La Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe, fundada en 1970 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (equivalente en Puerto Rico a un Ministerio de Cultura), en reconocimiento a la importante tradición que se desarrollara en esa singular isla caribeña en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta en el campo del grabado (recordemos a Lorenzo Homar, Carlos Raquel Rivera, Manuel Hernández Acevedo, Rafael Tufiño, Domingo García, Luis Hernández Cruz, Myrna Báez, Marcos Irizarry, Antonio Martorell y Luis Alonso), fomentando además el intercambio artístico entre nuestros pueblos, es todavía aunque la calidad de la obra sometida y seleccionada ha disminuido y ia energía que marcaba la bienal en sí ha sufrido durante los últimos años—el evento más antiguo e importante de su clase en América Latina.
En ésta su undécima edición, la Bienal de San Juan cumple 25 años de fundada y está tratando de volver a aquellos momentos de esplendor que la marcaron durante muchos años, cuando la participación de artistas del calibre de Rufino Tamayo, Roberto Matta, José Luis Cuevas, Antonio Seguí, Liliana Porter, Rolando López Dirube, Omar Rayo y Jesús Rafael Soto, para sólo mencionar algunos, hacía de este encuentro un verdadero banquete donde celebrábamos todos la riqueza de nuestras visiones y la originalidad de cómo y sobre qué se imprimía.

La obra que comenzara el gobierno de Luis Muñoz Marín (gobernador de Puerto Rico de 1952 a 1964) en el campo de las artes gráficas con el fin básicamente didáctico de instruir a la comunidad (División de Educación a la Comunidad), impulsada por Carlos Manchal, Irene y Jack Delano, Félix Bonilla Norat y un grupo de artistas excepcionales, es culminada por Ricardo Alegría, fundador y primer Director Ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el galerista italiano radicado en San Juan, Luígi Marrozzini, el maestro grabador Lorenzo Homar y muchos otros grabadores dedicados que lograron hacer de la idea de la Bienal de San Juan una realidad. La XI Bienal, como las diez anteriores, está dedicada a un artista extranjero y a uno puertorriqueño a quienes se les organiza una exposición homenaje. Este año se le dedica la bienal a la grabadora brasileña Fayga Ostrower (quien está exhibiendo su rica obra en el recientemente restaurado Museo de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras) y a la Tradición del Portafolio de Grabado en Puerto Rico (esta impresionante exposición está en el Museo de las Américas, en el Antiguo Cuartel de Ballajá en el Viejo San Juan). Otros artistas a quienes se les ha dedicado la Bienal han sido José Clemente Orozco, José Guadalupe Posada, Joaquín Torres-García, Mauricio Lasansky, Roberto Matta, José Luis Cuevas, Rufino Tamayo, Lorenzo Homar, Rafael Tufiño, José Alicea, Manuel Hernández Acevedo, Marcos Irizarry, Antonio Martorell, Myrna Baéz, Luis Hernández Cruz y Carlos Raquel Rivera.
Según el texto de la convocatoria de la Bienal de San Juan, el propósito es el de presentar lo mejor de la producción gráfica en América Latina y la Región del Caribe, destacar nuevas expresiones, estimular el intercambio de ideas y técnicas entre los artistas, y promover el acercamiento cultural entre los pueblos hermanos. Los requisitos de las obras especifican que bajo la calificación de grabado se comprenderá toda gráfica multiejemplar, que las obras deberán formar parte de una edición original, numerada y firmada por el artista, y que todas las obras sometidas no deberán exceder las medidas y dimensiones de 8'x 4' (96 x 48 en pulgadas o 244 x 122 en centímetros).

El jurado internacional de selección y premiación estuvo compuesto por Florent Box de Bélgica, Ivonne Pini de Uruguay-Colombia, Bélgica Rodríguez de Venezuela, Kathleen Caraccio de los Estados Unidos, Ticio Escobar de Paraguay y Fayga Ostrower de Brasil, y fue presidido por Enrique García Gutiérrez de Puerto Rico. El total de obras recibidas fue de 874, sometidas por 474 artistas; cada artista podía someter un máximo de dos obras.
Un total de 189 obras de 122 artistas (un 18% de las obras sometidas y un 25% de los artistas que sometieron obras) fueron aceptadas por el jurado. De los 20 países que participaron, a 6 no se les aceptó ninguna obra. Los países representados en la XI Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe son: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Los países que no sometieron obras a esta edición de la Bienal de San Juan fueron Belize, las Guayanas, Haití, Jamaica, Surinam y Trinidad y Tobago.
El jurado internacional otorgó siete premios de igual categoría, de dos mil dólares cada uno, y cinco menciones honoríficas. Los siete premios les fueron concedidos a Alicia Candiani, de Argentina, por su obra El despertar de la sirvienta, Evandro Carlos Jardim, de Brasil por Vista da margem, Fabián Rendón, de Colombia, por sus grabados en el libro Cuaderno de mapas, Agustín Bejarano Carvajal, de Cuba, por La dulce idea de existir, Carlos Colombino, de Paraguay, por La Guadaña, Corina Briceño, de Venezuela, por Hombre ancestral, y María Melero, de Puerto Rico, por A algunos les da caspa. Las menciones de honor fueron para Marcio Pannunzzio de Brasil, Angélica Chio y Patricia Torres Ortiz, ambas de México, Ariel Seoane Aparicio de Uruguay y Griselle Soto Vélez de Puerto Rico.
Los premios y las menciones fueron acertados ya que reflejan un gran dominio de las distintas técnicas del grabado y la mayor parte de las obras son profundas y de trascendencia. En La dulce idea de existir, el cubano Agustín Bejarano Caballero, como lo había hecho su compatriota Ibrahim Miranda en la X Bienal, traduce la increíble locura de la sobrevivencia. El artista recrea una fantástica Doña Quijota en relación con su poderoso Caballero Molino de Viento. Los grabados del colombiano de Juan Manuel Roca, Cuaderno de Mapas, son exquisitos "mapas" donde se oyen ecos de Julio Verne, Jorge Luis Borges y Michel Foucault. El aguafuerte del brasileño Evandro Carlos Jardim, Vista da margem, puede ser visto como la poética y casi pacífica topografía de una pesadilla. La sugestiva litografía El despertar de una sirvienta, de la argentina Alicia Candiani, nos hace pensar inmediatamente en una combinación entre la Mona Lisa, la impredecible Madonna y cualquier primera dama genérica de la América Latina de los años noventa. Hombre ancestral, colografía de la venezolana Corina Briceño, se acerca a una imagen prehistórica compuesta de líneas y signos que nos acercan al misterio de la trayectoria que nos ha traído hasta el final de este segundo milenio que inventamos. La Guadaña, obra del paraguayo Carlos Colombino, una mezcla del pluma, ancla, zapato, sombrero (¿de la película The Wizard of Oz?), y la de la puertorriqueña María Melero, A algunos les da caspa, una caja de fuego con un caracol que nos recuerda tanto a un Seguí ecológico como a un objeto con el cual Dante hubiera podido tropezar en el octavo círculo de su Infierno, aunque interesantes desde un punto de vista estético son las menos memorables entre las premiadas.
En general, la selección hecha por el jurado en abril de 1995 es sólida y se ve claramente un riguroso proceso de selección que tiene en mente sentar bases para el futuro. No obstante, todavía en esta edición de la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe, vemos que nuestros más reconocidos grabadores no están participando y que la obra que se está sometiendo, aunque de gran calidad técnica, no tiene ni los deseos de romper con límites tradicionales ni la pasión necesaria para hacernos ver más.
Las recomendaciones más lógicas que podemos hacerle a la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe para su duodécima edición en 1997 y para el futuro en general son las siguientes:
1. La Comisión Organizadora tiene que reanudar su antigua política de invitar a los grabadores de más importancia de nuestra América para que participen —sin pasar por el cedazo de un jurado de selección— en la próxima Bienal de San Juan. Lo que hace un evento como este interesante es el contrapunteo entre los artistas ya reconocidos y aquellos que comienzan a abrirse paso.
2. El premio no puede continuar siendo de dos mil dólares. Para atraer grabadores de importancia, cuya obra es ya cotizada internacionalmente, el premio no puede ser de menos de diez mil dólares, aunque esto signifique una reducción del número de premios.
3. Hay que pensar seriamente si la Bienal de San Juan se debe limitar a América Latina y al Caribe o si, por el contrario, se debe abrir a todos los países del mundo.
4. Se tiene que enfatizar que la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe es un espacio de vanguardia y de experimentación, al tiempo que continúa siendo el escenario del grabado "clásico". Esta bienal no puede seguir estancada en una visión cerrada de lo que ha sido el grabado. El grabado también puede ser tridimensional, medir lo que le dé la gana, tener cualquier forma, estar impreso sobre cualquier cosa y puede estar acompañado de toda clase de elementos desde la cámara y la pantalla hasta el noble cuerpo humano.
5. Finalmente, el Gobierno de Puerto Rico tiene que darse cuenta de la importancia de este proyecto y ser muchísimo más generoso con los fondos que le asigna y con su apoyo en general.
Junto al Festival Casals, la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe puso a Puerto Rico en el mapa cultural latinoamericano y mundial durante los años setenta y el principio de los ochenta. La importancia de la celebración de este evento genera en toda la isla una hermosa efervescencia en museos y galerías que presentan sus excelentes saludos a la Bienal y una saludable expectativa entre los amantes del arte. Puerto Rico no debe dejar morir este magnífico proyecto. La XI Bienal fue un notable ejercicio y la exposición de las obras en las salas del Arsenal de la Marina-la Puntilla, en el Viejo San Juan, es meritoria, pero hace falta mucho más para que esta Bienal vuelva a ser uno de los eventos más importantes en el campo de las artes visuales latinoamericanas.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
Profesor de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico. Crítico de arte y miembro de A.I.C.A.

