Según el catálogo, 139 obras —entre pinturas, dibujos y algunos objetos— constituyeron la exposición retrospectiva de Santiago Cárdenas en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, realizada entre noviembre de 1995 y febrero de este año. La muestra estuvo previamente en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y actualmente concluye su periplo en el Museo Rufino Tamayo de Ciudad de México y en el Museo de Arte de las Américas de Washington. Cárdenas es uno de los artistas más importantes de Colombia y su obra luego de más de treinta años de trayectoria se ve como una de las más sólidas del panorama nacional. Por eso el pintor tiene prestigio internacional y, aparte de estar representado por la Galería de Alejandro Freites de Caracas, ha sido uno de los pocos artistas del país que ha sido invitado a las grandes exposiciones de arte latinoamericano que se han organizado en los últimos años: Art in Latin America —Londres, Estocolmo y Madrid— de 1989 y Latin American Artists of the Twentieth Century—varias ciudades europeas y Nueva York— de 1992-1993.
La obra de Cárdenas es doblemente bifronte. Es, por una parte, la producción de un pintor y de un dibujante y, por otra, el trabajo de un artista que se expresa de la manera más acabada y, paralelamente sobre todo en los últimos años, en la forma más libre. Hasta hoy Cárdenas es un artista que realiza con perfección realista toda clase de objetos comunes y corrientes, desde prendas masculinas y femeninas hasta floreros y naturalezas muertas, aunque es ostensible que prefiere los objetos de superficie: vidrios, espejos, cartones y, sobre todo, tableros, uno de los temas más constantes en su obra. Pero, desde aproximadamente 1985, Cárdenas también trabaja lejos del realismo y prefiere sincopar la representación, alterar la perspectiva tradicional y emplear colores arbitrarios y, algunas veces, muy variados e intensos. En uno y otro caso, tiene ejemplos sobresalientes y todo es cuestión de gusto si alguien prefiere el terminado impecable y que engaña al ojo y al tacto, de una pared de baño con repisa de vidrio y vaso de cristal con un poco de agua fría (Repisa de vidrio con vaso, óleo, 1978), o se inclina más por un personaje sintético e inacabado, con una falda hecha de manchas y curvas, y sobre un plano verde (Tropicana, óleo 1988). Por eso quizá el artista ha decidido, también desde mediados de los ochenta, reunir sus dos maneras de expresión y sobre un fondo que recuerda la superficie de los tableros, con huellas de borrados y dibujos rápidos y elementales, de desnudos femeninos, instala objetos realistas como bastones, martillos, ganchos metálicos de ropa, cabuyas, etc.; o, más recientemente, sobre fondos de pinturas, con recuerdos de action painting, antepone objetos veristas como mesas, sillas, vasijas y floreros.
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En un estilo o en otro, Cárdenas siempre demuestra que sabe mucho de pintura y de dibujo. Como pintor realista trabaja con pinceladas sin huella y cubre sus superficies de toques de luz y de sombra. Reproduce con exactitud las texturas de todos los objetos y es un fino compositor cromático. Como expresivista, pinta aparentemente con mucha rapidez, improvisando y corrigiendo. Sus representaciones se llenan de manchas de un colorido variado y fuerte y de planos abiertos que dividen y dan movimiento al espacio. Como dibujante realista emplea con maestría los matices de luz y sombra y también con solvencia utiliza sombras casi imperceptibles para hacer muy táctiles las imágenes de los objetos. Y como expresivista, práctica trazos seguros y expresivos y líneas elásticas de muy variadas intensidades.
Al revisar con atención la abundante producción de Cárdenas —y sobre todo a partir de un buen número de originales, algunos presentados por primera vez en Colombia— resulta evidente que sus cuadros son realmente sencillos, pero al mismo tiempo, que sólo en apariencia no trascienden el simple interés de presentar con fidelidad las figuras de muchas cosas comunes y corrientes. Desde el comienzo de su obra en el decenio de los cincuenta, cuando todavía adelantaba sus estudios en Estados Unidos, el artista ha insistido en unas pinturas y en unos dibujos que cuestionan no sólo las diversas acepciones de realismo en la historia del arte, sino el mismo concepto de realidad en el mundo de la filosofía, de la física, etc.
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El arte figurativo de Cárdenas está, de todos modos, relacionado con la historia del arte realista y en especial con los realismos del siglo XX. Si se puede pensar en trabajos como los de los maestros Jean Baptiste Oudry del siglo XVIII y John Frederick Peto de la segunda parte del XIX, los temas, el tratamiento de muchas de sus pinturas y el interés por presentar los motivos de una manera distinta, cuestionando el ilusionismo y trasladando literalmente las apariencias de las cosas a sus lienzos, tienen que ver en forma clara con el arte del siglo XX y sobre todo con las manifestaciones figurativas conocidas como Pop Art e hiperrealismo. Quien conozca el arte de la centuria puede vincular la extensa producción del colombiano con las obras de numerosos artistas, en especial de los últimos decenios.
Pero en sus trabajos más significativos, Cárdenas no se limita a continuar las realizaciones de esos artistas, sino que indudablemente procura ir más allá de ellos. Si se revisan, por ejemplo, los tableros —el tema más extensamente tratado por el artista— se entiende que Cárdenas no se contenta con engañar los ojos de los espectadores, sino que realiza innumerables variantes, no sólo físicas sino conceptuales y colma de muchísimas sugerencias a esas superficies aparentemente tan anodinas. Los tableros aparecen borrados y diversas huellas de letras y gráficos se divisan en varias zonas de su superficie; están enmarcados con bordes de madera ligeramente en relieve o solo tienen un borde inferior saliente, casi siempre con mucha tiza. O los tableros tienen palabras legibles aunque ligeramente borradas. En Color rosa, de 1976, Primer Premio del Salón Nacional de aquel año, la frase del título se lee más o menos con claridad, aunque es evidente que se borró el comienzo de la palabra “horrorosa”. Y quedan rastros de que también aparecía escrito un poco más abajo La vida es color rosa en Colombia. O sobre un fondo con todas las características de la superficie de un tablero, ahora sin sus bordes, se ven figuras, algunas muy rápidas y elementales o torpes, como hechas al desgaire. O los tableros presentan diseños de luces que han penetrado por ventanas alargadas horizontales o verticales. Quizá no sobre decir que todo lo descrito es exclusivamente pintado. Una pintura que hace irrisoria la división entre realismo y abstracción —sin duda, Cárdenas también conoce la historia de la pintura abstracta, sobre todo, el expresionismo abstracto, la abstracción postpictórica y el minimal art—; que hace que un tablero se convierta en un objeto atractivo y lleno de detalles de enorme perspicacia; que hace que una pintura se tome en algo ambiguo que puede verse como espacio somero cargado de trazos y figuras o como soporte ilusorio de objetos tangibles falsos. La exposición retrospectiva de Santiago Cárdenas fue una experiencia enriquecedora. Permitió, por una parte, hacer una revisión bastante completa de los trabajos del artista y facilitó, por otra parte, el estudio de muchos cuadros guardados en colecciones privadas o que nunca se habían visto en el país. Un buen remate de las actividades de la Luis Ángel Arango en 1995 y un comienzo promisorio de la programación del 96.
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
Profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro fundador del Consejo Editorial de Arte en Colombia/ArtNexus.

