Los componentes de la idea de espacio son la naturaleza y la historia1. Y en realidad la obra de Lorenzo Jaramillo puede verse desde estos dos puntos de vista: desde las motivaciones más profundas de la naturaleza humana, que finalmente dan una imagen del hombre aparentemente aterradora pero sin embargo con la dulzura de aceptarlo como es, sin juzgarlo y sin demasiadas culpas, pero también desde el otro aspecto, tal vez el más interesante, el componente de la historia en su trabajo. Lorenzo Jaramillo fue un pintor precoz que murió en 1992 a los 36 años y a pesar de su juventud, mostró un gran conocimiento de la historia del arte para apropiársela, casi como en un manifiesto caníbal, y dibujar y pintar con la seguridad de haber visto todo, como ser histórico, pero a la vez utilizando esos recursos para mezclarlos, desesperarlos y llevarlos al límite.
Una exposición retrospectiva se justifica cuando rastrea el proceso creativo del artista y en ésta sorprende, desde el comienzo, el manejo de los recursos gráficos por ejemplo en las ilustraciones, en las cuales se mezclan, con la más absoluta libertad de crayones, tintas y témperas y los primeros dibujos donde el artista va aprendiendo poco a poco sus secretos, para después sorprendernos con el manejo de la línea en la Suite de las muchachas extravagantes (1985), en la cual entiende cómo la línea gruesa pesa, la delgada asciende y el cuerpo se acaba de construir con puntos cuadrados y rayones. Y también con manchas, que en la obra de Lorenzo Jaramillo son un capítulo aparte, porque son manchas que han aprendido todo acerca del color de las sombras, la luz de los colores y la espontaneidad del artista para construir cuerpos con todas las tensiones posibles, externas e internas.

La tinta y el pincel son recursos que manejó de manera sorprendente en la serie Talking Heads, en la cual inventó mil posibilidades de hacer ojos, narices y bocas. De ella Germán Rubiano, el curador de la exposición dice: "Aunque Jaramillo no era propiamente amigo de la música popular y menos de la música rock, Talking Heads (el nombre de un grupo inglés de música de rock 'pesado', de gran éxito entre los punks por sus canciones contestatarias) fue el título genérico que dió a sus grandes caras de 1981 y 1982. Con libertad total, el artista arremetió contra la figuración del rostro. Violentando al máximo la anatomía, inventando mil posibilidades de hacer ojos, narices y bocas, Lorenzo trabajó círculos, óvalos, triángulos, zigzags, barras dentadas, ramajes, cuernos etc., para aludir a la cara y sobre todo, para insuflarle a ese hombre bestia, a ese hombre vegetal toda la carga irracional de la conducta humana, así como toda la rebeldía de los jóvenes de hoy"2.
Volviendo a la historia como uno de los componentes de la idea de espacio, en su obra se encuentran múltiples referentes; artistas como Bacon, Warhol y todos los expresionistas alemanes, pero no aparecen como citas literales, sino que los asume como motivadores de la imaginación y liberados de su contenido y de su espacio, aparecen como fragmentos. Tal vez por eso se deja llevar principalmente por la materia y el color y de la mano del pastel. Por ejemplo, sus Caras seriadas (1979-1981) lo llevan a un montaje de manchas y ojos expresivos que miran con franqueza y comienzan a surgir entonces unas composiciones imaginativas que son también capítulo aparte porque son imágenes que se recrean cada vez más en su materia y en su presencia. Su sensibilidad e irreverencia aparecen entonces en su obra, como un alegre nomadismo: "Me enamoro de algunas cosas: los pisos del Palazzo Venezia; Bernini: la Via de la Porta San Sebastiano, que es la promenade más linda que conozco, el elefante frente a Santa María Sopra Minerva; las ruinas me fascinan"3.
A partir de las series Figuras y Óleos negros (1979-1981), basadas en los tableros quimbayas, el color se convierte en una aventura ideológica (porque no hay que olvidar que los colores surgen de verdades químicas), y en los Angeles (1986-1988), se une a un análisis intuitivo de la percepción visual, centrada en dos colores fundamentales, el rojo y el azul, con todas las asociaciones y oposiciones simbólicas entre color masculino y femenino, en una perfecta conexión entre color y forma donde la fantasía convierte en poesía la reflexión sobre los estados primitivos de la naturaleza humana. "Yo pienso que la pintura es el color, de cierta manera, una definición puede ser esa; si uno piensa que el dibujo es la línea y cosas así, un poco simples, pues la pintura es el color. Yo pienso que sí es cierto: que poner una mancha de un color y aliado otra mancha de otro color eso es pintura"4. Una definición ciertamente muy simple, pero que supo concretar en su última serie, Los bodegones con cabeza (1991), un estudio paciente y profundo de la relación y complicidad de los colores.
Como la exposición era un recorrido exhaustivo por su obra, se volvieron a ver las series Danzantes (1988-1990) y Fiestas (1990), escenarios perfectos para percibir el cuerpo transformado por las más profundas motivaciones, que demuestran además su amplio conocimiento de la historia del cine: "No he pintado seres monstruosos o fenomenales. Sólo he querido que estén ahí nuestras manos que se abren, nuestras piernas que se afirman, nuestras espaldas que se vuelven nuestros sexos que nos agarran y nuestras cabezas que no nos pertenecen"5. Y la serie de Retratos dentro de los cuales se destaca el de su padre, el historiador Jaime Jaramillo Uribe (1983), de mirada profunda pero callado, como en un diálogo muy íntimo, con manchas de pastel y el de Luis Caballero, uno de los mejores, porque queda muy claro cómo una personalidad tan intensa solo puede reflejarse en magenta y violentos chorreones de tinta.
Para la sensibilidad moderna el arte era principalmente una confesión. Lo inteligente e interesante de la obra de Lorenzo Jaramillo es tal vez la manifestación de otra sensibilidad, para la cual el arte consiste en ese juego alegre de construir, como en algunos momentos del barroco, máscaras para una fiesta, entendida como conmemoración y consagración de la pintura y de la vida, sin pensar en el futuro que no nos pertenece.
NOTAS
1. Julio Cario Argan, El concepto del espacio arquitectónico. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1979.
2. Germán Rubiano, Lorenzo Jaramillo: Exposición retrospectiva. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, mayo-junio, 1995.
3. Palabras del artista extractadas de Lorenzo Jaramillo: Exposición retrospectiva. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá mayo-junio, 1995.
4. Ibid.
5. Ibid.
NATALIA GUTIÉRREZ
Profesora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional de Colombia.

