Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

José Bedia

Museo de Arte, Fort Lauderdale

La exposición Cosas redondas en el Museo de Arte de Fort Lauderdale permite, por primera vez, visualizar el proceso analítico mediante el cual José Bedia realiza su labor artística. A través de objetos de su colección personal, provenientes de África, Asia, Norteamérica y Suramérica, y de obras de su propia autoría, el artista hace público su mundo. No se trata simplemente de dar a conocer el carácter preciso y sencillo, el proceso de transculturización que resulta de su acercamiento y en algunos casos convivencia con distintas culturas indígenas.

El círculo es la imagen conductora de la muestra, la idea original a partir de la cual Bedia desarrolla este nuevo proyecto. La preferencia por las formas redondas no es fortuita si se considera el carácter mágico, religioso y/o chamánico de los distintos objetos con los que Bedia convive y de los cuales, según él mismo indica, siempre aprende algo nuevo. La selección de los objetos incluidos en la exposición muestran, no sólo la capacidad curatorial del artista, sino además su profundo conocimiento de las artes y de las religiones de las diversas culturas representadas.

Exposición Individual: José Bedia — imagen 1
José Bedia. Camino Errado Instalación. 44 x 137 x 4,7 cm. Cortesía Museo de Fort Lauderdale.

El recorrido comienza con una vasija para cerveza de la cultura Bamana (Bali), seguida por tres tambores utilizados por los Tahumara de la Sierra Madre (México) y por una máscara Bamileke (Camerún) que personifica un elefante. Todos estos objetos tienen en su contexto original una función ceremonial y cada uno de ellos se integra a la mística de Bedia, en la medida en que inspiran y se combinan con obras de su creación. En la galería contigua están expuestos una vasija para incienso de la cultura Lacandona (México), un sombrero de chamán Huichol (Brasil) y un sonajero de un chamán Naskapi (Canadá). En este caso, los objetos son utilizados en los quehaceres cotidianos. Son objetos comunes que, como bien dice Bedia en una de las inscripciones, además de ser bellos, tienen un gran sentido de diseño y funcionalidad.

Lo mismo puede decirse de la serie de vasijas realizadas por Bedia y presentadas por primera vez en esta exposición. Se trata de seis piezas en cerámica vidriada que obsequiara a su esposa Leonor en 1994. La primera es una vasija de cuerpo aplanado y cuello angosto, pintada en azul y negro, que ilustra la leyenda de Yemayá. La segunda vasija, El aviso, describe con figuras negras sobre fondo blanco la historia de un ave que advierte a una osa y a su cachorro la cercanía de un cazador. Cuatro vientos es un plato cuya simbología hace referencia al dios kicongo Nkuyo (Zaire, Congo y Angola), encargado de controlar los puntos cardinales. El que siembra su maíz es una vasija de fondo amarillo con figuras negras que representa un adagio popular. Desde el punto de vista narrativo la más compleja de todas es una ánfora sin cuello titulada Dale cachimba. En ella aparecen dos figuras separadas por dos árboles: La primera es un hombre, con cuernos de venado, que aparece fumando pipa y sosteniendo una vasija y una nganga. La segunda es una tortuga, que simboliza a Nkuyo y aparece portando un machete y fumando tabaco. La última cerámica de la muestra representa un hombre con cuernos que lleva un cuchillo y unas cadenas rotas. Como en todas las obras de Bedia, se trata de una simbología extremadamente compleja y difícil de interpretar, a menos que se conozcan de antemano sus múltiples referentes. Bien dice Bedia que la exposición revela el mecanismo del origen de su trabajo, pero que la llave que explica su función, se la reserva para su uso personal, pues aunque esta le sea dada al público, lo más seguro es que el mensaje siga siendo completamente incomprensible.

Junto con las cerámicas, Bedia presenta una obra tridimensional Hazte de un buen par de orejas azules (1995), dos acrílicos sobre lienzos redondos de pequeño formato (1994) y un dibujo en papel amate titulado Dile que pienso en ella (1994). La primera ilustra una canción de cuna latinoamericana y un mito azteca. Bedia utiliza un lienzo redondo, pintado de negro y decorado con trazos que pueden ser influenciados por los diseños de las cestas o las cerámicas de su colección. La figura principal está coronada por un par de orejas de conejo, de las cuales cuelgan unas cintas y en el centro del lienzo aparece un círculo en el que un hombre le indica al conejo que guarde silencio. En el amate, aparece una figura pensando, rodeada de una serie de símbolos entre los que se encuentran un auto, una con cuernos de venado y un avión con un perro encima.

Frente a dos escudos Amarros (Etiopía), a una placa de la cultura Ifugao (Filipinas) y a una hermosa vasija Caribo (Perú) está Salida de temporada alta (1995), un amate dominado por la imagen de un neumático, enmarcado por dos personajes y rodeado de una serie de símbolos que incluyen un par de remos, un machete, una bolsa de compras, un barco, una luna, un sol y una calavera. No es difícil interpretar la referencia a la problemática de los balseros y de la inmigración. Sin embargo, como en todas las obras de Bedia, el verdadero mensaje está oculto en la simbología misma.

La exposición finaliza con otro amate titulado Mujeres caguamas (tortugas) (1995) y con una instalación sin título (1995) que, si bien puede apreciarse al principio del recorrido, se presenta como la síntesis de la exposición. Esta obra parte de un círculo, representado por un neumático, en el cual aparece una figura "hablando". Del círculo salen cuatro líneas formadas por una cadena y su sombra y por dos líneas pintadas. Las dos primeras concluyen en un carro que sostiene un cuerno y del cual cuelgan unas cintas. Las otras dos líneas convergen en un mismo punto, del cual sale humo, ubicado debajo de un hombre que corre y mira hacia atrás. Una posible interpretación de esta obra es la descripción del proceso mismo que pretende ilustrar la exposición. La realidad de un sincretismo cultural que Bedia pretende llevar a cabo a la inversa. En lugar de apropiarse del desarrollo en sus diversas facetas (la tecnología estaría representada en este caso por el carro), Bedia realiza un proceso de transculturización que lo lleva a descubrir y a identificarse con las culturas indígenas. Él mira "hacia atrás", hacia las culturas primitivas. En su búsqueda, recorre diversos caminos reales (aquellos pintados con pintura) e imaginarios (la sombra creada por la cadena) y logra, mediante la compenetración y la asimilación de elementos formales (estéticos) y espirituales (religiosos), una forma particular de conversión.

FRANCINE BIRBRAGHER

José Bedia, por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD | artnexus