A los suavos que habitan en el sur de Alemania se les atribuye un legendario sentido empresarial. Esto se ajusta perfectamente con Adolf Würth. En Künzelsau, un pequeño pueblo cercano a Stuttgart, se convirtió en el mayor productor alemán de tornillos y guarniciones. Para celebrar su éxito, creó el Museo de Tuercas y Tornillos. En él se llevan a cabo exposiciones de temas tan curiosos como El tornillo entre esplendor y poder. Al lado se encuentra un Museo de Arte en el que se aloja la colección de arte contemporáneo del señor Würth, reconocida internacionalmente por su alto nivel. Aquí se realizan exhibiciones espectaculares, como por ejemplo la envoltura de las escaleras por Christo en mayo pasado.

Adolf Würth sostiene relaciones comerciales con socios mexicanos, y fue así como en una de sus visitas entró en contacto con el Museo de Arte Moderno en México D.F. Como contrapartida, este Museo mostró el año pasado una selección de obras de la colección Würth. Del 19 de junio al 22 de octubre se mostró en Künzelsau la exposición Imágenes y visiones. Arte mexicano entre vanguardia y actualidad. Para esta muestra se contrataron los servicios de la curadora suiza Erika Billeter que se había dado a conocer como una profunda conocedora del arte de esta parte del mundo a través de exposiciones espectaculares de arte mexicano como Imagen de México (1987-1988) y El mundo de Frida Kahlo (1993), ambas en el Schirn Künsthalle de Frankfurt, y de la muestra Fotografía latinoamericana en Alemania.

La selección en la exposición del Museo de Würth era —como las precedentes— de un carácter muy subjetivo y por lo menos verbalmente no llenaba las expectativas de una visión global. Faltaban las tendencias más bien experimentales en la obra de artistas jóvenes, que parece que no le interesan específicamente a Erika Billeter. Se mostraron pinturas, esculturas, cerámica y una instalación de 15 artistas conocidos desde hace mucho: Miguel Castro Leñero, Helen Escobedo, Julio Galán, Alberto Gironella, Enrique Guzmán, Sergio Hernández, Rocío Maldonado, Carlos Mérida, Rodolfo Nieto, Adolfo Riestra, Vicente Rojo, Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Germán Venegas y Nahum B. Zenil. Rara vez puede uno ver tal cantidad de arte mexicano de alta calidad. Sobre todo es difícil topar con una selección tan buena de trabajos de Francisco Toledo, lo que indica una abierta preferencia de Erika Billeter.
Sin embargo, uno hubiera esperado de la curadora una perspectiva más abarcadora, en vista del subtítulo y si tomamos en cuenta que el comunicado de prensa de la exposición indicaba que en ella se intentaba atrapar el espíritu del arte contemporáneo mexicano. Para ello habrían tenido que incluirse a los jóvenes artistas en torno al grupo Temistocles 44 o al artista Gabriel Orozco, que si bien es relativamente desconocido en México, goza de una inmensa reputación internacional. De esta manera, la exposición en el Museo Würth no contribuyó a ampliar la estrecha visión que del arte mexicano se tiene en Alemania.
Se publicó un voluminoso catálogo de 250 páginas con excelentes fotografías y varios textos.
GERHARD HAUPT

