María Fernanda Cardoso

María Fernanda Cardoso. Ranas danzantes, 1990. Ranas, metal. 1.5 x 1.5 x 1.2 mts.

Monografíaabr 1996 - jun 1996· Por Ana Sokoloff

María Fernanda Cardoso

En busca de la naturaleza

En la obra de María Fernanda Cardoso, los objetos utilizados no requieren ser creados, presentan aquella imagen que debemos tener de la naturaleza, y no lo que verdaderamente es naturaleza. Se convierten en inutilizables y su valor pasa de ser económico a residir en la memoria funcional que tienen consigo.

En el advenimiento del siglo XXI, cuando están en crisis las grandes estructuras económicas y sociales impuestas por la revolución industrial, nos encontramos frente a un sistema del manejo de la realidad a través de imágenes y de objetos de comodificación que nos han alejado de la fisicalidad del universo, y nos llevan a manejar conceptos de la realidad abstractos y virtuales. Dentro de este manejo existe una distorsión total de lo que es la naturaleza y nuestro mundo.

La sociedad del espectáculo, como clasifica Guy Debord este fenómeno1, ha llegado a afectar las artes hasta el punto que se manejan, formalmente, objetos que son imágenes y símbolos subrogados de la realidad. Es así como la obra de María Fernanda Cardoso se aprovecha de este fenómeno para hacer una observación sobre la naturaleza. Una observación indirecta que se fundamenta en las clasificaciones analíticas de los objetos impuestas por las ciencias y la industrialización y que no corresponde a una observación o experimentación directa del medio. María Fernanda Cardoso usa objetos cotidianos pero que, en algunos casos, dentro del contexto de la sociedad urbana, no comprendemos ni hemos experimentado directamente. Son considerados exóticos o simplemente símbolos del mito de la convivencia del hombre con la naturaleza.

Pertenecen, eso sí, a la concepción de la sociedad del espectáculo, donde la imagen y la apariencia son el todo, donde la unidad con la vida se pierde para siempre y la realidad se evidencia en un seudomundo, que es sólo objeto de contemplación. Hoy nada tiene ya la pretensión de ser original o verdadero, todo es representativo. La vida real, que ha sufrido los asaltos de la era industrial y post-industrial, ha sido incorporada en la experiencia diaria a través de las apariencias, de la forma visual inventada para la sociedad de consumo.

Monografía: María Fernanda Cardoso — imagen 1
María Fernanda Cardoso. Tirarucu, 1992. Escamas de pescado. 70 x 50 x 50 cm. Cortesía: Valenzuela y Klenner.

Inclusive, en el campo de la filosofía actual —producto del capitalismo tardío— el sistema de producción se ha fragmentado hacia la individualización a partir de una serie de mecanismos orientados hacia caminos parciales y precisos, cada vez más personalizados en su código semiótico, y fuertemente diferenciables los unos de los otros. El concepto de mayoría útil ha sido substituido por el concepto de minoría específica, el producto standard, bueno para todos, ha sido reemplazado por el producto interactivo; capaz de motivar al individuo, despertando una serie de reacciones y comportamientos específicos, según un tipo de consumidores predeterminado2.

En los últimos 20 años el concepto de normalidad basado en la individualidad, ha permitido una nueva aventura del objeto dentro de la escultura contemporánea. Se ha desarrollado una corriente objeto-conceptual donde el objeto no es inventado ni modificado, sino retomado y reajustado dentro de la obra de arte. Los artistas ahora manipulan nuestra percepción de la realidad a través de la descontextualización de los objetos producto de esta, cambiando así el significado y el contenido de la misma. Se convierte la manipulación en una relación presentación-representación, que cambia para siempre el significado normalmente comunicado por las imágenes y objetos utilizados3.

No se puede negar que los objetos utilizados están cargados de una memoria que se deriva de su interpretación de la realidad dentro del sistema de la sociedad de consumo. Por tanto, en la obra de María Fernanda Cardoso, los objetos utilizados no requieren ser creados, presentan aquella imagen que debemos tener de la naturaleza, y no lo que verdaderamente es naturaleza. Se convierten en inutilizables y su valor pasa de ser económico a residir en la memoria funcional que tienen consigo.

Monografía: María Fernanda Cardoso — imagen 2
María Fernanda Cardoso. Mármol Americano, 1992 Vista de la instalación. Huesos de res. Dimensiones variadas. Galería Ruth Bloom.

Siguiendo los lineamientos de la teoría del conocimiento de Foucault, se ha borrado la línea entre lo verdadero y lo falso, existe un nuevo orden que permanece en limbo, en el espacio de las imágenes, que además mitifica todas las experiencias humanas frente a su medio natural. La obra de arte no es la realidad de lo comodificado ni tampoco la realidad objetiva de la naturaleza, es otra, ni real ni falsa, pero que se aproxima, mediante la irónica utilización de objetos ready-made dentro de una agrupación determinada, a un entendimiento de la naturaleza derivado de una experiencia personal contemplativa.

El mito de la naturaleza se legitimiza a sí mismo a través de la relación que existe entre las personas y las imágenes. Estas imágenes y objetos predominantes en una estructura de orden social urbano y de hecho mercantiles y valorados según las apariencias que representan, son simplemente erróneas, lo que conduce a un mito aún más alejado de la realidad. Cardoso se aprovecha no solo de la comodificación sino también de la dislocación de significado que ha adquirido la naturaleza al hacerse presente mediante objetos e imágenes mercantiles y transferibles.

En su obra se crea un nuevo orden igualmente irreal de la naturaleza, pero que por su carácter de ritualidad o ceremonioso, permite una contemplación más real de la naturaleza que aquella suministrada por la sociedad de consumo. Utiliza las manifestaciones vulgares del mercado, como los souvenirs turísticos, para producir nuevos significados.

Monografía: María Fernanda Cardoso — imagen 3
María Fernanda Cardoso. Cementerio, 1992. Detalle Instalación en el MOCA. Flores plásticas MOCA.

Cardoso inventa sus propias quimeras sobre la naturaleza, ocupando un espacio determinado pero irreal, y sugiriendo que el entendimiento de la realidad no se encuentra en el mundo de los objetos como tales. Este idealismo parece derivarse de una melancolía de memorias vividas o experimentadas en algún momento por la artista, y a pesar de buscar un mejor entendimiento de la realidad del mundo, parece quedarse dentro de un estado de sueño. La instalación titulada Tejido de agua, 1994, que recreaba un paisaje submarino, estaba compuesta de animales marinos que se pueden conseguir al por mayor en California. Este espacio, iluminando tenuemente con un tinte azul/verdoso, rearmaba, como Alicia en el país de las maravillas, el mundo submarino, sin dejar a un lado el bagaje cultural propio de las estrellas de mar, los erizos y las conchas, como objetos de colección o recordatorio de un viaje.

Cementerio, 1992, es otra obra que recrea un estado contemplativo de la muerte. Lo mórbido no es el contenido de la obra, es el dolor y su manifestación en agrupaciones coloridas de flores, símbolo de la belleza, la fertilidad y la vida, para celebrar la muerte y el sentimiento de pérdida que esta conlleva.

La inmersión del espectador dentro de estos espacios permite una visión o reacción hacia la naturaleza, los animales, y lo humano que, por su estado fantástico, no niega la industrialización de los objetos agrupados. Al contrario, para Cardoso la industrialización y la economía juegan un doble papel, por un lado, el artista la utiliza en la producción, y por el otro, la crítica. A nivel de producción, Cardoso ordena los animales ya disecados, o las flores en grandes cantidades. Esto le permite participar activamente en la sociedad de consumo, maximizando su energía en la obtención de un resultado o producto determinado. La producción eficaz de una obra de arte, convierte al artista en un ser poderoso, que puede crear al detalle un universo que cautiva al espectador y lo hace partícipe de esta nueva realidad.

Monografía: María Fernanda Cardoso — imagen 4
María Fernanda Cardoso. Esfera de estrellas de mar, 1993. Estrellas de mar largas y puntudas, metal. 50.8 x 50.8 x 50.8 cm. Cortesía: Gallería Ruth Bloom.

A nivel crítico, este manejo de imágenes bastante complejo, resulta en el alejamiento de la obra de la realidad experimental del mundo. Cardoso logra evitar este distanciamiento mediante la observación. Observación al escoger los objetos por sus características naturales, y observación por parte del espectador al ser confrontado ante cosas que comúnmente son descartadas como banales.

La industrialización de la naturaleza ha traspasado el campo del catálogo y se extendió hacia el desplazamiento del hombre en forma de turismo. Las excursiones que prometen una experiencia salvaje de la naturaleza, en realidad sólo son una adaptación de la idea salvaje y de las comodidades y necesidades del hombre moderno. Son una experiencia irreal de aquel mito. Igualmente, el souvenir que el turista se lleva consigo le permitirá mantener viva la imagen de aquella experiencia en el salón de su casa. Este objeto, que no tiene otro valor fuera del de representar una idea, no tiene que ser necesariamente fiel ni a la realidad experimentada, ni a la idealización de la realidad. ¿Cuántas veces vemos turistas comprar una imagen de la estatua de la Libertad de Nueva York sin haber visitado ni visto dicha imagen? ¿O un turista en el Caribe llevarse una estrella de mar de unas aguas tan polucionadas que están desprovistas de vida submarina?

Además de la presentación del objeto como tal, las intervenciones de María Fernanda Cardoso hacen énfasis en el arreglo de los objetos y en su morfología. La serie de obras Sin título, 1990, reúne ranas, lagartijas, grillos y otros animales disecados, agrupados en formas circulares, espirales y otras formas geométricas, haciendo referencia a los diseños abstractos de culturas primitivas, como son el círculo y el espiral. También, representan las formas de la naturaleza donde la simetría y el balance de las cosas, a primera vista arbitrario, corresponde a un orden delicado de equilibrio. Las composiciones que obtiene, recrean un ambiente de carácter secular. Las instalaciones se asemejan a lugares sagrados, y las obras a objetos rituales. Corona para una princesa Chibcha, 1990, parece un altar bajo el cual la princesa se postra para ser coronada. La corona de lagartijas nos hace pensar en la corona de laureles de los emperadores romanos y a la corona de espinas de Jesús. En el contexto contemporáneo puede representar tanto el sufrimiento de las culturas locales ante la modernización, como su triunfo al mantenerse marginales. Nuevamente, Cardoso, con su juego de ensamblaje, nos enfrenta sutilmente a la problemática social actual.

Formalmente la obra de María Fernanda Cardoso comparte elementos de composición con el Minimalismo y el Arte Povera. De estos movimientos ha tomado el gusto de experimentar con las características orgánicas de los objetos, su geometría natural y su apariencia, dentro de composiciones repetitivas mediante la multiplicación de los objetos. Del Arte Povera, el uso de materiales pobres o reciclados le ha permitido jugar con objetos decorativos y de consumo dentro de un contexto crítico. Con un toque de ironía, manipula la idealización de la naturaleza que manejamos hoy, convirtiendo los elementos pseudocientíficos que utiliza en objetos de meditación, como en la obra Ranas bailando, 1990.

María Fernanda Cardoso, nacida en Bogotá, Colombia ha estudiado en Colombia y Estados Unidos, enfocando su investigación en las asociaciones físicas y propias de materiales inusuales para escultura e instalación. Consciente de las corrientes artísticas del siglo XX, también ha sido inspirada por el bagaje cultural de su país, apropiándose de tradiciones de la cultura precolombina, colonial y actuales como elementos para su obra.

Su identidad cultural se deriva de una consciencia global de la destrucción ecológica y de la supervivencia del individuo dentro del sistema postindustrial. Tangencialmente, su obra toca los temas del multiculturalismo y otros procesos sociales que pueden ser característicos del arte latinoamericano. Sin embargo, su enfoque comprende y vincula las condiciones universales de destrucción y las fallas de la economía actual derivadas de las formas avanzadas del capitalismo.

La obra de María Fernanda Cardoso siempre ha tenido un carácter metafísico que conduce hacia una contemplación del medio ambiente. Una contemplación crítica e irónica que a la vez parece estar dotada de un idealismo sumo. En sus mundos irreales, le devuelve la dignidad a los objetos que han sido expropiados de la naturaleza para ser utilizados como símbolos dentro del lenguaje del mercado industrial y post-industrial. De esta misma manera, la idea u objeto que estos simbolizan puede ser analizada y vista desde otro ángulo.

Con el Circo de pulgas se dirige hacia una nueva aventura. Trabajando con animales vivos, su visión de la naturaleza pasa de ser una observación pasiva de las características animales, a una posición activa, donde ella, como artista y ser humano, ejerce control sobre el medio. A través del contacto directo con los animales, su adiestramiento y el proceso de análisis y cuidado que esto conlleva, Cardoso ha dejado de ser un simple espectador del medio natural, para convertirse en su mediador. Creará, un orden del cual ella es la fuerza motora, sin dejar a un lado las características aleatorias que surgen de la incomprensión del comportamiento animal, ni el significado que esta obra puede adquirir en el contexto del arte actual.

NOTAS

1. Guy Debord, The Society of the Spectacle, Zone Books, New York, 1994, p. 12.

2. Pierre Restany, Les Objets-plus, La Différence, París, 1989, p. 51.

3. Podemos hacer referencia a la obra de Ann Hamilton, Bruce Naumann o Bertrand Lavier, donde los objetos son retomados sin ser un subrogado de la realidad. Tampoco se debe descartar la obra de Marcel Duchamp, pionero del ready-made y de la incorporación en arte de objetos producto de la industrialización.

ANA SOKOLOFF

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