Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Darío Ruiz Gómez

Luis Morales

Museo Universidad de Antioquia

Cuando descubrimos la presencia de un creador sabemos que el error consiste en referir lo que vemos a lo que consideramos una fuente de influencia. Otra cosa es poner de presente las inevitables afinidades que se dan por lo que podríamos llamar una lógica histórica. Además, como sucede en nuestro medio el número de referencias suele ser limitadísimo. Nadie recuerda al referirse al retrato, a Clegg y Gutman, a Sander, a Avedon, un torso de Weston pero todo el mundo tiene en la punta de la lengua a Mapplethorpe, convertido ya en lugar común. ¿Tiene algo que ver Luis Morales con éste? Nada en absoluto. En su primera exposición Morales buscaba otra estética, la de lo insólito, convirtiendo la figura, el rostro humano en aquello que los surrealistas llamaron un objeto insólito.

¿Cómo descubrir el cuerpo cuando ya el terror lo ha deshecho? ¿No vemos la manera como Cindy Sherman diluye la vieja noción de cuerpo en las fantasmagorías de una nueva alegoría? En medio de la religión de la prohibición, de la negación del goce ante "objetivos políticos" tal como sucede en nuestra "cultura de la muerte", ¿no seguimos instalados en un rostro telúrico? ¿Hablamos entonces de un rostro urbano?

¿Dónde entre nosotros ese cuerpo cobró materialidad, cuándo se reconoció como belleza? ¿Cuándo viró entusiasmado hacia su reconocimiento narcisista, paso decisivo para dejar de ser magma? En esta nueva exposición Morales busca esta certeza afianzando, sobre todo, su capacidad de oficio. Y si en su primera exposición la noción de metamorfosis del cuerpo parecía inevitable ahora es el cuerpo narciso el que llama su atención. Por eso introduce de manera magistral lo que es inevitable: la ambigüedad.

Ya los nadaístas habían introducido en sus textos y poemas esta ambigüedad indicando el proceso hacia la ciudad, el decir adiós al rostro que sólo era crónica social pero no carne individual. Con lo cual Morales incorpora igualmente algo importante: las nuevas gestualidades, el nuevo decorado que no se ve pero se intuye ya en lo que cada mirada, cada gesto equívoco parece indicar.

Exposición Individual: Luis Morales — imagen 1
Luis Morales. Fotografías, 1995. Cortesía: Museo Universidad de Antioquia.

¿Es acaso esa planetariedad que el rock nos da universalizando los rostros nuestros? ¿Qué queda aquí del rostro del "ser histórico" hegeliano? En la pansexualidad de Morales está la exaltación de la sensualidad como vía indispensable para acceder al júbilo. Ese éxtasis donde se borra la prohibición, el tabú, donde desaparece la historia, donde se recupera la dimensión perdida de las pasiones, fundamento único de eso que retóricamente llamamos lo diverso, lo diferente, reduciendo éste a reclamos de minorías excluyentes donde prima más la expiación que el goce.

Los videos si bien no todos están logrados suponen la presencia creativa de alguien que sabe que la Imagen no se circunscribe a un sólo soporte sino que es necesario buscarla allí donde el ojo creador entienda que debe concretarla como constancia de horror y poesía.

DARÍO RUIZ GÓMEZ

Luis Morales, por Darío Ruiz Gómez | artnexus