La muestra reunió una serie de cuadros pintados a la manera de Lyubov Popova, Alexandra Exter, Olga Rozanova y otras mujeres surgidas en los años diez y veinte en Rusia y Europa, cultivadoras de tendencias vanguardistas como el constructivismo, el suprematismo, la Bauhaus, etc, que para Sandra son el paradigma de lo más osado producido en el arte hasta nuestros días.
Los óleos fueron titulados Absolut Sophie Tauber, Absolut Udaltsova,y otros, ironizando sobre la publicidad de Absolut vodka hecha por artistas. El propósito de Sandra es mirar críticamente hacia la convergencia de momentos políticos e históricos distantes entre sí y su impronta en la cultura. Le atrae cómo, aunque exista una mutación de los referentes, la validación de éstos se produce según los contextos, las épocas y los intereses que en ellas determinan.
Aunque Sandra conoció el trabajo de estas mujeres en un viaje por España y comprendió que muchas de ellas eran prácticamente desconocidas, al apropiarse de sus poéticas, más que homenajearlas, las usa como medio para sus especulaciones. Le interesa focalizar sobre el hecho de que en todas las épocas "ha habido legitimación y estréllalo para algunos artistas, subvaloración, olvido y hasta persecución para otros (...) y, sobre todo, desprecio por la mujer".

Inspirada en esa misma idea del pasado y la exclusión, Sandra pintó otra serie titulada Absolut Sandra (al parecer ella también se siente fuera del sistema de estrellas en Cuba, que se traduciría en legitimación oficial por parte de las instituciones). Cada cuadro de la serie se titula a su vez con un verso de Emily Dickinson, su escritora favorita. La exposición en el Centro Lam fue denominada misteriosamente ¿Dónde está Loló?, que no era sino un tributo a Loló Soldevilla, la artista cubana que cayó en el ostracismo con el advenimiento de la Revolución, según se dice, por haber tenido un empleo durante la tiranía de Batista.
Esa "voluntad justiciera" de Sandra debe ser lo que la impulsara, junto a su compañero, el artista Ezequiel Suárez, a crear en La Habana una galería no oficial cuya sede es la propia casa de la pareja. La llaman Espado Aglutinador, y es un hito en el ámbito de la plástica cubana, pues en ella se encargan de exponer lo más experimental y lo menos común en las galerías estatales.
Por su obra, que ha atravesado etapas disímiles, Sandra será recordada, pero por su voluntad de aglutinar lo mejor con una labor de curaduría muy seria, ella y Ezequiel ya tienen asegurado su lugar en la historia del arte cubano.
ERENA HERNÁNDEZ
