Un proyecto, una ilusión. Una propuesta plástica, una preocupación. Un interés en un tema conocido por todos, pero que a nadie parece importar. El concreto, el hierro y la madera se juntan en las manos de esta artista, aparentemente frágil, de cuerpo menudo, de manos y gestos suaves, para hacer surgir unas obras que paralizan, que sacuden el cuerpo y el alma. Con un tema local (y universal) y unos materiales conocidos, Sydia Reyes, artista venezolana, realiza una instalación que sobrecoge por su propuesta conceptual y temática. ¿Es el suyo un nuevo tipo de realismo? ¿Es un novísimo realismo? Podría ser un tema tradicional, pero la manera de expresarlo, visual y materialmente, conjuga otras formas de percepción social.

Los elementos que conforman este trabajo de Sydia Reyes son configuraciones sugeridas que crean en conjunto una situación particular. Ellos son independientes entre sí, es decir, que son autosuficientes como formas tridimensionales, pero a la vez forman parte del conjunto global de la instalación. El espectador no puede contentarse con un hecho, él es invitado a hurgar, perceptual y anímicamente, en el interior de esos elementos, en el gran dudo, por ejemplo, se encontrará con la proyección de imágenes de los niños de la calle. El material es fuerte y el tema también, ambos se complementan en una estrecha relación. No se trata aquí de posturas preconcebidas, sino de un ingenuo interés en los riesgos artísticos que un creador debe asumir, a la vez que el reto de convertir un tema en una verdadera propuesta artística. Esta instalación podría considerarse como una transgresión a los esquemas de instalación, conceptuales tradicionales hasta ahora asumidos por lo que se conoce como "instalación". Ella muestra los reflejos sorpresivos de la relocalización del ser como preocupación central, a través de los niños de la calle. La artista ha realizado en hierro unas grandes "cajas", con rejillas que semejan alcantarillas, grandes ductos de los que conocemos para las aguas blancas y especialmente para las aguas servidas, gigantescas construcciones. En este tejido de hierro, frío y casi hostil, es donde habitan los niños silvestres, los niños salvajes, los niños de la calle, los niños abandonados. En principio esta es una instalación, con un video que dentro del tubo central proyecta imágenes de los niños lustrabotas, en la que la relación del tiempo y el espacio, no solo desde un planteamiento plástico, sino también temático, es fundamental. Las cajas de limpiar zapatos son construcciones de cemento, con elementos de hierro y madera, son las cajas de los niños lustrabotas, pero también lo son sus casas, sus hábitat, sus guarda-tesoros, sus almas.
Toda la obra ofrece una especie de infiltración de elementos simbólicos, pero que no pueden considerarse como tal, por ello lo llamamos infiltraciones. Una sensibilidad especial y una preocupación plástica contemporánea contribuyen a crear una situación dramática. La fuerza de los materiales que la artista usa está en una relación directa con la forma que ellos toman y el contenido que le ha asignado.
Ella es una "constructora visual", cuyo trabajo produce un impacto inmediato. El espacio donde habitan sus "construcciones", semejantes a ductos, a alcantarillas, a cajas de zapatos, a formas de árboles, sin que por ello prive un sentido de representación real, es un espacio activo, dinámico, en donde se crean situaciones y se induce a un fuerte efecto visual. El todo demanda de una actitud dinámica por parte del que ve, del que mira, del que percibe y piensa. En los ductos viven estos niños, salen por las alcantarillas, descansan debajo de los árboles y en los recovecos de sus raíces guardan sus pertenencias, allí donde nadie puede encontrarlas. Las cajas lustrabotas constituyen sus instrumentos de trabajo, pero también son sus compañeros, sus amigos y sobre todo sus "almas". Con ellas establecen una identificación existencial. Muchas son las cualidades visuales de esta instalación: solidez, simplicidad, precisión y eficiencia. Los elementos distribuidos en la sala con suma eficacia cumplen a cabalidad el objetivo del proyecto, expresan lo que la artista desea decir y comunicarle al espectador. Igualmente la aparente contradicción entre la solidez de los materiales, que son permanentes, que son duraderos, que son para toda la vida y la precaria vida de los niños de la calle, la vulnerabilidad intrínseca de ellos, demuestra la coherencia del trabajo de Sydia Reyes, dentro de la escultura urbana, si es que podemos llamarla "escultura". Ella se ha preocupado por la exploración del espacio "hábitat" y por el espacio existencial, aprehendiendo y expresando ambos con precisión, eficacia y claridad, especialmente en su relación directa con la vida de todos los días de todos nosotros. La rígida ejecución de los elementos y de los materiales expresa en el subconsciente una realidad dura, extremadamente dura, de allí lo "urbano" y lo "humano", contemporáneo. En esta instalación, la percepción de la realidad es proporcional al poder expresivo de las formas tridimensionales que la componen. Esa realidad no es independiente del proyecto de la artista y su sensibilidad social y plástica. Su instalación es un magnífico reto. Es una excelente propuesta artística a la vez que una magnífica lección, generosa y sensible, que comparte con el espectador.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
