En abril de 1936 abrió Siqueiros en Nueva York su taller Experimental Workshop: A Laboratory of Modern Techniques in Art entre cuyos participantes se encontraban Jackson Pollock y su hermano Sanford. Como el mexicano había decidido viajar a fin de año a España para combatir en la Guerra Civil, se le organizó una fiesta de despedida. Cuando entrada la noche alguien quiso ofrecer un brindis por el maestro, no pudieron encontrarlo. Al fin lo hallaron con el joven Pollock (16 años menor), completamente borrachos luchando y tratando de estrangularse debajo de una mesa.
Leemos esta anécdota a la entrada de la exposición en Düsseldorf. El director del Museo y curador de la inusual exposición, Jürgen Harten, usa esta cita como metáfora de un conflicto de décadas en cuyos polos ubica a Siqueiros y a Pollock. Esto ya nos aclara cuál podría ser el sentido más profundo y el interés histórico de una exposición como ésta. Porque el breve encuentro o los conocimientos técnicos que el norteamericano haya podido adquirir en el taller de Siqueiros no son suficientes para justificar una comparación escenificada con tanta amplitud. Harten, a quien se le atribuye un pensamiento de dimensiones cultural-filosóficas, ha enfatizado en otra parte que a él no le interesaba simplemente una investigación especializada en historia del arte, sino preguntas más profundas relacionadas con la práctica artística y la historiografía del arte de las últimas cinco o seis décadas. Más aún, establece una relación con la caída del muro de Berlín que simboliza el final de la guerra fría. Según su concepción, surge de aquí la oportunidad para una valoración más libre de tendencias artísticas que a raíz de la polarización de los sistemas se han alejado de manera extrema. Uno se pregunta sin embargo, si sus pretensiones y la amplitud con que se concibió la curaduría es transmitida de manera sensible por las obras expuestas, cuando la contraposición de las mismas no nos da la clave en este sentido ¿No es su loable intención de desmantelar presupuestos y cargas ideológicas y someter a examen crítico la historia de la recepción de diversas posiciones, en última instancia, sólo reconocible a través del estudio de los textos del catálogo?

La exposición se concentra en trabajos de ambos artistas de las décadas del treinta y cuarenta. Ha sido concebida antitéticamente y sin dejarse llevar por la tentación de mostrar en forma minuciosa paralelos y coincidencias formales. De todas maneras, esto no serviría como hilo conductor. Por supuesto que en algunas obras de Pollock ejecutadas justo en la época del taller o poco después se pueden reconocer algunos de los procedimientos aprendidos. En Paisaje con toro (1936-1937) por ejemplo, utiliza el compresor y la pistola en otros trabajos empieza a utilizar técnicas que le serán después tan características como el chorreado, el goteo o el difuminado de áreas de color, como lo hizo Siqueiros en Suicidio colectivo o Nacimiento del fascismo (ambas de 1936) y realizadas en Nueva York. Pero justamente la colección de obras de esta época exhibidas en Düsseldorf muestra que él estaba mucho más fascinado por Orozco en su fase de formación. Ocasionalmente se puede determinar con exactitud en cuáles obras de Orozco se inspiraron algunas de las composiciones dramáticas de Pollock. Uno de sus maestros, el regionalista Thomas Hard Benton, quien estaba influenciado por los mexicanos y experimentaba con el muralismo, podría haberle hecho referencia a su obra. Además, la New School of Social Research, en la que se hallan murales de Orozco de 1930-1931, estaba situada frente al lugar donde Siqueiros había instalado su taller. En el catálogo de la exposición de Düsseldorf se menciona esto de manera expresa.
Esto es necesario en un país como Alemania, donde los estudios de Pollock han ignorado tercamente esta influencia. En 1990 en el Württembergischen Kunstverein en Stuttgart se mostró la colección de dibujos que la viuda de Pollock, Lee Krasner, donó al Museo Metropolitano de Arte en 1982. Una de las más importantes revistas alemanas de arte, Kunstforum International publicó una crónica al respecto. Aunque en una de las obras reproducidas de Pollock, salta a la vista su admiración por Orozco, el autor del artículo no lo menciona ni siquiera casualmente. Aunque uno podría atribuir esta omisión al desconocimiento de un comentarista poco conocedor del tema, se puede notar en otro ejemplo que detrás de todo esto se encuentra en realidad una toma de posición. Dos de los más influyentes curadores de Europa, Christos M. Joachimides y Norman Rosenthal, mostraron en 1993 en Berlín y Londres la retrospectiva Arte Americano del siglo XX. A pesar de haber investigado por muchos años y ser un indudable conocedor del tema, Rosenthal no se refiere ni una sola vez, en la parte del catálogo en que analiza la obra de Pollock, al significado que Orozco y Siqueiros tuvieron para él en la década del treinta. Son justamente estas distorsiones en la visión "occidental" del arte del siglo XX con los que se quiere enfrentar la exposición de Harten.

En general, las obras de ambos artistas se muestran en salas diferentes y en espacios marcadamente separados. La excepción la constituye la sala más amplia dedicada a Siqueiros, donde sólo hay dos pinturas de Pollock que sirven de introducción (Going West de 1934-1935 y Cotton Pickers de 1934-1936). Estas están todavía tan orientadas hacia Benton que aquí se prolonga la influencia de la escuela mexicana sobre el maestro. La mayoría de los visitantes las considerarán, a primera vista, obras de Siqueiros: esta es la intención. Al cabo del recorrido se demostrará cuán distintos son los caminos que siguieron ambos artistas a pesar de tener algunos puntos de contacto; esto se hace obvio a través de dos lienzos de Pollock de inicios de los años cuarenta (entre ellos The Moon Woman Cuts de 1943). El visitante, más bien acostumbrado a una estética "occidental" de procedencia norteamericana o europea, será confrontado en esta sala con el violento pathos del arte de Siqueiros. La obra dominante es El día nuevo de la democracia (1943), propiedad del Museo Nacional de La Habana. Del cuadro, colgado muy alto y de 2,5 x 3 m emerge una titánica figura femenina con gorro frigio dominando todo el espacio. Algunos huían prácticamente a la siguiente habitación, más íntima, con obras de Pollock. El piso de arriba se inicia con un espacio donde se muestra obras de los años cuarenta de ambos artistas. En una larga pared cuelgan obras de Siqueiros en piroxilina como La casa mutilada (1947-1951), El diablo en la iglesia (1947) y otras pintadas de la misma manera. Separadas visualmente de estas hay otras dos pinturas más grandes, por así decir, de delirio musical, de Pollock. En un corredor estrecho en forma de caracol cuelgan, como en las paredes de un laberinto, algunas pequeñas obras suyas en papel. Como límite entre ambas concepciones se muestra, en mitad del espacio, en unos páneles negros en forma de zig zag, fotografías de Edward Weston de paisajes y estructuras de piedra y árboles a manera de ensayo visual. Finalmente, en otra zona, se corona el final de la exposición con obras de gran formato de Pollock ejecutadas de manera gestual y a través de goteo, enfrentadas con composiciones de Siqueiros, como Aeronave atómica (1956) y Antenas estratosféricas (1949). Al final está el Biombo de accidentes controlados de Siqueiros, con el que se cierra el círculo que lleva al informalismo de Pollock.
A pesar de que no se pudo mostrar una serie de obras importantes de ambos artistas y que obviamente debían faltar los murales de Siqueiros, se logró una selección impresionante y reveladora. Harten consiguió en préstamo piezas de museos de Estados Unidos, México, Europa e incluso Tel Aviv y Teherán que muy ocasionalmente o nunca se habían mostrado públicamente. Ya sólo por eso valía la pena visitar la exposición.

Por encima de cualquier división, la arquitectura del Kunsthalle de Düsseldorf y la bien pensada museografía permitían siempre el contacto visual con las obras de ambos artistas. Se logró un montaje que provoca la comparación permanente de lo que parece incomparable. Así es como surge un curioso contrapunto de armonías y disonancias, de truenos barrocos, hímnicos e improvisaciones libres de tonos estridentes. La figuración hermética y de formas voluminosas de Siqueiros que lo condujeron al final a la "escultopintura" no tienen aparentemente nada que ver con las abstracciones disueltas y sicogramáticas de Pollock. La materia concentrada en estrechos espacios pictóricos se contrapone a una red energética de sutil y transparente capa pictórica. Y aún así, una y otra vez se establecen correspondencias. Una esencia estética común la constituye el movimiento dinámico, el gestualismo, que incluso traspasa las compactas figuras de Siqueiros con sus pretensiones de significado superficialmente resaltado elevadas hasta el lugar común. No es casual que se lance la pregunta sobre la relación de Siqueiros con la abstracción, que no solamente es polémica, sino que con la que él —al menos en estudios y experimentos— siempre se vinculó. Y en una serie de obras de Pollock se hace obvio que hay algo que va más allá de un "expresionismo abstracto" alejado de todo contenido. Él mismo decía, que él era "a veces muy representativo y siempre un poco". De esta manera la exposición de Düsseldorf motiva a la reflexión de si la estricta división entre categorías como abstracto y figurativo tiene utilidad y si están justificadas en todas sus consecuencias.
La exposición Siqueiros - Pollock en Alemania surge en un contexto particular al mostrar dos artistas que durante décadas constituían los mascarones de proa de dos posiciones antagónicas. En la versión del arte oficial de la parte oriental del país dividido, se consideraba a Siqueiros la encarnación del compromiso social del arte en la "luchas de nuestro tiempo", como decía una consigna utilizada hasta la saciedad. Pollock, por el contrario, se tomaba como el más puro ejemplo de la "decadencia de la burguesía tardía" y como una trágica figura del arte orientado tan solo por intereses mercantiles. En la parte occidental la valoración era exactamente la contraria: Pollock era el protagonista de una concepción liberal del arte y Siqueiros nada menos que un pintor de la agitación procomunista. Aún después de la reunificación alemana se reproducen estos prototipos de valoración tan estrechos y falsos en su generalización. Por lo mismo es muy importante someter una historiografía del arte condicionada por esta situación a una revisión profunda y analizar específicamente la interdependencia e influencia mutua de diferentes expresiones del modernismo, a partir de aceptar como un hecho esta interrelación. Esto se se ha logrado de manera impresionante en Düsseldorf, a través de la obra de dos artistas tan diferentes, gracias a una profunda comprensión de los caminos intrincados de sus respectivas trayectorias

GERHARD HAUPT
Crítico de arte alemán. Reside en Berlín.


