Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Germán Rubiano Caballero

Luis Caballero

Biblioteca Luis Ángel Arango

En diciembre de 1989, Luis Caballero le dijo a Damián Bayón: "voy a parecer vanidoso pero pienso y espero que mis cuadros del futuro serán muchísimo mejores, y se lo digo porque mis cuadros todavía no me satisfacen. Yo lo que quisiera es poder llegar a crear una imagen cargada de sentido como un cuadro religioso: como un icono, una imagen sagrada. Crear imágenes de cuerpos que sean tan emocionantes como cuerpos de carne viva" (Luis Caballero, obra en papel, Galería Juan Martín, México, D.C., 1990). En mayo de 1991 a la pregunta del periodista Francisco José González: "¿No cree usted que todavía está muy jovén para realizar una retrospectiva de su obra? Caballero contestó: Sinceramente sí. No sé si muy joven. Pero realizarla supone un sentimiento ligeramente desagradable: hacer que uno se sienta viejo. La palabra retrospectiva conlleva una idea de vejez. Además, pienso que mis mejores cuadros los pintaré a partir de ahora. Que quede claro que no se trata de toda la obra de Luis Caballero y punto final. Esta retrospectiva, simplemente, muestra un período. Pero está bien hacer una exposición así de grande; y ello no significa que uno se vaya a morir, ni que vaya a dejar de pintar y menos aún que los mejores cuadros estén ya pintados". (Arrepiéntete Luis, Magazín Dominical, El Espectador, 2 de junio, 1991).

Exposición Individual: Luis Caballero — imagen 1
Luis Caballero. Sin título. Óleo. 102.5 x 152.5 cm. Cortesía: Biblioteca Luis Ángel Arango.

No imaginaba Caballero que muy pronto quedaría impedido para seguir trabajando y que en 1995 moriría. Pero las palabras del artista se recuerdan ahora porque por coincidencia la Biblioteca Luis Ángel Arango inauguró la exposición Luis Caballero, obra sobre papel, menos de una semana antes del fallecimiento de este gran dibujante y pintor que, como los mejores de todos los tiempos, tenía dudas sobre su producción, esperaba realizar cuadros superiores y, como es humano, había hecho algunos trabajos menores y francamente secundarios. Como varios de los que no se excluyeron de esta muestra que, sin ser totalmente mediocres, muy posiblemente el mismo Caballero no hubiera expuesto por no tener los requisitos de excelencia que el artista anhelaba para toda su obra y que ciertamente son visibles en otros cuantos trabajos de la exposición que no tuvo ninguna intención retrospectiva y que, de acuerdo con los comunicados de prensa de la Biblioteca, se organizó a partir de la producción que Caballero conservaba en su taller de París. Realizaciones como los dos grafitos con aguadas de 1972, del momento de transición entre su primera época sintética y el comienzo del naturalismo, tan tensos como nerviosos; las dos tintas con plumilla, en las que posa Germán Rivera, y tienen pocas e indispensables líneas; el carboncillo del retrato de Terry, profundamente caracterizado; el óleo de 1986 titulado Retrato, ejemplo de claroscuro caravaggesco; el óleo con grafito de 1987, Retrato de Vincent, concentrado de violencia y en bella composición apaisada y los dos carboncillos con aguadas de 1990, Autorretratos, dolorosas imágenes de un ser gritando — ¿de placer o de tormento?—, entre otras realizaciones, muestran las altas virtudes de la obra de Caballero que, apoyada fundamentalmente en el dibujo y llevada a cabo en diversos medios, reiteró con emotividad la representación del cuerpo masculino desnudo. Si Camilo Calderón en el texto del catálogo que acompañaba la exposición no se equivoca al señalar, recordando a Hauser, el manierismo del artista, también resulta factible, sin prurito clasificatorio, relacionarlo con lo camp, según las definiciones de Susan Sontag1. A la luz del pensamiento de la escritora norteamericana y teniendo en cuenta algunas declaraciones del mismo Caballero: "Esas expresiones y esas posiciones en que se encuentran las figuras son tal vez la parte más rebuscada de mi pintura. La menos directa y la más artificiosa... Yo trabajo buscando la pose que va a «decir» claramente lo que quiero decir, mejor aún, la pose que no va a «decir» claramente, puesto que no es claro ni simple lo que pretendo decir; y de ahí la ambigüedad de las actitudes que pueden ser de placer y dolor al mismo tiempo, de lucha o de amor, de muerte o de éxtasis" (En entrevista del artista con Ramiro Ramírez, catálogo de Garcés Velásquez, 1978) resulta evidente que sus dibujos y pinturas tienen en la mayoría de los casos un conciente artificio; que Caballero tuvo una preocupación casi exclusiva por el fenómeno estético, por la presencia del cuerpo hermoso, vivo o muerto, pero erótico y provocativo, que el artista siempre destacó la sensibilidad que ama la estilización, el ajuste no convencional, la imagen prodigiosa; es decir, todo aquello que corresponde a minorías exquisitas que no se sacian sino con lo extraordinario, lo extrañamente atractivo. La proclividad al gusto camp nunca hizo banal la obra de Caballero — causalmente no tenía por qué hacerla banal—. Gracias a su talento innato y a su firme deseo de superación, el artista desarrolló una producción de importancia que, obviamente siempre se mantuvo dentro del tono laico y descreído del siglo XX. A partir de fuentes tan distintas como los Cristos tallados en madera del estilo barroco, las fotos de jóvenes asesinados aparecidos en la prensa de Colombia y las fotos polaroide, tomadas por el mismo artista de relaciones sexuales, Caballero, pendiente constantemente de lograr una imagen «real», pura, sin relato alguno, alcanzó a realizar una obra que, de manera lúcida, enfrentó el misterio de la existencia y de la forma humana sin ninguna convicción religiosa, en el polo opuesto de otro artista del cuerpo masculino como Miguel Angel Buonarroti.

NOTA

1. Sontag Susan, "Notas sobre Camp", en el libro Contra la interpretación, Seix Barral, Barcelona, 1969.

GERMÁN RUBIANO CABALLERO

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