Colectiva latinoamericana

Alfredo Castañeda, México. Cuatro veces siete, 1995. Óleo sobre tela. 80 x 120 cm.

Colectivaene 1996 - mar 1996· Por Klaus Steinmetz

Colectiva latinoamericana

Galería Espacio

Las causas de que en un determinado país o región se desarrolle un coleccionismo vigoroso son muchas y siempre llevan a todo tipo de especulaciones. La tradición, la acumulación de grandes excedentes de capital, la urgencia de erigir un status pletórico de fetiches y símbolos, la necesidad vital de rodearse de productos del espíritu... Pero tan importante, o incluso más, resulta la presencia, en el lugar y momentos adecuados, de un promotor que posibilite prácticamente la relación permanente de coleccionistas potenciales con determinadas obras. Se trata de los galeristas pioneros, que a través de los años despiertan la pasión del coleccionismo, que suele ser contagiosa.

Este papel lo ha cumplido Rina Avilés en la capital salvadoreña. Con el trabajo de años logró que El Salvador mostrara el ambiente más favorable al mercado artístico de Centroamérica, después de Panamá. Curiosamente, un par de visitas a colecciones de la ciudad mostró esa profunda influencia, que incluso se nota en otras galerías. En Centroamérica, la mayoría de las galerías actúa por mimesis, trabajando con los mismos artistas en un circuito relativamente cerrado. En El Salvador ha sido la misma Galería Espacio la que ha ampliado el espectro incluyendo nuevos nombres, aunque no quede muy claro cuál es el criterio que define esta expansión.

Sí, la exposición anual con el título muy general de VI Muestra de Pintura y Escultura Latinoamericana presenta una selección bastante peculiar de clásicos (José Luis Cuevas y Fernando de Szyszlo) con pintores contemporáneos de renombre pero de línea conservadora (Tomás Sánchez, Ana Mercedes Hoyos y un Julio Larraz que llegó tarde), con contemporáneos de vanguardia y los favoritos regionales (Rafa Fernández, César Menéndez, Elmar Rojas) y un regimiento de nuevos valores que van de lo prometedor a lo lamentable pasando por lo dudoso. Así las cosas, la muestra debería llevar el título sugerente que han escogido algunos galeristas norteamericanos: the gallerist’s choice (la selección del galerista) y uno, como crítico, limitarse a reseñar las obras más relevantes entre lo expuesto.

Colectiva: Colectiva latinoamericana — imagen 1
Rafael Varela, El Salvador. Secuencia, 1995. Acrílico sobre tela. 120 x 130 cm.

Sin duda, lo que más llamó mi atención fue la pieza de Tomás Sánchez, un lienzo típico de la serie de las selvas. Alfredo Castañeda, por su parte, parece haberse convertido en uno de los favoritos de la ciudad y la única y excelente obra debió venderse de inmediato. Entre tanto culto a la figuración de tendencia realista debía sorprender, como descontextualizado, un acrílico de Guillermo Conte que mezclaba sutilmente el lirismo con lo onírico. Por su parte, Szyszlo y Cuevas cumplían, lo mismo que Ana Mercedes Hoyos, mientras que las piezas de Delia Cugat no eran especialmente notables.

En su género, me sigue sorprendiendo cada obra que encuentro de Johnny Villares, como me sorprendió descubrir que el público del país haya hecho de Jorge Tamayo uno de sus favoritos. ¿Cómo se explica dicha popularidad?

Entre los locales es sin duda César Menéndez el más experimentado y justamente reconocido. Para el recién llegado también era una sorpresa Rafael Varela, un joven artista con dos rostros: uno lamentable, de un pintor que se ha entregado a la paleta colorida y complaciente que le exige el mercado, retratista de escenas folclóricas y de indios cotidianos; y otro sensacional, hiperrealista en dos o tres tonos, que carga barcas y sus retejos de un aire metafísico incomparable.

En general, mucha cantidad y la necesidad de escoger con cuidado los pocos verdaderos diamantes. Pero claro, en el torpe y provincial ambiente de las galerías centroamericanas, aire fresco, una labor pionera y encomiable, con la que Rina Avilés consigue atraer el interés internacional por El Salvador.

KLAUS STEINMETZ