En torno a Elias Canetti

Felipe Ehrenberg. Fuego, masa y poder, 1995. Técnica mixta. Foto: Guillermo González.

Colectivaene 1996 - mar 1996· Por Antonio Espinosa

En torno a Elias Canetti

Museo de Arte Moderno

Hace unos meses, coincidiendo con el primer aniversario de la muerte de Elias Canetti (Ruststchuk, Bulgaria, 1905-Zurich, Suiza, 1994), el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México presentó una interesante exposición inspirada en el pensamiento del escritor que reflexionó como nadie sobre el fenómeno del poder, esa relación de dominación entre los hombres a la cual, nos sugirió alguna vez, había que mirar el hito en hito —sin miedo— para despojarla de su aguijón. Fueron nueve los artistas que nos ofrecieron su particular interpretación del pensamiento de Canetti y la convirtieron en arte y concepto: instalación. De la lectura o relectura de la obra canettiana, estos creadores derivaron conceptos, imágenes, mensajes, preguntas, signos y símbolos para conformar una exposición de gran pertinencia en el México trágico de nuestros días. Creo que ningún otro escritor habría resultado más pertinente que Canetti, ese gran pensador que en uno de sus libros más eruditos, Masa y poder, expuso la tesis de que la propia existencia colectiva de los seres humanos desemboca siempre, fatalmente, en el dominio de unos sobre otros.

Inaugurada en el mes de junio en la Galería Fernando Gamboa del Museo de Arte Moderno, la exposición titulada Fuego, masa y poder. Alrededor de Elias Canetti estuvo integrada por ocho instalaciones de nueve artistas. Los artistas participantes fueron Carlos Aguirre, Maris Bustamante, Felipe Ehrenberg, Use Gradwohl, Víctor Lerma, Manuel Marín, Mónica Mayer, Humberto del Olmo y Eloy Tarcisio. El título de la muestra aludía a tres de los temas recurrentes en la obra canettiana, abordados bajo distintos enfoques conceptuales por los creadores invitados, quienes realizaron libremente su trabajo en los ocho espacios en que se dividió la museografía.

Carlos Aguirre (1948) descubrió una dialéctica entre la inteligencia y el poder. Para realizar su instalación Dialéctica, inteligencia vs. Poder (1995), Aguire colgó estratégicamente noventa extinguidores (pertenecientes a la Colección Franz Mayer) en el techo de su espacio, a distintas alturas. En medio, a baja altura, colgó una especie de balanza en la que colocó, en un extremo, un cerebro humano y en el otro, un busto en bronce y de cabeza del expresidente Díaz Ordaz (q.e.p.d., con todo respeto). Y abajo del busto, en el suelo, un círculo de cenizas humanas. El artista puso en la balanza la inteligencia y el poder, la razón y la brutalidad, la dialéctica que desgarra al hombre; fuego que arde y se extingue, memoria que permanece y con ella las demandas de toda población que se respete: alimentación, cultura, democracia, educación, independencia, información, justicia, libertad, paz, salud, tierra, trabajo y vivienda.

Maris Bustamante (1949) no es tan dialéctica, ella más bien es caústica, corrosiva. Y su humor ácido se reflejó en la instalación Extendiéndeme la alfombra (1995), donde retrató la locura del poder. Con hule espuma policromado, Bustamante construyó una "alfombra" de cadáveres y objetos, en cuya cima se encontraban un estrado y un micrófono dispuestos para el discurso político. A un lado estaba el líder, el demagogo que no tenía más cara que un espejo y se alzaba sobre los restos mortales de sus súbditos. Felipe Ehrenberg (1943) también dirigió su atención a la masa, al ser enajenado y reprimido por el poder.

In Individuus II (1995) fue el título de su obra, formada por casi trescientas figuras de hombrecitos (colgados en cuerdas con pinzas de tendedero), un muñeco de trapo, dos espejos rotos colocados en el suelo y una serie de palabras pintadas caóticamente en la mampara para definir al ser humano: furia, ira, miedo, terror.

A Use Gradwohl (1943), pintora vienesa que reside en México desde 1973, le preocupa la intolerancia, la brutalidad del poder que coarta la libertad de pensamiento. En Yeca (1995), la artista presentó una caja con libros quemados (en recuerdo de aquellos que quemaron los nazis), dos grandes tiras de papel manchadas y dos bocinas que permitieron escuchar fragmentos de algunas obras de Canetti. Víctor Lerma (1949) y Mónica Mayer (1954), por su parte, afirmaban que no les importaba ni la masa ni el poder, lo cual era mentira. Su instalación A fin de cuentas no nos importa la masa ni el poder (1995) fue un espacio para la reflexión política sobre el México contemporáneo. En las mamparas, pintaron con letras enormes la siguiente consigna Justicia y Democracia. Y más abajo, con letras más pequeñas, la invitación a que el público reflexionara: "Hoy, en este México resquebrajado por la crisis y el escepticismo, ¿qué acción tomaría para llegar a esta utopía?" La gente podía responder en un pequeño cuaderno colocado sobre una mesa, junto al cual había otros cuadernos con textos de Canetti alterados por Víctor, fragmentos del diario de Mónica, documentos sobre los conflictos de nuestra burocracia cultural y otras ocurrencias de esta aguerrida pareja de creadores.

Para Manuel Marín (1951), la justicia y la democracia parecen ser también una utopía. De ahí el pesimismo que revelaba su instalación Masa de sombras (1995), formada por cincuenta y cinco pequeñas esculturas de metal policromado. Igualmente pesimista resultó Eloy Tarcisio (1955) en su escabrosa instalación El mundo desinteresado (1995), en la que reunió cazuelas rotas, franjas de madera con distintas sentencias y cuatro fotomurales con su autorretrato de cabeza, manchadas con sangre de cerdo. Por último, contrario a este pesimismo y en general al mensaje crítico de la muestra, Humberto del Olmo (1961), el participante más joven, prefirió jugar. Presentó una videoinstalación titulada La metamorfosis de Elias Canetti (1995), con tres pantallas en las que aparecían mariposas, signos y rostros de Canetti como parte del juego del gato (dos pares de líneas paralelas y entrecruzadas). Completaban la obra una especie de microinvernadero, en donde reposaban capullos y mariposas, ajenos al juego electrónico de la metamorfosis canettiana, indiferentes hacia el mundo de los hombres.

ANTONIO ESPINOSA

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