Exposición Individualene 1996 - mar 1996· Por Víctor Zamudio Taylor

Fabio Herrera

Joan Prats

La pintura contemporánea parece movida por impulsos postmodernistas y un retorno nostálgico a una auto-referencialidad modernista desde su posición contemporánea. Más que enfocar su agonía o desaparición, las exposiciones de los últimos años, con aproximaciones formales y temáticas variadas, continúan refiriéndose a sus posibilidades. En estos centros siguen reverberando discusiones referentes a la apropiación; simulación; relación texto-imagen; hibridación; así como la vieja polémica figuración—abstracción, tanto orno el asunto de la materialidad. Después de observar la primera exposición individual de Fabio Herrera en la galería Joan Prats de Nueva York, uno no puede sino pensar que su obra hace muy poca referencia al debate sobre la pintura y sus prácticas, y sin embargo, este permea su nueva serie como un todo.

Exposición Individual: Fabio Herrera — imagen 1
Fabio Herrera. Toro, 1995. Óleo sobre tela. 81 x 76 cm. Cortesía: Joan Pratts Gallery, Nueva York.

Herrera es un artista que cambia entre diversos fines, sin un determinado fundamento o barrera —dependiendo del punto de vista— de propuestas conceptuales. Bajo la influencia de la escuela informalista y en particular de Antoni Tàpies, la pintura de Herrera busca explorar; busca una expresión liberada de autorreferencialidades y funciones y proceso metaartísticos sin embargo, hay un punto crítico que hace que esta posición sea difícil de mantener y que nos lleva al escrito de Roland Barthes sobre Cy Twombly. Refiriéndose a la particular abstracción de Twombly, Barthes reclama que nunca es ingenuo preguntar lo que una pintura representa, ni siquiera cuando aspira a la ausencia del significado, ya que sigue refiriéndose a la naturaleza, sigue vinculada al hombre. Mientras que lingüísticamente referencia y evocación son distintos, en la obra de Herrera se unen y juegan en el lienzo entendido como una zona. Capas de planos geométricos, borradas, una y otra vez, se nutren de un juego de superficies a la Miró, de figuras abstractas. En Magic (1995, mixta sobre lienzo), una pieza emblemática de la exhibición dos formas triangulares dividen el espacio pictórico, una de un café oxidado que aparece manchada, y su contraparte de un rico ocre señalada por una expensa marca de un blanco grisáceo. Una figura en forma de toro que rememora las representaciones de estos animales en los bronces del Cercano oriente: sus cuernos como vértices de un triángulo abierto firmemente denotado . Su trabajo detona mitologías y tradiciones asociadas con el toro y, si uno conoce un poco del paisaje tropical latinoamericano, conjura imágenes del ganado cebú traído desde la India. Tauromaquia, bestiarios, el trópico, petroglifos. Tan pronto como uno ha iniciado estos juegos, el proceso de asociación se ve atribuido y uno está de nuevo viendo envuelto en un presente inmediato con la obra.

En una declaración del artista, Herrera menciona algo que puede ser la clave para develar o complicar más las cosas. Su nativa Costa Rica se caracteriza por drásticos cambios de clima y de la superficie del suelo. Su obra tiene esa calidad lograda a través del ritmo abrupto y la densidad matérica. Quien fuera un pintor de paisajes al inicio de su carrera (Herrera fue un acuarelista por muchos años), ahora encuentra gran placer en romper con viejos hábitos y disciplinas al sentirse fascinado con la libertad del gesto. Pincelada gestual, pintar y repintar la superficie, y cambios abruptos en ritmo y formas de la composición son al mismo tiempo fuente y resultado de sus referencias e impulsos.

Stroke (1995 óleo sobre lienzo) es una obra en este sentido. La superficie está desgastada, manchada, marcada. Las superficies de Herrera evocan los procesos y reacciones de la vida cotidiana: pisos y paredes, todas ellas sugieren una naturaleza vivida, una que ha soportado muchas transformaciones. Rajaduras y una formación de rocas volcánicas aparecen de forma sutil creando densas texturas de varios tipos, evocando geografías concretas o inventadas.

La muestra también incluía obras en papel usando diversas técnicas. Libros encontrados e intervenidos que incluían revistas mainstream traducidas al braille. Herrera percibe los libros como una nueva zona donde dejar su marca. En general no se mete con el contenido lingüístico del libro; está más interesado en sus superficies, tipografías e ilustraciones. En la serie Braille hay un cambio aparente dado que el contenido lingüístico, la marca y el carácter táctil coinciden. Herrera insiste en que él pinta para incitar otros sentidos aparte de la visión. Las posibilidades experimentales de esta línea de trabajo apenas se han tocado. Herrera pinta dentro de la abstracción apoyándose fuertemente en la figuración; poniéndolo de otra manera, su abstracción rebosa de huellas figurativas. En Herrera lo matérico tiene preeminencia; hace que su pintura, enraizada en la naturaleza, no sea importante por sus motivos sino por su proceso. Líneas cargadas de gestualidad organizan la composición y paradójicamente balancean y perturban mientras que la gestualidad llama la atención sobre la subjetividad y caligrafía del artista, no tiene que estar llena de grandiosidad o de épica y atletismo. Puede ser, como en el caso de Herrera, hermética y privada y en su puro presente placentero.

VÍCTOR ZAMUDIO-TAYLOR

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