Exposición Individualene 1996 - mar 1996· Por María Elvira Iriarte

Eduardo Ramírez Villamizar

Galería Diners

El cuarto trimestre del año 95 trajo a Santafé de Bogotá un nuevo espacio expositivo: la sede propia de la ya tradicional Galería Diners. Para la ocasión, las directivas invitaron al escultor Eduardo Ramírez Villamizar. Los amplios espacios de la nueva sala de exposiciones, una antigua residencia remodelada con buen sentido por la arquitecta Andrea Amaral, acogieron veinticinco esculturas del maestro, realizadas entre 1989 y el año en curso.

Con esta exposición, el artista rinde homenaje a la memoria de Casimiro Eiger, una de las primeras voces críticas en exaltar el talento y capacidad creativa de quien llegaría a convertirse en el gran maestro que es hoy. Ello explica que en lugar del consabido ensayo sobre las obras expuestas, el catálogo reproduzca fragmentos de los textos preparados por Eiger, para sus programas de crítica difundidos por la Radiodifusora Nacional de Colombia, entre 1948 y 1959. Resulta impresionante constatar que esos textos, referidos a la obra pictórica que fuera el primer terreno expresivo de Ramírez Villamizar, no han perdido su actualidad; muchos de los conceptos expresados por el crítico son perfectamente aplicables a las obras recientes.

Exposición Individual: Eduardo Ramírez Villamizar — imagen 1
Eduardo Ramírez Villamizar. Elogio del Caribe, 1991. Hierro oxidado. 84 x 50 x 85 cm.

Todos los trabajos están hechos en chapa de hierro oxidado. Esta sería una constante matérica. Hay otra constante formal, siempre presente: el uso de la diagonal. Las formas que surgen de las chapas de hierro cortadas, dobladas, ensambladas, transformadas en volumetrías potenciales, se definen como diagonales. Línea, plano, volumen, son diagonales respecto a los planos de apoyo, diagonales respecto a las coordenadas con las que usualmente enfrentamos el espacio. Hace al menos veinte años que el escultor investiga con la diagonal como herramienta fundamental de su expresión. Y la maestría en su manejo evidencia un largo recorrido que ha madurado hasta producir piezas soberbias como son Catalejo (1993) y Catatumbo (1995).

Con la exposición de la Puerta relieve, proyectada para el Banco Unión (Caracas) en 1990, las esculturas de esta muestra comparten otra peculiaridad. Son estructuras abiertas que parecen definirse a partir de su límite perimetral, de la envoltura, hacia adentro. En períodos anteriores, la idea de concentración era menos evidente. Vale decir, la diagonal tenía la función dinámica claramente expansiva. En estas piezas la diagonal no sugiere una fuga, sino un dinamismo concéntrico, centrípeto. Las mayores tensiones de cada pieza se crean en sus espacios internos. Los perfiles externos evitan las fracturas, los quiebres, dando una tremenda solidez visual a cada volumetría.

Muchas de las piezas conforman la masa de un paralelipípedo regular inclinado. Masa ilusoria, desde luego, ya que está compuesta de llenos y vacíos, quizá más de aire que de elementos sólidos. Toda la escultura de Ramírez Villamizar está armada sobre el presupuesto de las volumetrías virtuales, conseguidas con el recurso de los dobleces y soldaduras angulares de elementos planos. Los volúmenes son ilusorios, efecto de la angulación, dé los quiebres. Lo real son los planos, cuyo grosor contrasta con la solidez de los volúmenes virtuales. Sólo en algunas esculturas como Elogio del Caribe (1991), Nave espacial o Arquitectura vertical (1995), algunos elementos planos conservan su propio carácter. Estas chapas añaden un toque casi gráfico en las obras, especialmente cuando actúan como líneas y no como planos. Condición que depende naturalmente del punto de vista del observador.

Los planos más fuertes se sitúan en las caras externas de las volumetrías virtuales. Parecen contener, hacia adentro, elementos de menor escala que establecen todo un discurso elaborado por oposiciones, contrastes, ecos y contrapuntos. Aunque aparece en algunos trabajos como El caracol de 1993 o Ruinas circulares de 1995, ya no resulta dominante el recurso de la modulación en escala decreciente, que el escultor utilizó en etapas anteriores de su trabajo. Toda la dinámica interna de las piezas, aunque perfectamente amarrada por su envoltura, habla con lengua propia. En varios relieves parietales de este año, Galápagos, Gorgona No.1 y No.2  y el juego de pequeñas formas interiores llega a contradecir la estructura adiamantada que es el plano definitorio de la obra, restándole fuerza.

De todas formas, las opciones creadas entre los elementos periféricos y su contenido constituyen lo más novedoso en la evolución formal del escultor. El preciso manejo de llenos y vacíos, el dominio total de la materia prima con la que trabaja el maestro, el espacio, hace de esta exposición una gratísima experiencia estética.

Proporcionando al visitante capitalino una oportunidad nada frecuente de apreciar, en conjunto, el trabajo reciente de un gran maestro de la escultura latinoamericana, la Galería Diners inicia una nueva etapa bajo los mejores auspicios.

MARÍA ELVIRA IRIARTE

Eduardo Ramírez Villamizar, por María Elvira Iriarte | artnexus