Su colección es producto de una pasión. Sus palabras son producto de la experiencia, sus aseveraciones lo son del estudio, de la curiosidad, de la capacidad de asombro ante un encuentro inesperado pero presentido. Siendo espectador de un proceso y protagonista de un hecho, de hacer realidad un proyecto, el coleccionista abre sus brazos (y su bolsillo) a los criterios que guían su elección. Pero no puede elegir sin razones, porque este no es un acto libremente espontáneo, ni accidental. Se presiente la conciencia de que la elección no puede ser necesariamente buena porque él la ha hecho, también se presiente que esa elección no es independiente de las razones que le guían. Este acto, tampoco es un acto irracional guiado sólo por los sentidos. El coleccionista consciente sabe que la libertad de elegir es válida cuanto está limitada y estos límites los crean los criterios y razones que guían el camino hacia el objetivo que debe tener una colección.
Es importante comenzar citando al protagonista de este proyecto, porque sus palabras expresan las diversas fuerzas que lo han guiado y los obstáculos con los que se ha encontrado. Ignacio Oberto ha dicho que "no es fácil armar una colección, que éste es un proceso que plantea exigencias de todo tipo, incluso familiares. A la larga, lo que en algún momento pueda parecer un sacrificio, se convertirá en retribución al disfrutar la colección. Lo importante es aprender a jerarquizar, a establecer prioridades. Después de todo, ¿qué es más importante, un pasatiempo efímero o la incorporación de una buena obra? El tiempo comprueba y reafirma siempre lo que vale la pena y eso se produce cuando uno vive la redimensión de sus artistas y el crecimiento de sus obras, cuando se confirma la buena elección. En incontables ocasiones hemos enfrentado grandes desánimos: desde la incomprensión de algunos artistas cuyo ego le impide entender el esfuerzo que representa crear una colección, hasta el sistema de aplique monetario y distorsión ficticia del mercado porque piensan que uno es millonario. Muchas veces he vivido la situación de luchar por el precio de una obra que no tenía mercado ni posibilidades de salida hasta el momento en que yo me interesé por ella. Cuando los artistas e intermediarios especuladores se enteran de lo que representa una determinada obra para la colección, establecen falsas escalas de costos. Por último, es duro ver cómo algunos artistas en quienes se vislumbraba una buena carrera, caen ante la arremetida del boom comercial y se degradan en sus posiciones por no saber llevar dignamente su profesión. Pero el reverso de la moneda es la recompensa de disfrutar de las obras que con el tiempo se sostienen e incrementan su valor. La creación de una colección, por lo demás, siempre retribuye espiritualmente cuando se aprecia lo que se tiene entre manos. La vida cambia, uno transforma sus valores, aprende a dedicarse y a vivir a plenitud su tarea"1.

En algunas oportunidades conversé con Ignacio y Valentina Oberto sobre su pasión por el arte. Recuerdo que una vez fue sobre Gauguin y lo que significaba para ellos la historia de este artista singular, hasta el punto de que su residencia privada lleva el nombre de Noa Noa. Así se llama la fundación que recién han creado para proteger su extraordinaria colección de arte venezolano y de escultura latinoamericana, la que, recientemente, ha sido expuesta (en parte) en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (MACSI). Los años ochenta vieron nacer este proyecto y desarrollarse vertiginosamente. Iniciado discretamente pero con mucha pasión, poco a poco fue uniéndose a la pasión el conocimiento, la investigación y la necesidad de conferirle una columna vertebral dentro del proceso que ha seguido el arte en el país desde la década del cincuenta. En pocos años se ha convertido en la única colección de arte venezolano que tiene un carácter histórico, conceptual y formal. La cantidad de obras hasta ahora adquiridas y la diversidad de tendencias representadas a partir de ellas, cuidadosamente seleccionadas de acuerdo a un cuerpo teórico que animó a los coleccionistas (junto a Ignacio Oberto está su esposa Valentina), permitió hacer una clasificación de nueve núcleos: "Constructivismo", "Informalismo", "Iluminaciones", "Conceptualismo", "Tres décadas en dos dimensiones", "Hipermedios", "Escultura latinoamericana", "Monografías" y "Fotografía contemporánea". Y bajo esta jerarquización fue expuesta en el Museo.
Iniciar una colección conlleva una profunda pasión y es esta pasión lo que en realidad conduce a alguien a atesorar un conjunto de objetos que primeramente deben satisfacer su gusto y luego, lógicamente, formar parte de un patrimonio. La pasión, ya se ha dicho, debe ir acompañada de una buena dosis de conocimiento e información para que la colección tenga un valor real, cultural y económico, y no solo sentimental. El coleccionar es un acto que involucra una buena dosis de riesgo así como de reto. Riesgo en los valores de consumo y reto en los valores artísticos y de uso. Muchas obras pueden no satisfacer en el futuro las expectativas del coleccionista. Por ello se necesita de bastante audacia.

Sobre el hecho de adquirir una pieza, declara el mismo Oberto que comprar una obra es un acto que involucra por igual cerebro y corazón. Surge de la pasión por el arte, pero se estructura sobre criterios sólidamente establecidos y pensados. La decisión se toma racionalmente, obedeciendo a patrones de calidad para que la obra conserve y vea mejorar su valor con el tiempo, pero nunca deja de estar presente el corazón, que nos lleva a comprar sólo aquello que realmente nos gusta. En otro nivel, los Oberto han vivido de cerca estos años de la plástica venezolana, ellos no pueden considerarse coleccionistas de "generación espontánea". Su interés no solo ha sido teórico, sino que también han participado como promotores en la proyección del arte venezolano. Por muchos años, Ignacio Oberto formó parte de la directiva de la Fundación Amigos del Museo de Bellas Artes de Caracas, donde jugó un papel bien importante y con quien me tocó compartir muchas fructíferas reuniones de trabajo.
Una visión del arte venezolano contemporáneo: colección de Ignacio y Valentina Oberto fue el título de la muestra. En efecto, las obras exhibidas, de acuerdo a los núcleos interpretativos, ofrecen eso: una visión. No es de ninguna manera un panorama exhaustivo de lo que ha sido el amplio y complejo proceso de las artes visuales venezolanas desde los años cincuenta. Aquí se presentó un punto de vista guiado por las obras registradas y añadidas a la colección. Pero a partir de ellas pueden tenerse criterios de estudio y análisis, pues Oberto se dedicó con ahínco a hacer engrosar las filas de su colección con obras claves, con obras seminales y fundamentales a la hora de estudiar los caminos que ha recorrido el arte por estos lares.

De acuerdo a la información del MACSI, la Colección Oberto se ha convertido en un punto casi obligado para los estudiosos e investigadores del arte venezolano de estas últimas cuatro décadas, así como una reserva de obras para ser solicitadas en préstamo para exposiciones en museos e instituciones importantes. Los puntos a enfatizar en este importante proyecto no se refieren sólo a la acumulación y catalogación de obras y objetos en sí mismos, sino también al hecho de complementarla con documentos, bibliografía, información sobre los artistas representados, manifiestos, siguiendo un hilo coherente de acuerdo a los objetivos trazados.
De acuerdo a los núcleos distinguidos en categorías, diríamos formales, el primero correspondería a los años cincuenta, cuando de una manera contundente se desarrolla en Venezuela el arte geométrico/constructivo (no así "constructivismo"), como una derivación de los códigos plásticos desarrollados por los constructivistas europeos. En este espacio formal se ubica la obra de los artistas "disidentes" que vivían en París y allí forman el grupo harto conocido en la historia del arte venezolano: Alejandro Otero, Pascual Navarro, Luis Guevara Moreno, Mateo Manaure y Carlos González Bogen2, todos dentro del arte no figurativo. Esta circunstancia va a completarse con la creación, por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, de la Ciudad Universitaria de Caracas, donde éste pone en práctica el concepto de integración de las artes, muy en boga en la época y donde muchos de estos artistas van a dejar una obra importante. Esta década abre un período de contemporaneidad en el arte nacional, el que hasta finales de los años cuarenta estuvo fundamentalmente dominado por la temática del paisaje. Es precisamente esta década una de las más polémicas en términos teóricos. La abstracción se oponía a la figuración como un principio de universalismo, a la vez que se alejaba de la representación figurativa como una manera de desechar el sensualismo de la pintura paisajista local. Las obras se sostenían con formulaciones teóricas. Otros artistas ubicados en esta sección son Gego, Gerd Leufert, Marcel Floris, Nedo, Harry Abend y Francisco Salazar.

El informalismo constituye el segundo núcleo. Como podemos ver, se sigue prácticamente una secuencia histórica, aunque cuando se hace la salvedad de que evidentemente no pueden trazarse límites inflexibles a la hora de analizar las diversas corrientes que aparecen en determinados períodos, ya que estas se entrecruzan y muchas veces conviven armoniosamente, como sucede en el presente. La práctica del informalismo como tendencia fue una reacción desde el interior del artista mismo como una protesta a los acontecimientos históricos nacionales. En este sentido, también puede caracterizarse como un ejercicio de la "protesta" el interés que surge por la nueva figuración hacia la misma época. Hubo poco tiempo para la teoría y más para la acción. Esto es fácilmente visible en las obras producidas, caracterizadas por una tremenda violencia. La imagen de la sociedad y del hombre había cambiado, en consecuencia también cambiaba la expresión artística. Ya no existía una imagen ideal del hombre (también hoy se ha desintegrado), por eso el artista expresaba su desilusión a través de texturas calientes y violentas, a través de lo matérico, con gestos desesperados y rabiosos. Los agitados años sesenta dejaron su huella. Las improntas de artistas e intelectuales que formaron El Techo de la Ballena, El Círculo Pez Dorado y de aquellos que realizaron el no menos feroz espectáculo de la exposición Homenaje a la Necrofilia. Muchos fueron los artistas protagonistas de esta época, entre ellos Maruja Rolando, J. M. Cruxent, Carlos Contramaestre, Daniel González, Angel Luque, Elsa Gramcko, Humberto Jaimes Sánchez, Alberto Brandt y los escultores Pedro Briceño y Pedro Barreto, quienes si bien realizaron una obra tridimensional que podría ubicarse dentro del informalismo, derivaron posteriormente hacia una suerte de abstracción geométrica.
El núcleo tres fue titulado "Iluminaciones", poco comprensible, a menos que se trate de artistas categorizados como "iluminados" en términos esotéricos. ¿Será eso? Ahora en serio, los creadores que aquí se ubican se definen como "artistas maestros": Jacobo Borges, Mario Abreu, Emerio Darío Lunar, Bárbaro Rivas, Miguel von Dangel y Apolinar. Si se trata de haber creado una obra "iluminadora", lo que es un poco exagerado, no puede escatimarse que la producción de estos hombres ha sido fuente nutriente, plástica y temática, en el arte venezolano. Cada uno es un caso aparte en cuanto a su influencia y proyección. Uno de los fuertes de la Colección Oberto podría ser el núcleo cuatro, "Conceptualismo", y el número seis, "Hipermedios". De una manera un tanto libre podrían juntarse, aunque aparentemente el uno no tenga nada que ver con el otro, pero es evidente que en sus planteamientos teóricos se interrelacionan, aunque no en los medios utilizados para expresarlos. En el conceptualismo, expresión plástica que comienza a practicarse en el país desde mediados de los años sesenta, basta recordar cuando en esa época, Antonieta Sosa, representada en la colección, en un gesto de rebeldía plástica y "propuesta conceptual", hizo llevar en hombros, como un féretro, una de sus esculturas, Estructuras primarias del Ateneo de Caracas a la Plaza de los Museos y la rompió hasta convertirla en una pila de pedacitos de madera y fórmica. Aquí están representados Claudio Perna, Héctor Fuenmayor, Eugenio Espinoza, Diego Barbosa, Pedro Terán, Roberto Obregón, Milton Becerra, Luis Villamizar, Carlos Zerpa y Theowald D'Arago. Esta parte de la colección contiene obras y especialmente documentos, manifiestos, fotografías, videos y otros materiales, puesto que muchas de las propuestas se hicieron como performances, instalaciones efímeras, actos pasajeros, de los que sólo se conservan testimonios documentales. El conceptualismo deriva hacia la cultura multimedia de los ochenta y noventa y en el núcleo seis, titulado "Hipermedios", están artistas como Nan González, Óscar Molinari, Leonor Arráiz, Sammy Cucher, José Gabriel Hernández, José Antonio Hernández-Diez, Yeni y Nan, Nela Ochoa, Alí González, Meyer Vaisman y Pedro Tagliafico. Como el título lo anuncia, el trabajo de los artistas ha versado fundamentalmente en la exploración de medios múltiples, materiales diversos y del espacio físico. Aquí se trata de instalaciones en la que se incorpora la imagen televisiva, el video-clip, etc. Es, en síntesis, una exploración de medios no tradicionales propios de tecnologías avanzadas.

El núcleo cinco alberga el arte de los ochenta, con una generación de artistas que se ha considerado "intermedia". Los grandes formatos son importantes, la explosión gestual también, así como la formulación no representacional. La práctica del dibujo en esos años se convirtió en un boom, y la diversidad de lenguajes abarcó desde las propuestas del realismo pasando por las conceptuales hasta el hiperrealismo. El núcleo siete corresponde a la escultura latinoamericana. La obra tridimensional latinoamericana, no escultura en el sentido tradicional, está representada en la Colección Oberto por obras de artistas como Alfredo Jaar, Doris Salcedo y Jac Leirner, quienes trabajan con medios y materiales fuera de lo corriente, alterando los soportes, utilizando objetos o elementos propios de la vida cotidiana y explorando el espacio en varias dimensiones. La escultura latinoamericana de grandes formatos está ubicada en los jardines de la residencia de los coleccionistas. Obras de Ramírez Villamizar, Agustín Cárdenas, Gonzálo Fonseca, Édgar Negret, Carlos Rojas y Marisol Escobar, son acompañadas por los venezolanos Miguel Borrelli, Carlos Mendoza, Max Pedemonte, Milton Becerra y Harry Abend.
Los dos últimos núcleos, el ocho, "Monografías", y el nueve, "Fotografía", son capítulos especiales en la colección. El primero es una decisión personal de los coleccionistas, la cual pueden ejercer en todo su derecho. Pero podría éste considerarse uno de los puntos más peligrosos, porque aquí se trata de determinar aportes, influencias de unos artistas sobre otros y además de establecer una "historia". Los "conjuntos monográficos" son, de acuerdo a Oberto, especies de homenajes "dada la cantidad y alcance de piezas representativas que de su obra alberga la colección". Entre estos artistas están Sigfredo Chacón, Roberto Obregón y Miguel von Dangel. La parte correspondiente a la fotografía la constituyó una pequeña selección de lo que es realmente la sección de fotografía de la Colección Oberto. Por razones curatoriales, solo se mostraron aquellas en las que la presencia de una cualidad pictórica es resaltante. De acuerdo a la cantidad que el coleccionista posee, ameritará de una exposición exclusiva de este núcleo, puesto que se le considera como la colección más exhaustiva de la fotografía en Venezuela.
Podría considerarse una verdadera experiencia artística y estética el visitar la exposición. Muy bien instalada en los hermosos espacios del Museo, en su conjunto ofreció al visitante una visión del arte en Venezuela. Hay otras visiones, pero a partir de esta colección se puede perfectamente estudiar importantes períodos y épocas del arte en el país, a partir de las obras mismas. De la severidad formalista de los años cincuenta se llega a la libertad y diversidad de lenguajes de los ochenta y los noventa. La ruta se hace múltiple, las lecturas diversas; la ausencia de una dirección estricta y limitada le ha conferido al artista una nueva libertad, la que afortunadamente muchos han sabido manejar en función de crear una obra sin olvidar la conciencia histórica, ni el presente ni el futuro que la juzgará. Una colección de esta naturaleza es un orgullo para el país, y así lo sentimos todos en esta Venezuela en crisis.
NOTAS
1. Las citas de declaraciones de Ignacio Oberto fueron tomadas de boletines de prensa suministrados por el MACSI.
2. Se mencionan sólo algunos artistas representados en la colección y en la muestra del MACSI.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
Doctora en Historia del Arte de La Sorbona, París; MA del Courtauld Institute of Art, Universidad de Londres. Crítica de arte, especialista en arte latinoamericano. Presidenta Honoraria de la AICA Internacional.

