Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Graciela Kartofel

Tomie Ohtake

Americas Society

Tomie Ohtake libera la forma al construirla, la torna sensual y laberíntica, visual y táctil. Brasil, indiscutiblemente, ha sido el país donde se modificó la abstracción y la pintura geométrica, en pos de la adecuada denominación "geometría sensible" popularizada por Roberto Pontual, uno de mis apreciados colegas. Para señalar brevemente las diferencias entre las obras anteriores de Tomie Ohtake y las más recientes, como las de esta exposición, advierto que hay una especie de pasaje similar, de la rigidez a la fluidez, de las verdades definitivas a las transmutaciones, de un país milenario y con cánones rígidos a uno joven y flexible en su formación.

El hombre fue el primer pasajero en los viajes interespaciales, no hay duda, pero la mujer sabe de ellos por la experiencia uterina, por el trasvasamiento físico que ejecuta durante el parto. Es un pensamiento que se hace cuerpo frente a las veinte obras de Ohtake expuestas en Nueva York, sin título, en acrílico sobre tela, en dimensiones promedio de 150 x 150 cm. El colorido y el toque matérico son conspicuos, como lo han sido siempre en las obras de esta artista. Las formaciones celulares, los laberintos, los satélites y los planisferios presionan sutilmente las paredes de la sala de exhibición, demostrando que aunque estructuradas en bastidores, algunas de estas pinturas podrían levitar, en especial aquellas piezas rojas y las grises. Los dípticos horizontales acentúan estas percepciones como en la pieza número 1, en una sutileza de grises inigualables. Ambos conjuntos constituyen series en sí mismas, como lo son también las especies de olas-olanes configuradas.

Exposición Individual: Tomie Ohtake — imagen 1
Tomie Ohtake. Sin título, 1993. Acrílico sobre tela. 180 x 160 cm. Foto: Rómulo Fialdini.

Las números 3,7,20 y 16 son pinturas que ratifican la importancia de expandir el conocimiento de Tomie Ohtake. Aunque debo señalar que la exposición podría ser tanto más efectiva, fuerte y sensitiva con cinco a diez piezas menos.

Igualmente, ciertas museografías variantes en la museografía de Nueva York podrían brindar un resultado más interesante para esta exposición itinerante de Tomie Ohtake, organizada por el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, con motivo de los ochenta años de la artista. La exposición también fue patrocinada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil y por las empresas Grupo Aché y Transbrasil. Un conjunto de veinte pinturas realizadas entre 1992 y 1994, reunidas bajo el título La creación del mundo (The Creation of the World), viajó de Rio al Barbican Arts Center de London, al Bass Museum de Miami, a la Americas Society de Nueva York para culminar en el Museo de las Américas de Washington, D.C., donde terminará a fin de octubre. Para la ocasión se editó un buen catálogo trilingüe, a color, con un prólogo meritorio escrito por Marcus de Lontra Costa. Aunque no existen compartimentos estancos sino que todo se vincula, deseo referirme a dos factores paralelos a la pintura, importantes en esta exposición desde el punto de vista histórico-social. Tomie Ohtake nació en el Japón, llegó al Brasil en 1926 y se nacionalizó en 1967, cuando recibiera el Premio Itamarati, máximo galardón de ese extenso país. La cuantiosa colonia japonesa en territorio brasileño tiene apenas cinco años más que la propia Ohtake.

No sólo en la ciencia sino también en las artes han descollado los laboriosos y persistentes orientales. El lector ya debe haber percibido que los dos asuntos a los que me refiero son la inmigración y la valorización del trabajo femenino.

Ohtake, japonesa y mujer, recibe un cordial respeto en su país de adopción, al que ella, como muchos otros nacidos en Lejano Oriente, enriquecen. Tarsila y Djanira, la primera nacida en el siglo pasado, la segunda nacida apenas un año después de Ohtake, constituyen una trilogía no excluyente (mínimo, faltaría citar a Anita Malfatti). Estas artistas han dado una muestra de energía creadora singular, perfiladas de sutilezas y consideraciones que las identifican en cuanto a forma, color, sensualidad y atrevimiento profesional.

Ohtake decidió dedicarse a la pintura apenas comenzada la segunda mitad de este siglo, la integró a su ya organizada vida familiar. Al comienzo fueron paisajes y escenas cotidianas, luego advirtió que no le interesa la reproducción de la realidad y pasó a la abstracción con la soltura natural de quien ha observado en el lenguaje japonés una bifurcación similar. Consideró desde entonces que poco importa el tema o las diferencias que pudieran surgir entre un enfoque figurativo y uno abstracto. Entró en ese terreno y desde entonces se mantiene como una de las figuras clave del arte brasileño.

GRACIELA KARTOFEL

Tomie Ohtake, por Graciela Kartofel | artnexus