La muestra The Rational Twist, organizada por Carlos Basualdo, reúne a ocho artistas argentinos que dan fe de la vigencia del arte concreto y su legado en las prácticas artísticas contemporáneas. La exposición incluye varias piezas de Raúl Lozza, miembro fundador de la Asociación Arte Concreto-Invención (AACI), establecida en Buenos Aires en 1945. El arte concreto —heredero del modernismo y del "universalismo constructivo" ideado por el uruguayo Torres-García en la década de los treinta— propone despojar al arte de la figura y de todo anhelo representativo para resaltar los elementos que tradicionalmente habían sido relegados al segundo plano: el color, la superficie, las formas abstractas.
Los otros siete artistas pertenecen a la generación de jóvenes que surge después de la caída de la dictadura militar en 1983. Aunque variada y diversa, su obra prosigue muchas de las investigaciones y preguntas planteadas inicialmente por los miembros de la AACI. En su Manifiesto invencionista de 1946, por ejemplo, Tomás Maldonado había llamado a "la destrucción de la forma tradicional del cuadro" — una recomendación que Lozza (al igual que Jorge Gumier Maier, Favio Kacero y el desaparecido Ornar Schiliro) parecen haber seguido al pie de la letra.

Las piezas de Lozza rechazan la forma tradicional —cuadrada o rectangular— del bastidor, y emergen como rombos coloridos o paralelepípedos brillantes que se integran a la pared. Encontramos un efecto semejante en las barrocas y alambicadas estructuras de madera de Gumier Maier (Sin título, 1993), en que la rigidez del bastidor ha sido torcida (incluso pervertida) para crear formas voluptuosas en que los arabescos del marco invaden y se apropian de la superficie de la composición. Desde otra técnica, Favio Kacero también atenta contra la cuadratura tradicional del bastidor. Sus piezas (Sin título, 1995) parecen estar hechas de cojines recubiertos de plástico tirante y recortados en formas oblongas e irregulares. Sobre la superficie —voluptuosa, como una cama recién tendida— el artista ha pegado calcomanías con diseños abstractos que nos invitan a acercarnos para descifrar sus extraños mensajes.
Las "lámparas" de Omar Schiliro (Sin título, 1993) son quizá las obras de esta exposición que más se alejan de las "formas tradicionales del arte". Compuestas de bombillos y adornos de plástico, estas ligeras esculturillas —cuyos colores y formas parecen una pieza de Frank Stella, realizada en tercera dimensión— podrían ser los candelabros que alumbran las noches de decadencia urbana.
En 1947 Raúl Lozza rompe con la AACI para formar su propio movimiento, el "perceptismo" — una tendencia aún más radical, que propone eliminar la figura por completo para crear un puro juego entre la forma, el color y la superficie. Encontramos un anhelo parecido en las obras de Fabián Burgos, Nicolás Guagnini, Graciela Hasper y Pablo Siquier. Fabián Burgos se inspira en la estética del diagrama científico para crear composiciones (Sin título, 1995) con sólo unos cuantos elementos: líneas (cuyo curso ha sido inevitablemente desviado, invertido, o pervertido), puntos, y los sobrios tonos del color de fondo (considerado por el artista como el principal elemento de la pieza). Los "autorretratos" de Nicolás Guagnini (Sin título, 1995) crean cierta ambigüedad entre la "figura" (un ideograma que el autor presenta como representación abstracta de su nariz y su oreja) y el fondo que los vuelve intercambiables, a la manera de una ilusión óptica. Las telas de Graciela Hasper (Sin título, 1994-1995) presentan el ejemplo más claro de la suma importancia que cobra el manejo del color para los herederos del arte concreto: uno de sus cuadros nos presenta veinticuatro rehiletes geométricos (compuestos por un cuadrado y trozos de círculo en forma de aspas), todos idénticos a excepción de los alegres pero elegantes tonos en que están pintados. Por último, Pablo Siquier (Sin título, 1995) presenta una serie de hipnóticas composiciones de líneas negras sobre un extenso fondo blanco. Apoyándonos en las teorías estéticas de Julia Kristeva, podríamos interpretar estas muy logradas pinturas (que también evocan a las tempranas composiciones "de cruces" de Mondrian) como representaciones visuales de los estados límites del individuo en qué elementos inconscientes (la pulsión, el ritmo, la musicalidad) irrumpen y subvierten el riguroso dominio de la conciencia.
The Rational Twist es una pequeña muestra en que predomina la elegancia mesurada de las formas puras y el juego oblicuo de geometrías rebeldes. La selección de las obras que la componen es armoniosa y afortunada: muy racional y muy argentina.
RUBÉN GALLO

