El arte haitiano hoy

Andre Juste. To hang a tree, 1990. Técnica mixta sobre madera. 335 x 182 x 27 cm.

Otrosene 1996 - mar 1996· Por Carol Damian

El arte haitiano hoy

Los independientes más allá de los estereotipos y en la corriente dominante

El arte que en la actualidad se define como haitiano nació de la visión de DeWitt C. Peters, acuarelista y docente norteamericano, enviado a Puerto Príncipe como profesor de inglés en misión de guerra; allí descubrió el talento natural de los pintores nativos de la isla. El 14 de mayo de 1944, Peters inauguró el Centre d'Art de Port-au-Prince, construido para proporcionar a los artistas un centro de estudios y de exhibición y venta de sus obras. A través del Centro de Arte, Peters dio a conocer la producción artística haitiana al mundo del arte internacional y atrajo a los turistas deseosos de llevar consigo un recuerdo de esta exótica tierra. Al percibir y aprovechar la oportunidad que se le presentaba de brindar estímulos a los artistas y de obtener apoyo financiero para el Centro, DeWitt C. Peters cambió la imagen de la pequeña y paupérrima isla para siempre. El tipo de arte que promovió el Centro ejerció influencia sobre las siguientes generaciones de artistas, impulsándolos tanto a dar continuidad a la visión de Peters —con fines comerciales— como a afirmar su independencia artística1.

Los artistas que participaron en las múltiples exposiciones presentadas en el Centro de Arte se caracterizaban por ser altamente individualistas. No obstante, la imagen —creada por los artistas naives— que gozó de mayor popularidad entre los espectadores y compradores representaba un hermoso paisaje de sol y mar, salpicado de palmeras y flores. Los artistas naives retrataron a los alegres habitantes de la isla ocupados en su diario quehacer: desde la labor en el campo y la pesca hasta el culto a los espíritus. En esencia, su estilo era el del artista meticuloso que presta atención a cada detalle y utiliza patrones reiterativos plasmados en brillantes colores tropicales. Lo más extraordinario de la cuantiosa producción haitiana es que, a pesar de los años de pobreza, opresión y conflicto sociopolítico, los artistas de la isla continúan representando su entorno como un lugar alegre e idílico, ajeno a estas realidades.

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Ronald Mevs. C negra, 1995. Oleo sobre canvas. 116 x 166 cm

Las décadas de los sesenta y setenta—plenas de dinamismo para el mundo del arte—se convirtieron en un dilema para los artistas haitianos, atrapados entre el éxito comercial de las imágenes tradicionales de la isla y su deseo de ser "modernos" o "haitianos" o ambos. A medida que un número creciente de artistas de la isla viajaba a Francia y a los Estados Unidos, el contacto con movimientos ya instaurados como el cubismo, el surrealismo y el arte abstracto ejercía impacto sobre sus trabajos. La creación de grupos alternativos, promotores de una visión más "moderna" del arte, era inevitable. Aunque cada una de las tendencias alentadas por estos grupos producía trabajo de gran calidad, los artistas se enfrentaban a las dificultades causadas por la falta de aceptación de su trabajo2. El mercado era muy reducido para el artista haitiano que seguía las categorías y el estilo propios de europeos y norteamericanos.

La situación de los artistas haitianos contemporáneos, cuyo arte es producido con el estilo y los medios propios de las tendencias artísticas mundiales, no ha mejorado. Con excepción de unos cuantos, que han logrado superar los estereotipos y ser aceptados en el escenario del arte internacional (Hervé Télémaque, Edouard Duval-Carrié, Philippe Dodard y Marilene Phipps), los artistas haitianos reciben escasa atención y poco apoyo. Aunque trabajan con una gran variedad de medios y tratando temas de interés global, les ha sido difícil sostenerse como artistas contemporáneos e independientes de la herencia artística naif. Algunos de estos artistas trabajan en Haití, donde se les califica como miembros de determinada "escuela" o grupo; otros viven en el Canadá, los Estados Unidos y París, donde trabajan con la satisfacción de poder desafiar la categorización y competir como artistas sin rótulo alguno. La dedicación con que exploran nuevos métodos de representación les ha apartado del escenario haitiano lanzándolos a participar en el mercado abierto. En Haití, donde los dueños de las galerías difícilmente logran explicar estas tendencias divergentes, estos artistas son conocidos como Les Indépendants (Los Independientes). 

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Burton Chenet. Z'Elematurin, 1995. Oleo sobre lienzo. 152 x 100 cm. Cortesía: Virginia Miller Gallery.

Puerto Príncipe mantiene su hegemonía como centro artístico de la nación. Allí, en medio de la vasta producción de arte turístico, podemos encontrar obras de artistas que han incorporado estilizaciones europeas y americanas. Los temas e imágenes relativos a la mujer son la base del trabajo de Jean-René Jérôme y Bernard Séjourné, pintores y escultores conocidos por sus nexos con la School of Beauty (Escuela de Belleza). Los dos artistas experimentan con la abstracción y utilizan una variedad de texturas, imprimiendo cierto misterio a su obra. Los óleos de Philippe Dodard gozan de gran aceptación; su producción pictórica se transforma y madura constantemente adquiriendo a la vez mayor complejidad temática y de superficie. Su obra más reciente consiste en una serie de máscaras y símbolos primitivos dibujados con firmeza de trazo y colorido. Los elegantes contornos característicos de su trabajo se evidencian de manera especial en una serie de dibujos a tinta en blanco y negro, rindiendo homenaje al fascinante mundo de los espíritus que permea la isla y domina cada aspecto de la vida allí. Los loas o espíritus haitianos llegaron a la isla junto con los esclavos africanos en el siglo XVI; se les rendía culto según el ritual Vaudau (Vudú). La sorprendente presencia de los espíritus como elemento del arte haitiano sigue vigente hoy.

La obra en técnica mixta sobre papel producida por Marie-Hélène Cauvin, artista residente en Filadelfia, se basa en "la creencia de que todos los seres vivientes se relacionan entre sí y comparten una energía universal"3. Compartido por numerosos artistas haitianos, este principio se constituyó en un elemento dominante que, bien sea evidente o imperceptible, se halla presente y en constante mutación. En los grabados y dibujos de Marie-Hélène Cauvin, los loas adoptan distintas personalidades a medida que emergen de los ritmos mágicos conjugados en cada compleja composición. Según Emmanuel Merisier, prolífico artista residente en Nueva Jersey y considerado como el líder de los artistas haitianos residentes en los Estados Unidos, los espíritus están presentes bajo la apariencia del expresionismo contemporáneo sin que se haya disminuido su poder; en las imágenes de espíritus haitianos con apariencia cristiana representados por Merisier coinciden dos realidades. Los mismos elementos de doble interpretación de lo real y lo irreal aparecen en la obra de Frantz Lamothe (Haití) y Lyonel "Yony" St. Pierre (Miami). Los estilos y colores de sus obras evocan a Cobra, movimiento de renovación expresionista partidario de una estética primitiva y poco sofisticada que surgió en Europa a fines de los cuarenta.

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Phillippe Dodard. Dans les coulisses, 1995. Tinta. 43 x 61 cm. Cortesía: Galerie Marassa.

Burton Chenet es un artista escindido por dos mundos: Miami y Haití. Sus pinturas son una combinación de recuerdos de la infancia revelados a través del sofisticado entrenamiento académico recibido en los Estados Unidos. Durante su temporada de estudios en Nueva York, Chenet se percató de que las extrañas historias de su niñez podrían convertirse en fuente de inspiración artística. Tradujo los códigos y símbolos del Vaudau en un estilo vibrante y lleno de energía que admite múltiples niveles de interpretación; la estética de ritual y modernismo presente en Z'Elematurin (1995) convence incluso al espectador que desconozca el ritual haitiano.

La artista Marilene Phipps reside en Cambridge, Massachusetts, donde trabaja en el programa Bunting Fellowship in Painting de la Universidad de Harvard. Al igual que Chenet, Phipps recurre a las impactantes sensaciones de su infancia en Haití, presentes en su imaginario. Su pintura es un acto de expresión del ser pero también de comunicación. "En su obra Praying Houngan, la artista invita a los espectadores al diálogo transmitiendo una idea en términos visuales, cuestionando y desafiando sus pensamientos y emociones"4. Phipps transmite sus vivencias físicas y el exilio emocional a través de superficies sensuales forjadas con color y textura. La esencia misma de Praying Houngan se inspira en la mitología haitiana y en espíritus Vaudau que la habitan.

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Carlo Thertus. A Deaf Eye in Europe. Acrílico sobre madera prensada. 12.2 x 12.2 cm.

La mitología de la isla adquiere resonancia política, histórica y religiosa en las imágenes complejas y multidimensionales producidas por Edouard Duval-Carrié, quien vivió en Puerto Rico, Canadá y París y reside ahora en Miami Beach, de donde regresa con frecuencia a su tierra. Con la creación de un sorprendente panorama de espíritus, santos y héroes, Duval-Carrié lleva al arte haitiano a trascender el tiempo y el espacio para entrar en una nueva dimensión de visualización imaginativa5. Personajes históricos —reales e imaginarios— aparecen plasmados en extraños colores y tatuajes, retozando con los loas en medio del exuberante paisaje. Al construirse tanto en comentario sobre los trastocados estereotipos del arte haitiano

como en homenaje a la riqueza cultural y singular historia de la isla, su obra aparece como un altar desde el que se invocan la conciencia moderna del arte y sus métodos históricos. Los métodos modernos se integran a la memoria cultural en los montajes de Hervé Télémaque y en los complejos collages de Roland Jean. Estos artistas que se encuentran lejos de Haití desde hace varios años (Télémaque en París y Jean en Toronto), aparentemente incorporan pocos elementos haitianos en su obra; sin embargo, los atributos simbólicos propios del vocabulario visual de la isla se hallan presentes en sus composiciones. Ambos artistas trabajan en ambientes. Ubres de presunciones acerca de su origen produciendo obras representativas del modernismo internacional que, al ser creadas por artistas haitianos, resultan especialmente excepcionales.

En las imágenes visuales se demuestra la capacidad de estos artistas de contemplar a distancia la vida de Haití, apartándose de su singular historia y de la constante agitación política que la caracteriza. El comentario político asume una gran variedad de formas y logra la máxima efectividad cuando es concebido por artistas en el exilio. Hoy en día reside en el sector jamaiquino de Queens, Nueva York, una comunidad haitiana con más de cien artistas que, aún encontrándose lejos de Haití, continúan representando escenas de la isla desde perspectivas tanto modernas como tradicionales. Cario Thertus redefinió el arte pictórico haitiano por medio de un estilo agresivo y una simbología propia cuestionando tanto la temática haitiana tradicional como inquietudes de carácter universal. El artista —que obsequió su obra The End/The Beginning al presidente Clinton— utilizó este óleo, un gran collage caótico sobre temas de actualidad, para hacer diversas afirmaciones sobre la realidad contemporánea6.  En su más reciente serie de gran formato, pintada sobre láminas de madera con colores vibrantes y expresivos, el artista vierte su energía sobre los problemas mundiales; las atrocidades cometidas en Bosnia hallan expresión en Wake Up, América, Oklahoma City y A Deaf Eye in Europe.

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Vladimir Cybill. Pieza del lamento, 1993. Madera y cintas de satín. 152 x 152 x 76 cm.

Opuesta en tamaño, la escala reducida de los libros se convierte en una poderosa herramienta en el estridente imaginario producido por Rejin Leys, artista de Brooklyn. Considerado como objetos propio de educación y de la comunicación, el libro se transforma en el vehículo perfecto para las perturbadoras referencias creadas por la artista en sus plegables. El alambre de púas que bordea y define las imágenes de Guantánamo Survival Kits no requiere explicación alguna. Tan inquietante como ésta, en la producción realista de Jacques Liautaud (Maryland) se entretejen palabra e imagen, revistiendo de poder los retratos de Papa Doc Duvalier y Joseph Beuys. El mensaje realista presente en los collages políticos del artista y músico Rara Kuyu infunde temor; el pintor confronta la realidad con exacerbada polémica.

Trascendiendo sus fronteras físicas, el contenido narrativo de la nueva pintura haitiana ha ampliado sus fuentes abriendo las puertas de una nueva realidad a aquellos artistas que no se mantienen ya en los confines de un lugar, de una tradición o de un punto de vista. Las esculturas construidas por Andre Juste, joven artista residente en Brooklyn, evidencian el impacto del moderno ambiente industrializado, tan remoto de su herencia isleña. Con la sensación de "haber logrado reconciliar mentalmente su mundo viejo con el nuevo, el artista logra sintetizar los elementos de su arte para reflejar los valores de la modernidad"7. Soléy (Sol), destartalada construcción en madera pintada (1985), se relaciona de manera directa con el Porteaumitan, poste central usado para sostener el techo de un espacio ceremonial Vaudau. Decorado con cintas de brillante colorido, el poste actúa como pasadizo de los espíritus invocados por los sacerdotes. La pieza de madera que Juste cuelga, carece deliberadamente de centro o quizá —comenta el artista— tiene más de un centro. La construcción es mínima, totalmente abstracta. Se destaca como montaje provocador cuyo significado es enriquecido por la mitología haitiana.

Los montajes, las instalaciones, las construcciones y las composiciones conceptuales son categorías propias del arte de los ochenta y los noventa que pocas veces se asocian con el arte haitiano. Sin embargo, un gran número de artistas contemporáneos pone en tela de juicio cualquier generalización acerca del tipo de representaciones que supone su herencia haitiana. Las monumentales esculturas abstractas de metal creadas por Jean-Claude Rigaud no tienen relación alguna con lo "haitiano". Ronald Mevs, artista que eligió el exilio temporal, estuvo hasta hace poco en Canadá, donde desarrolló un estilo independiente y propio produciendo pinturas, esculturas y construcciones de pared bidimensionales. Mevs regresó hace poco a Haití para continuar su carrera artística en la nueva y promisoria atmósfera cultural y social de la isla. El artista logra un máximo efecto visual con atrevidos y coloridos espacios abstractos que combina con elementos lineales sutiles, invocando un lenguaje modernista propio.

El lenguaje modernista de la abstracción y la concepción personal hay en Mario Benjamin un vigoroso defensor. El artista, nacido en Puerto Príncipe, utiliza todos los materiales a su disposición para crear instalaciones misteriosas que convidan al espectador a cuestionarse e interactuar, pero brindan pocas respuestas frente a los desconcertantes montajes. Tan misteriosas como estas son las instalaciones de la artista Vladimir Cybil (Brooklyn), cuya visión contemporánea de la mitología haitiana tradicional y de los espíritus femeninos es una nueva mirada, expresada con materiales no tradicionales, a las interpretaciones y a la mujer moderna.

Los estilos contemporáneos del arte proporcionan materiales novedosos, nuevas oportunidades y medios alternos de expresión a los artistas haitianos deseosos de mantenerse independientes de los frecuentes estereotipos y generalizaciones que los asocian con Haití y con la historia artística de la isla. La obra de este multifacético, variado e independiente grupo de artistas debe ser vista como una contribución significativa al mundo del arte internacional, cobrando aún mayor relevancia gracias a la fuerza del espíritu haitiano que la habita, inspirando creatividad en medio de la adversidad.

NOTAS 

1. La historia del Centre d’Art se encuentra en Selden Rodman, The art of Joy, New York, Ruggles de Latour, 1988 y en Renaissance in Haiti: Popular Painters in the Black Republic of Haiti, Nueva York, Pellegrini y Cudahy, 1948; ver también Michel Philippe Lerebours, Haïti et ses peintres, tomo II, Haïti, 1989.

2. Marie-José Nadal y Gérald Bloncourt, La peinture Haïtienne (Haitian Artists), Paris, Éditions Nathan, 1986, p. 119.

3. Marie-Hélène Cauvin, declaración personal, mayo de 1995.

4. Marilene Phipps, catálogo de exposición, Galería Maurine y Robert Rothschild, Radcliffe College, Cambridge, Massachusetts, mayo de 1993.

5. Carol Damian, Edouard Duval-Carrié, Obra reciente: The Savage Garden, catálogo de exposición, Galería Fernando Quintana, Bogotá, Colombia, noviembre de 1994.

6. Garry Pierre-Pierre, "Haitian Artists’ Colony in Queens", The New York Times, 8 de abril de 1995.

7. Andre Juste, declaración personal, mayo de 1995.

CAROL DAMIAN

Profesora asistente de artes visuales de Florida International University, Miami.

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