Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Marianne De Tolentino

Jorge Pineda

Museo de Arte Moderno de República Dominicana

Si desde hace décadas la pintura es la categoría hegemónica en las artes visuales de la República Dominicana, si la escultura tradicional sigue estancada o declinando, la polivalente "instalación" se ha ido desarrollando en los últimos diez años, fortaleciendo la imagen del país internacionalmente y ganando el aprecio del público local. Suele integrar, en su tridimensionalidad, los recursos de la gráfica, la intervención de la pintura y el objeto ready made, cotidiano y serial. Por otra parte, los mejores en esa formulación espacial han llegado allí, después de practicar e investigar otros lenguajes, esencialmente el dibujo y el grabado. Lo comprobamos nuevamente, con la exitosa irrupción de Jorge Pineda en el mundo de las instalaciones.

Jorge Pineda ha presentado una serie de instalaciones en el Museo de Arte Moderno. Ese artista joven es probablemente el mejor diseñador de carteles de Santo Domingo, aunque él quisiera relegar tal faceta de su talento. Sus diseños implican un excelente dibujo, que él ha sabido actualizar y conceptualizar. En la instalación encontró una potencialidad insospechada, primero revelada por su obra Isla de vainas, parte de un conjunto memorable, Otras visiones, junto a otros tres instaladores. Con su amontonamiento de frutas del flamboyán y los remos hincados como si brotaran de la tierra, el mensaje estaba claro: cuando los recursos naturales se secan y se esterilizan, ¿queda otra solución fuera de la de desafiar el destino, embarcándose hacia una "tierra prometida" o la muerte?

Exposición Individual: Jorge Pineda — imagen 1
Jorge Pineda. El limbo. 15 x 15 m. Cortesía: Museo de Arte Moderno de R. Dominicana.

En su individual del Museo de Arte Moderno, Jorge Pineda vuelve a tratar el tema y su connotación de los yoleros. Lo amplía. Lo trasciende. Adquiere las proporciones y el nombre del Ojo del Huracán. Los remos se multiplican y jalonean el vórtice, ahora las vainas se disponen en espiral. Más allá del fenómeno de la naturaleza, la obra metaforiza el meollo de una problemática caribeña, humana y social, de consecuencias incalculables.

Muy cerca, ronda la "pequeña muerte" o más bien la muerte de los pequeños, profundizando en cuestionamiento y tragedia. En el piso yacen, juntos y separados, contornos de cuerpos infantiles a la manera de las posiciones que la policía revela de los muertos por violencia. Dentro de cada corporeidad hay una caja de limpiabotas, en cada caja un alíta de plumas blancas. Sobresalen el dibujo anatómico, el objeto en su rusticidad y crudeza, el signo-símbolo desgarrador. La acertada composición, espacialmente desparramada pero limitada en áreas, se ensancha en nuestras conciencias. El título cae, breve, místico, atroz: El limbo. Surgen los espectros de la niñez latinoamericana desamparada, sean los limpiabotas deambulantes de Santo Domingo, los gamines de Bogotá, los removedores de basura de Lima, oídos "pequeños delincuentes" asesinados del Brasil. Es una instalación para la historia.

Jorge Pineda defiende a los débiles, golpeados y condenados de la tierra. Se coloca del lado de las víctimas, sin especificar verdugos. Lo dice todo, con humor, poesía y emoción, con una gran belleza. Así se conduele de la condición de la mujer. Objeto sexual, maltratada madre, trabajadora, confinada, prostituta, mutilada. Levantando sucesivas tapas de madera, descubrimos testimonios iconográficos. La obra es sutil y punzante.

Las instalaciones de Jorge Pineda no permiten el paso apresurado y la mirada superficial. De verlas así, diseños seriales y materiales pobres sugerían el anonimato, no más. El artista, en otra ambientación, invita a buscar en el panel la llave que abrirá el armarito misterioso y sucesivamente "descubriremos" los reinos del kitsch, el mal gusto, el erotismo, la cursilería, la miniatura de grit-shop. Estamos obligados a gastar minutos y atención, confrontados con distintos tipos de explotación. En fin, cada una de las ocho instalaciones escribe-sugiere una epopeya de los viejos mitos imbricados con los nuevos, una profusión de denotaciones y connotaciones, que generan un arte povera caribeño, de una riqueza estética, sígnica y alegórica sorprendente. Difiriendo de los países ultra desarrollados, donde los objetos ready made, los desechos y elementos de la naturaleza, en una obra de arte, corresponden a una especie de revés de la medalla, los artistas del Tercer Mundo los integran como parte del diario vivir y de la cultura popular. Los metamorfosean increíblemente en propuestas dramáticas y sofisticadas. Así sucede con los machetes, vainas, plumas, cajas, plásticos, que conceptualmente recicla Jorge Pineda.

MARIANNE DE TOLENTINO

Jorge Pineda, por Marianne De Tolentino | artnexus