Exposición Individualoct 1995 - dic 1995· Por Paola Sada

Guillermo Kuitca

Galería Ramis Barquet

El pequeño grupo de pinturas de Kuitca que presenta Ramis Barquet en Monterrey retoma el lenguaje utilizado en obras pasadas, como las que se incluyen en la exposición retrospectiva del artista, actualmente viajando por distintos recintos y que hace algún tiempo se presentó en esta ciudad. El artista se vale de similares estrategias para articular realidades de la condición humana, en particular los horrores del holocausto. No encontramos ninguno de sus escenarios tétricos ejecutados con brocha expresiva, sino más bien cuadros en el estilo de los mapas y los planos que llevan más carga simbólica de lo que pudiera parecer a primera vista. En esta ocasión se trata de vistas aéreas de grandes complejos arquitectónicos, con elementos que sugieren ruinas de antiguas civilizaciones (auditorios y plazas), pero de una extrañeza y soledad que también recuerdan paisajes lunares o futuristas. El efecto de anonimato, de un silencio que pesa, es parecido al que nos provocan los mapas de Kuitca. Efectivamente, la minuciosidad del detalle nos obliga a estudiar la obra de la misma manera que un mapa, centímetro por centímetro, como si buscáramos una clave.

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Kuitca repite el mismo dibujo en diferentes tonos. Si esta estrategia de repetición viene de Warhol, el resultado es parecido, pero de mayor gravedad. Al volverse la imagen en icono, se multiplica la fuerza de su significado, cosa que se recalca aún más por el tamaño mismo de las obras, de dos o más metros cuadrados. Los tonos lavados de las pinturas sugieren a su vez negativos fotográficos, dándoles una cualidad verosímil, de testimonio. Sin duda, la obra de mayor impacto es la que representa un enorme círculo de alambre de púas sobre un fondo blanco. Las asociaciones, tanto con la corona de espinas de Cristo como con los campos de concentración, es tan obvia, y el cuadro tan simple, que el efecto es abrumador.

PAOLA SADA

Guillermo Kuitca, por Paola Sada | artnexus