La vitalidad de la pintura popular irrumpe poco en el ordenado mundo visual de Carmen Lomas Garza. Ella mezcla las lecciones de su formación académica con las tradiciones del arte popular mexicano, sin embargo, las pinturas resultantes no tienen una calidad pareja. En cambio, sus esculturas más recientes, combinan mejor las sensibilidades de la artesanía tradicional con las tendencias modernistas.
La composición juega un papel narrativo en el arte folklórico. Aun cuando Lomas pinta con un estilo semejante a la pintura naïf, la disposición de sus figuras cumple, netamente, con una función compositiva. El diseño de sus pinturas frena cualquier representación subjetiva o cualquier impulso narrativo que pudieron haber despertado la atención del espectador. Sus pinturas densamente pobladas recuerdan las tomas de un fotógrafo aficionado, sin embargo sus figuras están colocadas de una manera deliberada que las separa de su entorno. Esto produce una neutralidad blanda que hace que la muerte de un tiburón o que la carnicería de un conejo reciban el mismo tratamiento a nivel de la composición que una fiesta de cumpleaños o que un baile de vecindario.

La forma como Lomas Garza usa las figuras a manera de anclas dentro de la composición, igualmente pone una barrera para otras aproximaciones interpretativas. La multitud de espectadores en El Milagro puede estar venerando la aparición de la Virgen sobre los tablones de una torre de agua, o simplemente podría estar observando el trío de culebras cascabel colgadas del andamiaje del tanque. Si ambos eventos están conectados entre sí, las claves que los unen están más allá de la pintura misma.
En muy pocas instancias, como sí es el caso de Polvo y pelo, el pleito, donde unas mujeres se disputan a la salida de un cabaret, Lomas Garza revela su propia respuesta emocional a las escenas. En Las pachucas la artista provee un toque de ironía al yuxtaponer una imagen de Nuestra Señora de los Pesares, su corazón atravesado por espadas, con la de una mujer joven que se arregla el pelo con cuchillas de afeitar.
Mientras que sus obras bidimensionales parecen enfrentarse siempre a sus raíces populares, los recortes en acero, en cambio, reinventan y revitalizan la tradición folklórica mexicana de los papeles recortados.
En lugar de limitarse a los arreglos florales típicos, o a las figuras de esqueletos del Día de los Muertos, ella recrea los mismos recuerdos de infancia que representa en sus pinturas. Con Ofrenda para Antonio Lomas, ella muestra, de una manera muy clara, el drama y el valor de la vida cotidiana. Su representación de un jardín del sur de Texas da un libre juego a su entrenamiento modernista, el riego de la manguera del jardinero repite con fuerza las formas tradicionales de los cactus del jardín. Las esculturas de Lomas Garza, realizadas en acero recortado por láser, encarnan las contribuciones y los valores duraderos de la cultura hispánica. El acero, la diferencia de la pintura, provee el material ideal para la importante preservación de las culturas que Lomas Garza intenta transmitir.
K. MITCHELL SNOW
