El escultor venezolano Joel Casique cuestiona la división filosófica entre lo natural y lo hecho por el hombre a través de exploraciones sutiles de la acción del tiempo en los medios escultóricos tradicionales. Sus materiales, sea piedra tallada o madera pulida, están con frecuencia lisos por el uso repetido antes de ser incorporados a la escultura. Esta pátina del tiempo da una calidad intemporal a las composiciones esencialmente abstractas de Casique, mientras enfatiza el hecho de que nada, ni la misma naturaleza, puede resistir el tiempo. Recíprocamente, la escogencia de Casique de la piedra celebra los procesos infinitos de sedimentación y metamorfosis que crean sus materiales.
Un elemento espiritual significativo sostiene las investigaciones visuales de Casique. El artista recibió el premio Amster Prescott en Nueva York, a comienzos de 1995, por uno de los trabajos más poderosos de la exposición Caminando alrededor. Esta pieza, compuesta por un bloque de madera, una hoja de hierro herrumbroso, clavos y una piedra verde pulida, se inspiró en un vivido recuerdo de la desintegración del sistema del subterráneo de la ciudad de Nueva York. Pero la reconstrucción de un muro de baldosas en proceso de desmoronamiento, sostenido en su lugar por gruesas vigas de madera, también sugiere el peso de la imaginería católica. El bloque de madera que sostiene la misma escultura recuerda la cruz del Calvario, mientras la piedra verde, taladrada por tres clavos oxidados, evoca el Sagrado Corazón de Jesús. Esta impresión se aumenta por el hecho de que para muchos pueblos nativos de América la vitalidad de un corazón humano podría representarse metafóricamente con la piedra verde.

En Crevice, la textura y el color de la matriz rocosa de la escultura muestran sorprendentes similitudes con los largos clavos de hierro oxidado de ferrocarril que parten la piedra en el centro. Ara tiene el mismo concepto y lo extiende al ambiente único de las ciudades industriales envejecidas. La construcción, que recuerda el edificio neoclásico del que derivan sus elementos, descansa sobre una base de piedras usadas de edificio. El frontón de la escultura, un fragmento de mármol que quizá sirvió como pasamanos de un edificio hace mucho tiempo desaparecido, descansa sobre dos columnas sencillamente trabajadas pero muy pulidas. Dicho frontón parece coronado por una pieza oxidada de hierro, raspada con brochas acerradas e intensificada con rayas de grafito que enfatizan el hecho de que los elementos que enlazan los objetos individuales en la escultura son tanto formales como arquitectónicos. Casique produce resultados similares en Ventanas No. 7 al yuxtaponer los intersticios de una reja de hierro oxidado con los finos granos de la piedra sobre la que reposa.
De manera similar, Ventanas No. 6, construida con una simple losa de pizarra atravesada, instalada sobre un tronco pulido y sin huella de corteza, refleja tanto la arquitectura contemporánea como la cultura pre-europea. Reducido a sus elementos esenciales, el rascacielos moderno lleva un mensaje no demasiado alejado de los múltiples significados que poseen las estelas, mayas y las huacas incas. Las esculturas de Casique capturan los efectos inevitables del tiempo a través del empleo de símbolos constantes que nos recuerdan la humanidad que reposa en nuestros monumentos y el sitio de la humanidad en el mundo natural.
K. MITCHELL SNOW
