Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Paola Sada

Sergio Galán

Museo de Monterrey

Esta reciente exhibición de esculturas sorprende por lo definido que encontramos el estilo del joven artista regiomontano. Lejos de experimentar y de hacer propuestas radicales, la obra de Galán resulta, sin embargo, fresca y sin pretensiones, prestándose fácilmente a la contemplación. Se trata de un escultor que conoce íntimamente sus materiales, que no necesita decir mucho sino que se conforma con sacar a relucir las cualidades más bellas de la piedra, el mármol, el acero y el barro. Las pequeñas piezas de mármol negro hechas hace algunos años son menos ambiciosas que obras más recientes, pero Galán delata desde entonces su cariñosa atención a la elegancia de forma y proporción, así como su respeto por el material. En esta serie de esculturas, el mármol se convierte en las cosas que menos se asociarían con la dureza y permanencia de la piedra: almejas, nidos y olas.

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Otras obras en piedra están esculpidas y tratadas de tal manera que parecían haber sido simplemente encontradas, rescatadas del tiempo como fósiles. En una pequeña pieza de piedra laja, por ejemplo, Galán incorpora elementos que sugieren flores o plantas petrificadas. La serie de Cascos ceremoniales, hechos en barro, nos recuerda los artefactos antiguos de museo, bellos objetos que sólo nos dejan deseando saber más sobre el pueblo perdido que los usó, como conchas sin su animal.

La elegancia de este escultor tiene que ver con la aparente sencillez con que se combinan sus materiales y se vale de las formas más básicas. Galán retoma el círculo de los juegos de pelota prehispánicos para contrastar el vidrio con el acero, el acero con la piedra laja, el mármol gris con el mármol negro, la textura de la piedra áspera con la piedra pulida y brillante. En varias ocasiones utiliza un alambre grueso para sugerir formas orgánicas y que recuerdan algo de la obra de Eva Hesse. En las piezas más impresionantes se concuerdan todos estos elementos en mayores dimensiones, tomando así la obra un aire de ofrenda o de tótem. Aquí el mecate juega un papel importante junto con la piedra y el acero, envolviendo las bases de las esculturas o sirviendo para suspender objetos como en un péndulo.

PAOLA SADA

Sergio Galán, por Paola Sada | artnexus