Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Marianne De Tolentino

Tony Capellán

Museo de Arte Moderno de República Dominicana

Tony Capellán, a la vez el más viajero y el más premiado de los artistas dominicanos que viven en Santo Domingo, ha vuelto a presentar una exposición de instalaciones, ahora en la secular Casa de Bastidas de la ciudad colonial. Afortunadamente, trabaja muchísimo y adora su país, su magia, sus goces y desastres, incapaz de vivir sin ellos, intranquilo, deslumbrado e insaciable ante tantos motivos de inspiración. Ese apego isleño, que por cierto se extiende a todo el Caribe, le obliga "compulsivamente" a preparar obras para Santo Domingo, a exponer para los suyos como compromiso primordial, tratando temas acordes con las perturbaciones de nuestra época.

Exposición Individual: Tony Capellán — imagen 1
Tony Capellán. Bendito sea el fruto de tu vientre, 1995. Instalación. Materiales diversos.

El aspecto fundamental es la comunicación, transmitir no solo morfologías identificables con la personalidad de su autor, sino la realidad cruda, a veces un arte, que provoca al máximo sus posibilidades creativas y la receptividad del espectador.

Las tres dimensiones —ancho, largo, volumen—desplegadas en el espacio, son hoy un medio de expresión e investigación, permitiendo decir "pequeñas verdades" y suscitar interrogantes.

La última exposición de Tony Capellán nos parece la más fuerte y una de las más maduras que hemos visto en mucho tiempo. Se titula polisémicamente Marcha forzada, refiriéndose al circuito parentorio y orientado del visitante, a la suerte de las nuevas generaciones desfavorecidas, a los mismos elementos objetuales que trazan caminos o muros. Son cuatro instalaciones, cuatro no más, colocadas en las salas más inhóspitas, valorizando como en otras ocasiones el espacio museal. Luego, demuestra que bastan pocas obras contundentes para conformar una gran exposición y que esa misma limitación numérica favorece la mirada analítica y la precisión del recuerdo. Más cargada, por su potencial dramático agudo el impacto emocional se volvería excesivo. Pues Tony Capellán descarta toda tregua o alivio humorístico. Son cuatro elegías en tres dimensiones. Casi en su sentido etimológico, salvo que estas composiciones "lamentando casos y acontecimientos dignos de ser llorados" (Diccionario de la Real Academia Española), se expresan sin palabras, con objetos y plásticamente. La primera instalación, Futuros inmigrantes, se conduele de niños, ya mancillados por la desgracia, simbolizada en salpicaduras sobre uniformes escolares predestinados al exilio forzoso, cargando en maletitas de cartón sus almas y sus corazones —calcomanías en el fondo de platos vacíos— Camisas y faldas de las futuras inmigrantes ignoran su porvenir y oficio de "bailarinas" o de domésticas. La tristeza se matiza de ternura e inocencia.

La segunda instalación, más allá de lo elegiaco, es un repetido grito de color y una denuncia más fuerte que un extenso reportaje. En pocos metros cuadrados, Mercado de abusos recrea tangiblemente el mundo carcelario, desde unas rejas interminables e infranqueables hasta las huellas de las violaciones. Contraste entre la violencia y el sufrimiento, la fuerza bruta y la fragilidad indefensa, alegoría de los agresores y los agredidos. A través del objeto, somos "testigos oculares". Tony Capellán se refiere al penal de La Victoria... ¿Y a cuantos otros en cualquier país y continente?

La tercera elegía, que representará a Tony Capellán y al país en The Right to Hope en Londres, se llama Pequeña esperanza. Al fin... En el bolsillo de las camisitas, tiesas y tendidas en cordeles, hay un pan de agua y un lápiz, el pan de la enseñanza. ¿Se despeja el futuro? No sabemos, la fragilidad sigue imperando, pero las camisas colgadas levantan una pared. La esperanza se vuelve resistencia.

La cuarta instalación, Frutos frágiles, cierra monumentalmente la exposición. Tony Capellán da curso libre a su nuevo oficio de ceramista, recién aprendido en Holanda, mediante corazones negruzcos y gigantes en barro. El mercado de órganos, en signos-objetos, magnificado y provocador, pide y consigue nuestra indignación. Pendientes de un alambre, encima de cada corazón y su caja de cartón, los bombillos recuerdan el universo concentracionario. Reina una atmósfera de morgue. Nos vamos graves y estremecidos.

Hablamos de tres dimensiones... además de la volumetría. Hay la dimensión física y estructural, con elementos simples y reales, con una disposición vertical — agresión y/o poder— y horizontal —pasividad y/o indefensión. Esa geometría sensible facilita la lectura. Luego, hay una dimensión emocional e intelectual, que motiva a un artista negado al puritanismo y la sensiblería y subleva la reflexión indignada de espectador, no permitiendo esos objetos familiares ignorar el mensaje de ese "arte militante". En cuanto a la tercera dimensión, la contemporaneidad, una vez más Tony Capellán ha logrado fundir los aspectos locales y la actualidad universal, el arte y la vida, captando plásticamente situaciones en "flagrante delito". Tony Capellán lo hace en Marcha forzada y lo dice, afirmando que "en la actualidad cualquier material o cualquier objeto cotidiano puede servir para contar una historia en términos visuales".

MARIANNE DE TOLENTINO

Tony Capellán, por Marianne De Tolentino | artnexus