Exposición Individualene 1996 - mar 1996· Por Carol Damian

Ana Albertina Delgado

Galería Ambrosino

La instalación creada por Ana Albertina Delgado transforma el espacio vacío de la galería en una visión femenina descrita en telas blancas transparentes, tubos plásticos traslúcidos, tondos de piel suave de conejo y dibujos elegantes. Al entrar a través de una zona pequeña en la que cuelgan lo que parecen ser velos blancos, el espectador es invitado a ingresar en la versión de la artista de su "carta" autobiográfica descrita en tres cortinas de organza delgada. Inscritas con recortes cosidos que simbolizan sus líneas de descendencia materna y recortes de las partes esenciales del cuerpo, las telas también están decoradas con borlas de pelo y botones, objetos de identidad personal y de carácter doméstico. La naturaleza sensual del tejido se emplea para presentar un vocabulario basado en tradiciones femeninas que revelan su naturaleza espiritual, sus recuerdos y la esencia de su personalidad. Trabajando con materiales que contienen numerosas asociaciones personales, Ana Albertina Delgado aplica las habilidades dibujísticas que son la esencia de su arte a nuevos modos de expresión.

Exposición Individual: Ana Albertina Delgado — imagen 1
Ana Albertina Delgado. Paquita nos ha dejado, 1995. Instalación. Piel de conejo. Cortesía de Ambrosino Gallery, Miami.

En la segunda galería, la artista dibuja directamente en las paredes, utiliza fotografías y películas plásticas, así como medallones de piel de conejo y objetos arreglados en tubos plásticos claros para ampliar la elaboración del tema autobiográfico de la entrada. Todo lo anterior se concentra en imágenes e ítems de percepción sensual que se mantienen luego de que su naturaleza física ha desaparecido. Los tres tondos de piel de conejo suspendidos libremente del cielo raso están grabados con los títulos de obras significativas producidas durante su carrera que la artista desea mantener y preservar en otro contexto. La textura táctil blanda de la piel blanca es una superficie sorprendente por las letras cuidadosamente inscritas, una sensación confusa a manera de una declaración provocativa sobre la naturaleza de los materiales y sus asociaciones. Los tondos completan la fragilidad de las hojas de plástico claro con cuerpos blancos impresos que cuelgan a su derecha y lo traslúcido de los objetos plásticos que están suspendidos a la izquierda.

Los cinco tubos de plástico cuelgan ante una pared dibujada meticulosamente con la imagen en silueta de Paquita, un alter ego imaginario con asociaciones con el popular bon-vivant español, Paquita. Por los objetos arreglados en los cilindros plásticos, Paquita presenta notas personales y serias: una foto de la mesa de comedor de su familia en Cuba, huesos y objetos cerebrales; un feto como un capullo de gusano de seda envuelto en nylon blanco; un bebé flotante con florecitas y el cabello de la artista entretejido con el de su esposo. Cada una de estas notas es una referencia a los sentidos humanos y el cilindro plástico cristalino aparece como un recipiente delicado de sus memorias. Los pequeños objetos incluidos son un recordatorio frágil del viaje de la vida y de la persistencia de los cinco sentidos aún después de la muerte cuando aquellos se hacen parte de la historia personal de uno.

Dedicada a la fragilidad humana, la instalación de Ana Albertina Delgado invoca recuerdos del pasado que vive en el cuerpo y alma de los descendientes de una familia, vistos desde una perspectiva femenina y creados a partir de materiales tan preciosos como los de un mundo de mujer.

CAROL DAMIAN

Ana Albertina Delgado, por Carol Damian | artnexus