Si situamos la obra de Álvaro Barrios dentro de la estética de lo camp, estaremos haciendo una aproximación justa a sus planteamientos estéticos. Pero, ¿por qué no el Pop? A Barrios la iconografía popular no le interesó nunca como punto de partida para ahondar en sus supuestos sino que prefirió deliberadamente aquellos elementos superficiales que hay en lo camp y sobre todo en lo que esta imaginería supone como posibilidad de ejercitar un ingenio.
Lo Pop como en el caso norteamericano supuso el ahondamiento en tradiciones antropológicas de una cultura otra, en lo que estos códigos de una nueva vida suponían como punto de arranque para renovar tradiciones locales. Decidirse por lo camp supuso entonces no hacer trampa, gesto que hay que agradecer. El ingenio prefiere deliberadamente lo lúdico, el juego que es puro juego pero que en esta aparente frivolidad señala la presencia permanente de una libertad interior.

O sea la libertad propia de aquello que no está incluido dentro de los sistemas visuales de la gran cultura. Las cajas, los dibujos —en un comienzo expresionistas, viscerales— rescatan además el concepto escolar de «trabajo manual donde, finalmente, la iconografía no proviene del gran arte sino que está sacada de los espejismos infantiles y adolescentes que en las ilustraciones de cuentos de hadas, de estampas de libros han fundamentado un mundo simbólico.
Por eso, hoy, lo primero que certificamos en su obra es la presencia de un afecto para legitimar así esta búsqueda plástica deliberadamente circunscrita a un orbe de ensueños, de estampas que han pasado a ser un patrimonio íntimo. El valor de no cambiar, o sea de mantenerse en lo mismo, certifica con el paso de los años que el material visual escogido no respondía a un capricho pasajero sino que era una definición personal.
Lo interesante en esta muestra de Suramericana es que —sobre un paisaje de Francisco A. Cano— Barrios dando al marco las connotaciones irónicas que les concede la palabra, el rótulo indicador a la manera no sólo de Barbara Kruger sino de los hermanos Starn pone en contradicción aquel mundo de ensueño donde discurrió desde siempre. El collage no crea la ilusión sino que la rompe como indicando una desgracia en ciernes y señalando un cambio justificado de rumbo estético.
Escoger un material en los linderos de lo cursi y dotarlo de una poética, buscar efectos visuales y dotarlos de un contenido es ya una muestra de la manera como opera eficazmente quien ha escogido la discreción, quien se ha alinderado en un orbe plástico aparentemente limitado, para ir encontrando en este, nuevos caminos, nuevos relatos.
DARÍO RUIZ GÓMEZ
