El género de la instalación ha comenzado a tener por fin, este año, en la capital de México, plena cabida en instituciones museísticas. Debido al aislacionismo y a la pretendida autosuficiencia del medio cultural mexicano, tal ingreso es bastante tardío si se toma en cuenta lo acontecido en otros ámbitos, pero si bien es cierto que esto de ninguna manera significa que anteriormente no hayan sido mostradas instalaciones en museos mexicanos —que las han acogido desde los años setenta— sí permite augurar que, a partir de ahora, el género será visto, dentro del plano del arte oficial, con equidad respecto a las opciones artísticas tradicionales. Nadie inculpa a los artistas de no haber practicado e impulsado en México esta vertiente y sí es verídico que, en la fase de distribución cultural, todos los implicados compartimos la responsabilidad de haber mantenido a las instalaciones, hasta este momento, como posibilidades marginales, incipientes, de avanzada o de moda, según el caso.
Si a partir de este año las instalaciones pudieran ser tomadas como opciones artísticas sin adjetivos, esto se debe sobre todo a que, durante el mes de julio, en Ex-Teresa Arte Alternativo fueron expuestos los resultados del primer certamen exclusivo del género. Ex-Teresa, institución oficial que funciona con apoyos no oficiales en un ex templo católico situado en el centro histórico de la Ciudad de México, albergó a los dos trabajos premiados, al par que fue distinguido con menciones de honor y a las maquetas de proyectos que resultaron finalistas según la elección de los jurados del Primer Concurso de Instalación: Osvaldo Sánchez, Melanie Smith y Diego Toledo.

Vicente Ramos obtuvo mención honorífica con su imaginativa y plena de sicarronería propuesta Imagen corporativa de raigambre conceptualista (cercana a la ambientación), pero asimismo próxima a la crítica deconstructiva, consistente en alterar no el área para exposiciones de Ex-Teresa, sino su zona de oficinas, con letreros como con los que en corporaciones privadas se insta a tener conductas vistas como virtuosas, pero en los que por ejemplo se lee: "chamanízate", "bebe sola" o "secuestra gente y hazla feliz". A Sofía Táboas se le concedió mención por haber colocado flores en el Jardín de Ex-Teresa. Su participación se llama Jardín. El segundo lugar fue para Héctor Bialostozky por su instalación Evidencia, integrada con documentos relativos a su persona, alterados y colocados sobre los muros dentro de bolsas plásticas transparentes, a modo de hacerse aparecer como si fuese víctima directa de indagatorias policiales; soluciones como las que este autor utiliza son usuales desde la década de los setenta (arqueologías personales).
La obra ganadora del primer lugar se llama La voz inventa a su propia voz y está firmada por Edgardo Aguilar y Alejandro Aguilar. Consiste en un riel de traza oval, suspendido de modo que el pequeño monitor de televisión que lo recorre mostrando imágenes esté a la altura de la vista promedio; elementos todos estos que se hallan dentro de una sala en cuyos muros laterales se escuchan voces de contenido sexual de servicios telefónicos de paga y en cuyo fondo hay un monitor que incesantemente muestra una película. Si bien entre los resultados del certamen hay ideas acertadas, ninguna realización sobresale de la medianía.
CARLOS BLAS GALINDO

