La obra de Diego Toledo se había caracterizado por un discurso autónomo en el que, en una suerte de monólogo construido a partir de formas orgánicas y texturas, los materiales expresaban su esencia, buscando imponerse ante las formas culturales. Hoy, cuando dicho discurso parece estar sentado, el artista intenta poner a prueba la capacidad de resistencia de tales planteamientos. Pues en las piezas que presenta en Sitio, Toledo recurre menos a los materiales en su estado bruto que a entidades configuradas a partir de elementos naturales que, si bien no fueron concebidas por el hombre, han sido sometidas al rigor de la idea y del lenguaje. Así, paisajes, campos y constelaciones se enfrentan nuevamente a la geometría, al acero y a los cableados eléctricos, pero se confrontan, sobre todo, a la palabra a través de la mirada del espectador. Pues uno de los elementos compositivos básicos de estas obras, tanto en un plano formal como a nivel de su significado, es el valor de una tipografía que se pretende anónima. Diego Toledo hace titubear las correspondencias que hemos asumido entre lenguaje escrito y lenguaje visual que, en este caso, se construyen a partir de fotografías, mapas y composiciones abstractas que frecuentemente semejan (¿o acaso son?) letras.

En sí y no, la afirmación y la negación se recortan sobre un fondo de paisaje sometido a encierro de las formas del lenguaje. Los elementos compositivos de la obra se anulan los unos a otros, creando una tensión exacerbada por la yuxtaposición de una serie de términos antagónicos ("ritmo" - "restringido" - "evolución" - "estancada") que intentan desplazarse pero que la mirada del espectador-lector consigue retener. Estrellas se basa en la confrontación de la palabra "estrellas", la idea "cosmografías" y la simulación de la imagen a la que éstas nos remiten; extrañamente, lo primero que capta nuestra atención en esta obra son las luces de sus costados, posteriormente los círculos concéntricos del mapa en el que, por último, parecen adentrarse las letras que se le sobreponen. Asimismo, los conceptos de tiempo y de espacio que vehicula el vocablo historia en la obra del mismo nombre parecen disolverse, pues pasado y futuro—situados en sus extremidades—pierden consistencia mientras que el presente adquiere volumen para proyectar una sombra caótica e ilegible sobre la pared.
Recurriendo al lenguaje escrito, Toledo obliga al observador a involucrarse con sus piezas, ya que inevitablemente lo conduce a formular un juicio de valor. En sin más y En tu, ya sea que el espacio se inserte en las palabras o que las palabras recorten el espacio, el espectador decide cómo leer las obras para percatarse, habiéndolas descifrado, de que una de ellas sólo especifica sin más mientras que la otra no especifica nada. Así, las palabras que ora se vuelven formas, se significan a sí mismas ya que pierden el carácter engañoso que implica la tipografía al ser vaciadas de su embalaje cultural.
MAGALÍ ARRIOLA
