Hernando Tejada es el artista más singular y lleno de encantos artísticos para el arte colombiano. Expone en la Galería Diners del 1 de febrero al 9 de - marzo con las series manglares y paisajes de ciudades jarras, sus más recientes esculturas. Estas esculturas trabajadas en madera de cedro y balso retoman temas que el artista trabajó en sus primeros años, ya fueran a manera de bocetos de la naturaleza o pinturas de bodegones.
Desde su primera exposición individual en Bogotá en 1948 y aunque cuenta con una larga vida artística, se pueden contar en los dedos de una mano sus exposiciones individuales. No quiere decir esto, que su obra no sea extensa o constante en su proceso creativo. Cualquiera de estas afirmaciones invalidan el significado de su obra que está siempre ligado al amor por la creación y la ejecución.
Tal vez, lo más relevante en su quehacer es la entrega a la manipulación de los materiales. La madera la moldea, la talla, la corta, la ensambla, la transforma, la dibuja, la pinta, la entrelaza, jugando con ella se convierte en un exquisito constructor y presentador de la vida y ahora de la naturaleza. A partir de la década de los sesenta trabajó la serie de las mujeres-muebles alcanzando su fama y un puesto especial en la historia.

Algunas de las obras expuestas en esta muestra son ejemplo de años anteriores, cuando relacionaba al hombre o mujer en situaciones humorísticas. Estefanía la mujer telefonía, Paula la mujer jaula, El Organillero obras en las que público capitalino reconocerá el ingenio y habilidad de este artista que conlleva la invaluable riqueza de las palabras y formas artísticas, basadas en el dominio del quehacer de un trabajo manual, lo convierten en testimonio fehaciente reconociéndolo como artista y mago de fantasías y leyendas en el arte colombiano.
Ahora en esta nueva serie de los manglares, deja de lado los muebles como armarios, sillas, puertas, atriles naturaleza: la fauna y la flora del Pacífico presentadas en dos grupos. Uno de ellos, titulado Espíritu de manglar I y II complejo y de mayor tamaño, sintetiza el sentido de la naturaleza; y el otro grupo Manglar del pelícano, Manglar de la cigüeña, Manglar del murciélago, Manglar del Martín pescador, Manglar de la anguila, Nido de la garza azul, Manglar de la iguana verde evoca fragmentos de la naturaleza armando himnos específicos donde resalta preferencialmente un animal.
Marañas entretejidas llaman a la libertad de formas y son calificativos que ayudan al goce estético. Así, los manglares invitan y se convierten a la vez, en un llamado de atención sobre la destrucción del medio ambiente, pues al enfatizar el olvido y la pérdida del respeto a que ha llegado el hombre, Tejadita —como lo llaman sus más cercanos amigos— sabe que con ternura mantiene viva la imagen de la naturaleza; y recordando en nosotros estas imágenes y emociones ayudaremos a su reconstrucción. Su sentido de observación es una constante para ser un artista de gran imaginación y humor. En esta nueva propuesta agudiza el ojo, e interpreta y recrea a la vez la naturaleza.
Las ciudades-jarras, son relieves paisajes citadinos nocturnos y diurnos, donde el juego y el coqueteo se dan en medio de la geometría metafísica basadas en las formas del bodegón. Jarras de grandes tamaños de acuerdo a la proporción de la obra, simulan edificios, columnas dentro de la mejor lección de rigor y sobriedad. La poética de las imágenes le permite bautizar las obras en Ciudad de las jarras de día y noche, Ciudad nocturna donde se presenta el más exquisito contraste entre la exhuberancia de la naturaleza y el rigor de la geometría.
Hernando Tejada se puede calificar como el artista más niño con que cuenta el arte colombiano, goza creando con sus manos las simbiosis o leyendas más fantásticas. Han sido capaces de recrear los temas más serios, y con su invención vimos como convirtió los muebles en seres juguetones.
MARÍA TERESA GUERRERO
