Exposición Individualabr 1996 - jun 1996· Por Ana Tiscornia

Leandro Katz

Museo del Barrio

Cada vez son más los discursos filosóficos que vienen anclados a la producción fotográfica. El "realismo", implícito en la capacidad técnica ha habilitado numerosas reflexiones tendientes a cuestionar la realidad como un ente objetivo, concreto y no-representacional.

Podríamos arriesgarnos a decir que a medida que la fotografía se desarrolla, en lugar de acercarnos a la realidad, nos aleja cada vez más de ella. Todo ello es imagen e interpretación y el artefacto tangible es un arquetipo de la cosa que se escapa incansablemente.

Leandro Katz, artista acostumbrado a lidiar con la imagen en el cine y la fotografía, no ignora estas disquisiciones, pero prefiere situarnos en otra perspectiva. Nos pone en la hipótesis de la foto como intermediando una posibilidad de realidad: una historia, un personaje, un punto de vista. Una experiencia única, al fin, que Katz sale a buscar guiado más que por lo que la foto muestra, por lo que oculta detrás de sí.

Exposición Individual: Leandro Katz — imagen 1
Leandro Katz. El Castillo. 1985. Fotografía en blanco y negro Colección del artista.

De esta forma, el artista se constituye en un arqueólogo que hurga ya no en el reflejo de una imagen sino en el azogue del espejo. Inducido por esta acuciante necesidad de reconstruir un instante de realidad y volver a montar fragmento a fragmento la pieza original, Katz va deshilvanando la historia, descubriéndola y reescribiéndola. Buscando al "otro", a quien encuentra es a sí mismo y entretanto sitúa al espectador en una suerte de laberinto de espejos donde el reflejo rebota y se multiplica constantemente creando simetrías entre tiempos y miradas. De esta manera también su construcción semántica se vuelve más compleja.

En este marco conceptual, las dos instalaciones que Katz muestra en el Museo del Barrio, encuentran sus puntos de contacto. Así es como proyectos aparentemente disímiles se vuelven familiares y la extrema proximidad física en el espacio de exhibiciones, se vuelve predicamento en lugar de controversia.

El proyecto Catherwood, exhuma los dibujos y grabados que Federick Catherwood hiciera a propósito de la arquitectura maya. Los monumentos que el artista y arquitecto inglés documentó con obstinada precisión son revisitados por Katz quien, cámara en mano, se propone reconstruir la mirada de Catherwood. Para ello se sitúa en el mismo punto de vista de los dibujos de este último, dispuesto a repetir el proceso.

Una serie de fenómenos interesantes se evidencian en el trazado paralelo que al fin resulta de las operaciones de Katz. Por un lado, que la "calidad fotográfica" de los grabados de Catherwood —por la minuciosidad de sus detalles— en realidad no es fotográfica ya que a la cámara le resulta imposible estar cerca y lejos a la vez. En definitiva, no hay un punto de vista en el que se pueda ver como Catherwood, sino en todo caso varios en uno. La condición que exacerba el "realismo" es la libertad de la idea más la capacidad de la técnica dibujística y no la fotográfica que uno hubiera imaginado inicialmente. Tal vez por eso, cuando Katz realiza su foto en Castillo a la manera de Catherwood (Chichén Itzá) se aprovecha de una tormenta para introducir una dosis pictórica, que porfía por acercar la foto al dibujo en cuestión. De igual forma las sombras del propio artista actúan de ceremonial en el Arco de Labna - Ritual para un tiempo transfigurado dialogando con el propio portal del arco. Asimismo la mano de Katz sosteniendo el libro con la imagen del lugar que está fotografiando, es a menudo, el recurso que reconoce un tiempo que no se puede desandar. Otras veces es la presencia de los turistas la encargada de este discurso temporal. 

Memoria y desmemoria son otros factores convocados aquí y que retoma la segunda instalación: Proyecto para el día que me quieras. Conformada por cuatro unidades con existencia independiente y todas a su vez partes de un proyecto multidisciplinario más extenso, esta instalación al igual que la anterior se gesta a partir de una fotografía. En este caso ese núcleo central es la foto del Che Guevara asesinado en Bolivia. Esa famosa fotografía que muestra su cuerpo sobre las piletas de la lavandería del Hospital Nuestro Señor de Malta, que el 9 de octubre de 1967 recorriera el mundo entero, pretextó nuevamente el viaje de Katz. Viaje en que este rehace el camino, encuentra el lugar en La Higuera y al fotógrafo Freddy Alborta quien tomara la foto y continúa acoplando segmentos de la historia del Che en Bolivia y de los guerrilleros que lo acompañaron en ese período.

Otra vez Katz está a la búsqueda de lo que la fotografía no muestra y de lo que la fotografía oculta. Así queda señalado en el registro del Che en el pasaporte uruguayo que usó en la clandestinidad y que lo hacía pasar como un diplomático de cabeza calva, anteojos y sin barba. También las imágenes de Tamara Burke o los dibujos que hiciera bajo tortura un guerrillero cautivo de los militares a efectos de identificar a sus compañeros, son referencias a identidades simuladas que reafirman esta polivalencia del medio.

Pero hay otros aspectos que esta instalación prioriza. Mientras la primera reflexiona entre el tiempo presente y un pasado lejano, ésta tal vez lo haga entre un pasado que hace poco dejó de ser presente y el futuro. El futuro al menos como preocupación, al tiempo que como deseo de una hipótesis posible, de una esperanza recuperada y de un mito no derrumbado. En ese sentido el título es una clave significativa. El día que me quieras es un tango celebratorio de la utopía.

La muerte, el dolor y el sacrificio implícitos en los procesos revolucionarios aparecen imbricados por Katz con el sentido del sacrificio cristiano como lo acredita la presencia del Cristo de Mantegna o los doce apóstoles connotados por los doce guerrilleros y también por la filosofía tanguera "deja quieta mi herida/todo, todo se olvida..." que es el precio del verdadero amor por venir. Los tres terrenos también son asociables en lo referente a sus construcciones míticas. Pero es en ésas construcciones que anida la capacidad de la utopía. El día que me quieras florecerá la vida, no existirá el dolor.

* Leandro Katz, Museo del Barrio. Curadora Invitada: Julia Herzberg.

ANA TISCORNIA

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