Como lo anota Juan Antonio Roda, Germán Londoño es un artista figurativo porque quiere contar cosas y porque le encanta la idea de saber que pertenece a esa tradición inmensa de los pintores figurativos que han recurrido a la figura humana para hacer arte. En su reciente exposición titulada en la Galería Garcés Velásquez, durante los meses de octubre y noviembre. Germán Londoño persiste en su línea figurativa, en el tratamiento expresionista de la figura humana explorando en esta ocasión los medios de la pintura, el dibujo y las tres dimensiones para narrar distintas escenas del acontecer de un viajero occidental en territorio africano, recurriendo a un humor, en ocasiones, "negro, ácido o tierno".
Si bien la temática y el humor son rasgos que persisten a lo largo de toda la muestra, esta se organizó en dos espacios bien diferenciados, en cada uno de ellos se evidencia un tono particular que va desde la anotación intimista propia de la obra de menor tamaño hasta el lenguaje grandilocuente que se refleja en la obra de mayores dimensiones.

En la sala principal se exhibieron las esculturas y pinturas de gran formato. Estas últimas se colocaron de manera que circundan el espacio central de la sala en el que fueron colocadas linealmente las esculturas, generando un gran impacto visual que ubica al espectador ante una expresión de orden monumental en la que se conjuga el humor con el que Londoño trata la figuración, con la magnificencia y el hieratismo de las esculturas. En las grandes telas trabajadas al óleo, se maneja un concepto espacial eminentemente planimétrico en el que en ocasiones aparece la línea del horizonte no con el fin de demarcar como en el paisaje tradicional la división entre el cielo y la tierra, sino para definir el universo de la figura y el de su sombra, el de la figura y su reflejo. Las proyecciones de estos viajeros, cazadores esencialmente, nos sorprenden pues ellas no devuelven la silueta de su imagen corporal sino que a menudo reflejan la de animales salvajes, tiburones y fieras, eso sí, en una actitud tan feroz como la del ávido personaje que con cuchillo en mano atraviesa este paisaje surreal construido con pinceladas pastosas que dan origen a una superficie eminentemente pictórica en la que prevalece la gestualidad de las figuras y la fuerza del color.
Este recurso pictórico está presente en sus pinturas de pequeño formato ubicadas en la sala pequeña de la galería, donde prevalece la misma distribución espacial de la sala anterior. En esta sala se revelan diversos matices expresivos. El dibujo, en ocasiones, se trabaja a manera de boceto, como anotación rápida, en el que predomina el trazo ágil, dando cuenta de una mirada tanto sintética como expresiva. En otras piezas el dibujo abandona su propiedad de apunte para convertirse en caja y objeto, como sucede con Amanecer con viajero difunto y Seis asesinos en una colina, en los que la economía de los recursos pone de manifiesto una sensibilidad, podríamos decir, minimalista que en estos dibujos tridimensionales se revela con fuerza y contundencia, en ausencia del color. Las pinturas de pequeño formato, que se mantienen dentro de esta línea sintética, subrayan un clima surreal que se resuelve por zonas de color, como ocurre en Mujeres africanas desplumando gallinas, una obra de gran encanto en la que conviven el humor y el gusto por lo esencialmente pictórico: color, forma y trazo. Las piezas tridimensionales de menor formato insisten en la representación hierática de este cazador con rasgos africanos ataviado con sombrero de fieltro y maleta de cuero, quien se yergue sobre un montículo de arena a la manera de una figura egipcia. Estas pequeñas piezas en las que se utilizan materiales diversos como arena procedente de territorio africano, hojalata y juguetes infantiles, están poseídas de un tono lúdico que se acentúa con el manejo de la pequeña escala.
La muestra de Germán Londoño revela una gran riqueza de manejos conceptuales y formales. Por una parte ,se trata de una afirmación de la preeminencia de los "valores plásticos puros" que con tanta vehemencia defendieron los pintores vanguardistas. Es a la vez la afirmación de la obra plástica como vehículo narrativo, como una manera de atrapar la anécdota, de contar el apunte, de preservar la visión instantánea. Así mismo, su obra revela la posibilidad de reflexionar, con una gran dosis de humor, desde la plástica, rompiendo la pureza de los medios bi y tridimensionales, sobre el acontecer de la cultura occidental, sobre su afición por lo exótico, por lo ajeno y particularmente sobre el arte del siglo XX, puesto que en esta muestra, tal vez sin proponérselo,
Germán Londoño nos trae a la memoria ese encuentro decisivo entre la figuración occidental y la expresividad africana de que en buena parte se desprende la historia del arte moderno.
MARTA RODRÍGUEZ
