Desde finales de marzo y hasta comienzos de mayo de 1995, La Habana fue testigo de una de las más espectaculares manifestaciones de la fuerza y vivacidad del arte cubano actual. La historia ha confirmado que, durante épocas de grandes conflictos, las artes tienden a florecer. El amplio espectro de dificultades sociales y económicas por el que atraviesa Cuba actualmente, es notable para cada visitante de La Habana. Sin embargo, también es verdad que ésta capital que aún conserva su exquisita belleza es el foco de uno de los periódicos renacimientos artísticos que se han dado en Cuba varias veces en este siglo, comenzando con la primera generación de vanguardistas en los veinte (Víctor Manuel García, Antonio Gattorno, etc.), continuando en los treinta y cuarenta (con Carlos Enríquez, Fidelio Ponce de León, Amelia Peláez y Wifredo Lam) y una vez más en los ochenta con artistas como José Bedia, Rubén Torres-Llorca y muchos otros acerca de los cuales han escrito con tanta elocuencia Gerardo Mosquera y Luis Camnitzer.
El 28 de marzo se inauguró una enorme exposición en el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), situado en el colonial Convento de Santa Clara (actualmente en restauración parcial y lugar ideal para una muestra tan ambiciosa), ubicado en la Calle Cuba (entre Sol y Luna) de la Habana Vieja. Titulada Una de cada clase, permaneció abierta hasta la segunda semana de mayo y fue organizada por el director de la Fundación Ludwig de Cuba (como su primer proyecto de importancia). Helmo Hernández Trejo contó con la colaboración de miembros del equipo organizador, en el que se incluyen Wilfredo Benítez y Luisa Marisy Martínez entre otros. La exposición estaba conformada por nueve muestras individuales y tres colectivas involucrando a aproximadamente cuarenta artistas cubanos, la mayoría menores de 30 años. La Fundación Ludwig fue fundada en enero de éste año y resultó doblemente sorprendente presenciar un proyecto tan bien organizado, tan entendido en su totalidad y preparado en un tiempo tan corto. La Fundación nació gracias al apoyo del coleccionista alemán Peter Ludwig, sin embargo, es una entidad autónoma que no mantiene vínculos con ninguna de las organizaciones de Ludwig en Europa, ni con ninguna agencia gubernamental, ya sea cubana o alemana. Su propósito será servir de apoyo a jóvenes artistas, ofrecerles espacio para exponer, una biblioteca y otros servicios. La Fundación ha anunciado un ambicioso plan de simposios, conferencias y futuras exposiciones.

Las exposiciones colectivas contaron con la participación de excelentes artistas, muchos de los cuales son ya bien conocidos (a pesar de su juventud) entre los visitantes de la Bienal de La Habana del año anterior, así como por recientes exposiciones individuales y colectivas celebradas en Europa, Canadá y otros países de Latinoamérica. Belkis Ayón, maestra en grabado que tiene como tema el culto Abacoa de la santería, muestra sus grabados de gran formato, que capturan mucho del misterio y prácticas herméticas de los seguidores de esta religión. Saidel Brito presentó una fascinante instalación que consistía en una gran cantidad de cabezas de oveja realizadas en cerámica, además de grandes gusanos también en cerámica; con ella participó recientemente en una importante muestra en la Galería Whitechapel, de Londres. Sus comentarios políticos llenos de ironía están logrados con sutileza y humor. Carlos Garaicoa, un talentoso instalador y fotógrafo, trabaja con imágenes de la ciudad en deterioro para adjetivar tanto su belleza como sus perpetuas tradiciones históricas. La obra de pared de Abel Barroso, titulada Teoría del tránsito del arte cubano, traza a manera de mapa la trayectoria de importantes artistas contemporáneos cubanos que han dejado el país (algunos de los cuales han vuelto). Ninguno de los artistas en la exposición fue tímido al expresar sus ideas políticas. En algunos casos hubo posiciones abiertamente críticas mientras que en otros la sutil ironía fue el principal vehículo para la expresión política.
Entre los artistas a quienes se le concedieron mini retrospectivas dentro del CENCREM, Sandra Ramos (cuya obra a menudo involucra maletines, también trata de los viajes, los desplazamientos físicos y sicológicos), Eligió Fernández, Tonel, investiga la vida emocional de la mente a través de imágenes de las partes del cuerpo y José Ángel Toirac cuya pared de retratos de conocidas personalidades contemporáneas cubanas del mundo de la política, la literatura y las artes escénicas incluye un espejo para verse uno mismo entre esta multitud, sobresalen como artistas con un promisorio y particular futuro.

El gran despliegue en CENCREM de ninguna manera completa la amplia actividad de exposiciones que la Fundación Ludwig tuvo esta primavera en La Habana. Además de lo anterior, hubo una muestra individual bastante conmovedora en el Centro Wifredo Lam a cargo de Alexis Leyva (KCHO) quien llenó varios de los principales salones del amplio y cómodo espacio del Centro con viejos muelles de madera, produciendo, en el espectador que era obligado a caminar alrededor de ellos, una sensación muy precisa de melancolía e intimidad, de exilio autoimpuesto y de nostalgia por un país y sus raíces. Lázaro Saavedra presentó una exposición individual en la Galería Luis Soto de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, un asunto altamente cerebral con comentarios sesgados sobre la reciente historia del arte cubano.
Tal vez la más ambiciosa, conmovedora y dramática de todas las exposiciones de la Fundación fue la extraordinaria muestra de la obra de Carlos Estévez, a quien se le facilitó un enorme espacio en el Museo Nacional de Bellas Artes para que presentara sus intelectualmente retadores aunque sensualmente placenteros dibujos, instalaciones y esculturas, que a menudo se concentran en partes del cuerpo que se disponen como componentes de una armonía cósmica y universal. La exposición fue titulada Revelaciones gnómicas y en ella Estévez permitía al espectador una mirada muy íntima a su imaginación fértil, literaria y espiritual. Estévez está fuertemente interesado en la interacción de las culturas del mundo, los símbolos universales y las metáforas ampliamente conocidas. Sin embargo, manifiesta que estas preocupaciones en su obra no lo son a la manera antropológica de Joseph Campbell, ni tampoco con las connotaciones psicológicas de Jung. Al contrario, intenta crear una simulación de su propia imaginación y ofrecer al visitante su propio universo hermético, sus propias interpretaciones de mitos y sueños.
Paralelas a las exposiciones de la Fundación Ludwig había otras muestras muy estimulantes que sirvieron para aumentar aún más la excitante atmósfera de La Habana en la primavera de este año. En la Casa de las Américas, el artista cubano-americano Ernesto Pujol tenía una muestra individual, como primer ciudadano de los Estados Unidos nacido en Cuba que expone en la ciudad. Titulada Los hijos de Peter Pan y dedicada a la memoria de Ana Mendieta, las provocadoras y evocadoras instalaciones de Pujol tratan los asuntos del exilio así como algunos temas de identidad personal y, en particular, la homosexualidad. Creadas en su integridad con objetos encontrados que Pujol buscó por la ciudad, su exposición fue, como la de Estévez, una talentosa recreación en un recinto público de un intenso mundo privado.
En la Galería Alternativa, conocida como Espacio Aglutinador (es un espacio reducido pero desde su reciente fundación ha presentado un buen número de exposiciones históricamente significativas), el artista Chago Armado presentó una amplia selección de su trabajo, desarrollado a través de una extensa carrera. Por mucho tiempo conocido como un artista impertérrito ante la crítica oficial y la censura, Chago ha estado en el primer plano de la sátira política, social y sexual con su obra. Es conveniente para la atmósfera de creciente apertura que marca el mundo del arte en La Habana de hoy, que su trabajo esté finalmente a la vista de un público al que por mucho tiempo le fue negada la mordacidad, astucia e intelectualidad de sus imágenes.
EDWARD J. SULLIVAN
Profesor en el Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York.

