Exposición Individualabr 1996 - jun 1996· Por Luis Lama

Eduardo Navarro

Corriente Alterna

Después de mucho tiempo visitó el Perú un artista panameño. Lo hizo en Corriente Alterna, un Centro de Arte que se orienta a la enseñanza y a la exhibición de artistas latinoamericanos. Corriente Alterna, que debe su nombre a Octavio Paz, desarrolla sus actividades didácticas en convenio con la Universidad Autónoma de México. Allí exhibió Eduardo Navarro, un hombre joven de lenguaje sorprendentemente maduro, que ha representado a su país en múltiples eventos, habiendo merecido el año pasado el Gran Premio único a un artista latinoamericano en la Bienal del Salón Internacional de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño en Bogotá.

La primera vez que vimos la obra de Navarro fue en la última Bienal del Caribe, en Santo Domingo, donde nos impactó profundamente sus modos de trabajar y el resultado que él obtenía de la pintura chorreada sobre el bogolán, esa tela africana de textura similar a la bayeta de la sierra peruana, sobre la cual sus creadores dibujan diseños que el artista complementa con la línea espontánea que deja la pintura al ser trabajada sobre la superficie.

Exposición Individual: Eduardo Navarro — imagen 1
Eduardo Navarro. Doña en Azul. Óleo sobre tela. 40 x 60 cm.

Lo valioso de Navarro no radica únicamente en su forma de pintar, ni en la búsqueda de materiales previamente impresos para aprovechar tramas y texturas, sino también en una iconografía exacerbada, que por momentos, pudiera recordar a Posada, sin el humor de éste, pero con una rabiatan ineludiblemente caribeña, tan propia de este fin de siglo, en el cual el sarcasmo se une a la tragedia y donde de la oscuridad emergen estos muertos vivientes, para recordarnos el pasado y la opresión.

Pintura gestual como pocas entre nosotros, Navarro cita a su manera, a Pollock y a Bacon asimilando el lenguaje de sus maestros para transformarlo en una pintura personal, inconfundiblemente latinoamericana, fuertemente arraigada en nuestro modo de ver la vida. Navarro trabaja formatos heroicos que a manera de paisaje permiten al espectador integrarse con los personajes de las telas, las que a modo de una vasta llanura pictórica nos desplaza por espacios dominados por esas pinturas con las que el artista crea una instalación, en lacual el horror vacui se apodera del espacio.

Navarro es un pintor de expansiones. Su obra luce imposible de encerrar en el soporte y más bien a extenderse a las paredes. De allí su acierto de presentar a modo de instalación una muestra que une la desesperación y la ternura, donde el arte joven que somos capaces de hacer se aprecia con una puerta abierta hacia el futuro.

La obra de Eduardo Navarro, vista de manera aislada, es sobresaliente; apreciada en su conjunto, es una suerte de puñetazo a los sentidos por su carga dramática y su paradójica ternura, por la impaciencia del gesto, por la voluntad de crear una obra inconfundiblemente panameña, latinoamericana como pocas y por lo tanto, universal.

El premio que recibiera en Colombia y las demás distinciones de una joven carrera fructífera, permiten asegurar que Lima ha tenido la visita de un artista de sólido futuro.

Que en estos tiempos apacibles Lima haya perdido la capacidad de horrorizarse es algo que esta pintura—ideológicamente incómoda— nos hace reflexionar.

LUIS LAMA

Eduardo Navarro, por Luis Lama | artnexus