La escultora colombiana Consuelo Gómez presentó sus últimas obras en el mes de mayo y junio en la Galería Garcés Velásquez. Pocos artistas aman con gran amor los objetos de la vida cotidiana, los observan para encontrar en ellos la poética misma de esas formas útiles a cuya compañía nos hemos acostumbrado durante el diario vivir.
Desarrollar la percepción de lo cotidiano, entender el sentido de las formas, realizar el juego entre la geometría y los materiales son algunos de los conceptos de los cuales se vale para rescatar el dibujo en su relación y coexistencia con objetos familiares como la silla, el frutero, la copa, el platón, la batea. Son los objetos más identificables en esta muestra.

En Consuelo Gómez la forma es tan importante como el dibujo. Con el dibujo construye la forma y la forma la refuerza con el dibujo. Establece el mismo énfasis cuando interviene el mueble seleccionado, con la mirada cíclica, entre la utilización y la conversión en obra de arte del objeto que en sus manos se sacralizan. Todas las formas las convierte en productos de agrado estético. Ejecuta con gran habilidad el observar, escoger, intervenir y transformar en una clara intención de crear el acto reflexivo sobre el mismo objeto materializado.
Al entrar en la galería se sale al encuentro de los saberes de una casa en medio de un ambiente de estética nítida, armada como lo mínimo. La disposición espacial de la exposición produce su distribución, la sensación de ritualización de la casa, se percibe la transmutación de las formas cotidianas en la más pura ausencia; captura la visión del espectador para puntualizar en lo más rutinario, la gran belleza de las formas que se evidencian en el trastoque de los materiales. En las obras, el juego entre el hierro y el aluminio es trasladado para generar un predominio entre la forma y el volumen, a la vez, en el juego del espacio y el vacío inspira lo infinito y lo eterno.
La Danza, copa ceremonial de peces, está en permanente movimiento circular y eterno, transmuta lo monótono en infinito. Con la geometría persigue el ordenamiento de la obra, y en la combinación de materiales permite mimetizar toda frialdad y rigidez de la geometría. Deja traslucir pequeñas imperfecciones humanizantes para la obra.
Tan necesario es el dibujo a la forma como la forma positiva a la negativa. En Doble yo, en hierro, en forma de trébol, está sobre una circunferencia que evidencia el vacío y sostiene el objeto ritual. Esta escultora respeta la sobriedad para inculcarle alma a la obra.
En Anémonas, en hierro y mármol, junto con Bodegón, en madera, son los fruteros con peras, o maracas, o bolas que parten de la forma del trébol, emblema de la Trinidad, al igual que en las copas ceremoniales el círculo simboliza la energía interna, la totalidad y marca la unidad. En ella, las referencias visuales son motivo de estudio de la geometría precolombina y en el significado del diseño completa el poder de lo ritual, así como en la superposición de las formas exalta los privilegios de la visión.
MARÍA TERESA GUERRERO
