas Bienales del Caribe y Centroamérica, ameritan un análisis más serio.

Creo que también es significativo el hecho de que Arte en Colombia es quizás más "universal" —para usar un término sobreutilizado— de lo que muchos piensan. Con frecuencia he recibido una perspectiva totalmente diferente de exhibiciones y eventos que ocurren en los diferentes mundos del arte (Nueva York, Los Ángeles, París, Madrid o Berlín) al leer las reseñas y artículos centrales escritos por críticos latinoamericanos.

En cuanto a las reseñas sobre exposiciones, estoy enormemente agradecido por el extenso e inteligente análisis hecho acerca de las bienales que tuvieron lugar en la Habana, suceso que, junto con la Bienal de São Paulo constituyen, evidentemente, los eventos colectivos de mayor importancia en América Latina. Mientras que la Bienal de São Paulo suele ser objeto de la atención de la prensa internacional, la Bienal de la Habana no lo es. Esto ocurre especialmente en los Estados Unidos donde el ilegal e inmoral bloqueo económico, vigente desde hace varias décadas, no sólo prohíbe viajar a Cuba y tener intercambios comerciales con la isla, sino que dificulta al extremo la transmisión de información hacia los Estados Unidos, donde muchos se interesan apasionadamente por el arte Latinoamericano. Las críticas y análisis de Luis Camnitzer acerca de la V Bienal de la Habana (octubre-diciembre, 1994) fueron ejemplares.

Quisiera añadir una palabra más acerca de las reseñas sobre exposiciones y otros eventos (área en la que la revista es particularmente fuerte). Estoy seguro de reflejar la opinión de muchos de mis colegas al expresar mi gratitud por la diversidad de críticas publicadas por la revista. Ejemplo de ello es la variedad de controvertidos artículos (publicados en junio-agosto de 1993) acerca de la exposición Artistas Latinoamericanos del Siglo XX, organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Cada artículo publicado (escritos por Bélgica Rodríguez, Luis Pérez Oramas y Álvaro Medina) mas la entrevista al curador de la exposición, Waldo Rasmussen, llevada a cabo por Berta Sichel, mostraron un acercamiento crítico totalmente diferente. Creo que se puede considerar como un éxito el que algunos de los puntos de vista expresados enfurecieron a algunos lectores, mientras que otros estuvieron totalmente de acuerdo con ellos. Esta deliberada carencia de postura dogmática, sumada a la voluntad de abrir la revista a una diversa gama de opiniones es, ciertamente, uno de los muchos aspectos que los miles de lectores agradecen. Esperamos, claro está, que esta saludable forma de escribir acerca del arte continúe durante muchos años.

EDWARD J. SULLIVAN

Profesor de Historia del Arte y Director del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York.

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