Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz

Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz.

Otrosoct 1995 - dic 1995· Por Santiago B. Olmo

Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz

Un museo cuya atención quiere concentrarse en la amplia geografía artística que encierra el propio término iberoamericano.

La inauguración de un nuevo museo despierta siempre un alto grado de expectativa aderezada con grandes dosis de excitación en medios artísticos, involucrando tanto a los artistas como a las galerías, los críticos y los museos del entorno. Fundamentalmente porque a lo largo de los últimos años, los museos de reciente creación han ido buscando un camino propio a través de una especializados o una orientación museográfica que les caracterice frente a otros, dedicándose no sólo a la creación de una colección permanente sino proponiéndose un programa de exposiciones temporales. Este espíritu abierto e imaginativo es cuanto menos necesario, si pensamos en la importancia que en la última década ha tenido en general en Europa y en particular en España, la descentralización cultural merced a la creación de pequeños museos o centros de arte en ciudades pequeñas o hasta ese momento alejadas de los grandes centros artísticos tradicionales. La inauguración en Badajoz (España) del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo a principios del pasado mes de mayo supone no sólo la creación de un museo de arte contemporáneo más, sino la afirmación de un proyecto museístico de características muy novedosas, si son con el tiempo llevadas a cabo siguiendo un programa riguroso y fiel a su inspiración. El propio nombre del museo fija en cierta manera una de las líneas directrices del proyecto: un museo cuya atención quiere concentrarse en la amplia geografía artística que encierra el propio término iberoamericano, englobando el arte realizado en España, Portugal y los países latinoamericanos, sin por ello excluir a todos aquellos artistas que viven y trabajan en los Estados Unidos pero cuyas raíces se sitúan en este mismo ámbito cultural.

Otra de las líneas maestras está constituida por un marco temporal que arranca en la década de los años ochenta para proyectarse hacia el futuro. Esta propuesta museística se adecúa perfectamente a las tradiciones históricas y a las condiciones geográficas de la región (hay que recordar que la ciudad de Badajoz se encuentra situada precisamente en la frontera entre España y Portugal), planteando por otro lado una inmejorable posibilidad de apertura y dinamización cultural para esta zona en cierto modo descentrada, periférica, alejada hasta ahora de los principales flujos artísticos.

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Vista de una de las salas, con obras de Alfredo Jaar y Ray Smith, entre otros.

El edificio del museo que está situado en el mismo emplazamiento que hasta hace algunos años había ocupado una cárcel, ha sido proyectado y realizado por el arquitecto José Antonio Galea, respetando algunas de las características formales de la construcción anterior como es la peculiar figura cónica central, para convertirla en emblema del conjunto. Sin embargo, el efecto, que parece buscar el arquitecto, de transposición metafórica de cárcel a museo, acaba siendo un inútil recurso retórico que no aporta al espacio interior ninguna ventaja, sino más bien inconvenientes. Como viene siendo tristemente habitual, y desde luego no faltan ejemplos de prestigiosos arquitectos, la arquitectura de museos se hace cada vez más de espaldas a las necesidades y exigencias tanto de la dinámica de un centro que deberá acoger exposiciones de arte como a las características de las propias obras. Excesivo resulta el protagonismo del arquitecto, pobres e incómodas las soluciones adoptadas; amplios espacios exteriores se pierden en complicados y poco funcionales jardines, mientras que en el interior del edificio cónico se ofrecen paredes circulares, superficie que no es la más adecuada para colgar pintura. El resto de las salas se han proyectado como espacios abiertos de paredes de hormigón con techos sostenidos por columnas que dejan a la vista los conductos de la climatización: para convertir estas salas en habitables, y aptas para la exhibición de la colección ha sido necesaria una remodelación a base de grandes paneles móviles, algo que podría haberse evitado desde la sensatez de una arquitectura que piense en el museo y no en su propia y vana gloria.

El MEIAC ha abierto sus puertas con la presentación de sus colecciones que delinean con precisión tanto los objetivos como la orientación del museo. Lo más notable es quizá su carácter abierto, incluso en los nombres de aquellos artistas representados.

El cuerpo cónico del museo acogerá de una manera estable la sección de arte del siglo XX realizado en Extremadura, incluyendo no sólo a artistas locales de cierta relevancia, como Juan Barjola que ha donado al museo un importante conjunto de obras, Mon Montoya, Orellana o Canelo, sino también a aquellos que de algún modo están vinculados a la región, como es el caso de Wolf Vostell que recientemente ha creado su propia fundación con ayuda de la administración regional, en el pueblo de Malpartida de Cáceres, donde habitualmente reside parte del año.

Las secciones de arte portugués, español y latinoamericano se plantean como un embrión que posibilite tanto la articulación y consolidación de una colección que conecte con la realidad de la creación artística actual, como el apoyo a un ambicioso proyecto de exposiciones temporales que se plantea como necesario y complementario a la propia colección.

Una comisión de especialistas entre los que se encuentran Fernando Huid, Miguel Logroño, Rosa Olivares, Antonio Bonet Correa, Fernando Castro o Miguel Rojas Mix, se ha encargado de establecer los criterios que dirijan la adquisición de obra destinada a la colección. A la vista de los resultados hay que decir ante todo que se trata de un proyecto que ahora se muestra solamente en su dimensión más embrionaria. Las adquisiciones han sido realizadas en un espacio muy corto de tiempo y es sabido que una colección de altura sólo gana peso específico con el tiempo y una meditada actitud previa. Por ello hay que fijarse más en las obras que en la lista de firmas. Indudablemente hay muchas ausencias, pero el tiempo se encargará de ir lentamente cubriéndolas. En una primera aproximación puede apreciarse un predominio de la pintura, que en parte responde a la situación actual de recuperación de los lenguajes pictóricos, pero es muy importante resaltar la presencia de la fotografía o de obras que se sirven de ella: un ejemplo son las obras de Leonel Moura, Mario Cravo, Jorge Molder o Javier Vallhonrat. En su primera presentación estas tres secciones de la colección permanente no han sido mostradas de manera separada sino por el contrario se ha buscado una interrelación, algo que a primera vista parece muy difícil. No obstante, el resultado anticipa en cierta manera uno de los proyectos más interesantes para el programa de exposiciones temporales del museo: diversas exposiciones de dos o más artistas de los distintos ámbitos tanto creativos como culturales o geográficos, plantearán las posibilidades de diálogo o de contraste, aportando así nuevas vías de comprensión y análisis a los fenómenos de nuestro arte más actual.

Si bien era imprescindible incluir en la colección una cuidada e importante representación de artistas españoles, en la que se integran obras de Miguel Navarro, Susana Solano, Juan Uslé, Sicilia, Eva Lootz o Sinaga así como interesantes proyectos para el exterior de Nacho Criado y Jaume Piensa y la sección de arte portugués que incluye obras de Julião Sarmento, José Pedro Croft, Álvaro Lapa, Gerardo Burmester o un proyecto de exterior de Pedro Cabrita Reis, colma una laguna imperdonable en el panorama museístico español, es la sección latinoamericana la que adquiere mayor relevancia, tanto simbólica como efectiva y puede convertirse en una de las características más emblemáticas del museo. 

Desde hace algunos años se asiste a la recuperación de movimientos o artistas individuales latinoamericanos, que si bien realizaron una obra importante no habían sido valorados adecuadamente desde una perspectiva global. No es este el lugar para analizar las causas de estos hechos, pero es preciso resaltar que estos fenómenos de recuperación coinciden con un momento en el que se da una extraordinaria vitalidad artística en el ámbito latinoamericano, a la vez que asistimos a un cansancio de las soluciones aportadas desde Europa o los Estados Unidos.

La intención del MEIAC de formar una colección de arte actual latinoamericano, al presentar ahora un importante conjunto de piezas como germen, entre las que se encuentran trabajos de Ray Smith, Alfredo Jaar, Guillermo Kuitca, Manuel Ocampo, José Bedia, Juan Dávila, Julio Le Parc, Saint Clair Cemin y otros hasta un total de 24 artistas, constituye un esfuerzo por integrar estas obras en el flujo general del arte contemporáneo, convirtiéndose quizá en la colección de arte latinoamericano más importante de Europa, cuyo interés irá sin duda creciendo con el tiempo. 

SANTIAGO OLMO

Crítico de arte e historiador español. Reside en Madrid.

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