Arte Contemporáneo Misterios y Frontera

Eduardo Cabral. Sin título (detalle), 1992. Acrílico sobre tela. 150 x 151 cm.

Colectivaoct 1995 - dic 1995· Por Brian J. Mallet

Arte Contemporáneo Misterios y Frontera

Museo de Pully

Las exposiciones de arte latinoamericano en Europa —que son en todo caso muy contadas— suelen optar por uno de dos formatos. La primera opción es la llamada "mega exposición" —como las que se organizaron para celebrar el Quinto Centenario del Descubrimiento de las Américas—, formato que siempre logra atraer un público nutrido, aunque es cuestionable si tales eventos logran mayor conocimiento del arte latinoamericano por parte del gran público, o si solo confirman sus preconcepciones e inclusive sus prejuicios. La otra clase de exposición donde podemos ver arte latinoamericano la encontraremos en las galerías especializadas, que por definición atienden a una audiencia bien diferente y mucho más restringida.

En tales circunstancias, la decisión del Museo Pully, en las afueras de Lausana, de dedicar su temporada de verano a la exposición de una muestra de arte contemporáneo del Brasil (organizada por el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, en colaboración con la Universidad Estacio de Sa y curada por Marcus de Lontra Costa y Claudio Telles), fue una sorpresa a la vez grande y grata para los habitantes del Lago Leman. La meta quedó bien definida desde el principio: estimular el interés local en las artes visuales del Brasil, sin simplificaciones excesivas del tipo arrogante, pero también sin aseveraciones curatoriales.

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Eduardo Cabral. Sin título, 1992. Acrílico sobre tela. 150 x 151 cm.

Agradablemente distribuida sobre los tres pisos del prístino Museo de Pully (una antigua residencia magníficamente transformada), la muestra presentó obras de 27 artistas en diversos medios y formatos, incluyendo pintura, escultura, grabados, dibujos e instalaciones. Aunque la atención fue centrada en artistas nacidos alrededor de 1945, se incluyeron también varios participantes de generaciones anteriores (Tomie Ohtake (1913), Althos Bulcao (1918), Farnese de Andrade (1926), Sante Scaldaferri (1928), Anna Bella Geiger (1933) y Uchóa Cavalcanti (1933), entre otros).

Hubo tres obras impactantes de Siron Franco (dos óleos y una técnica mixta sobre tela), todas cargadas de imágenes evocadoras y de referencias al mundo animal, y algunos trabajos poderosos en acrílico (sobre tela y tejido y montados sobre madera y espuma) de Anna Bella Geiger, quien exploró algunas interesantes combinaciones cromáticas y estructuras espaciales. Athos Bulcao presentó una serie de máscaras de texturas atractivas en técnica mixta sobre madera, las cuales fueron colocadas frente a una larga fila de pequeños cuadros figurativos en encaústica sobre madera de Sante Scaldaferri. Celeida Tostes, quien falleció este año, estuvo representada por varios ejemplos sin fecha de sus habituales "herramientas" en cerámica encerradas en vitrinas.

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Manfredo de Souzanetto. 20/94, 1994. Pigmento y resina acrílica sobre yute pegada en madera. 138 x 87 x 8 cm.

Las obras abstractas expuestas en el segundo piso, aunque de colores vibrantes y atractivas a su manera y a veces excelentes en su clase, no parecieron ofrecer nada nuevo o diferente. Estas incluyeron los trabajos de Uchoa Cavalcanti, Jean-Nette Priolli, Aluisio Carvão y Liz Aquila (aunque eran de interés las pequeñas serigrafías sobre aluminio (11 x 11 cm) de Fernando López, colocadas a lo largo de la escalera que conduce al segundo piso). En el mismo piso se presentaron varias obras de Víctor Arruda (1947), con su combinación de motivos pop e iconografía estilo Léger, una de las cuales fue seleccionada para la portada del catálogo de la muestra. Sin embargo, las obras más impresionantes del segundo piso se encontraban en la sección de fotografía, la cual ofrecía algunos deslumbrantes ejemplos del trabajo de Mario Cravo Neto, João Bosco, Miguel Rio Branco y Rogério Reis (quien propuso varios estudios humorísticos, irónicos y profundamente conmovedores de temas populares, como el carnaval, la lotería y los niños de la calle, entre ellos la Reina del basurero y el magnífico Sexo).

La exposición, cuyo objetivo era evocar y explorar —a una escala reducida— algo del «misterio» del Brasil como encrucijada de fronteras diferentes (geográficas, históricas, espirituales, etc.), alcanzó su meta por lo menos a nivel local, es decir, como evento dirigido al público suizo en general. Sin dejar de confirmar nuestra idea de la "magia" y del "color tropical" del Brasil, también resaltó facetas de la otra cara del carnaval de Río y de las escuelas de samba, como la enorme variedad de expresiones artísticas en ese país, algunas de las cuales no parecen de ninguna manera provenir del Brasil, tal como lo imaginamos.

La misma exposición debe presentarse en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1996 y es aquí donde pueden surgir dudas acerca de su contenido y enfoque. Los puntos de referencia cambiarán necesariamente con el traslado geográfico y otros criterios críticos deben intervenir inevitablemente. Es poco probable que la muestra, en su forma actual, se revele esclarecedora para el público brasilero— no es lo suficientemente extensa para ser calificada de "mega exposición" (la cual atraería al gran público), y hay demasiadas ausencias (Jac Leirner, Cildo Meireles, etc.) para ser representativa de la escena contemporánea (la cual atraería al público más especializado). Dicho lo anterior, y en lo que a Europa atañe, esta exposición debería llevarnos un paso más cerca de un mejor entendimiento del arte latinoamericano en general.

BRIAN J. MALLET

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