En contraste con la mayoría de exposiciones que se comentan en esta revista, Sobre el lugar (About Place) conserva sólo una leve conexión con el discurso del arte contemporáneo latinoamericano. La exposición, última cuota de la venerable serie Américas del Instituto de Artes de Chicago, es la primera en incluir obras provenientes de fuera de los Estados Unidos desde que comenzó la serie en 1988. De los dieciséis artistas representados, cinco son latinoamericanos: Eugenio Dittborn, Félix González-Torres, Guillermo Kuitca, Jac Leirner y Doris Salcedo. (También se incluyen canadienses como Rodney Graham, Barbara Steinman y Jeff Wall).

Mientras estos artistas son bien conocidos en círculos artísticos latinoamericanos, y aún en muchos círculos artísticos contemporáneos en los Estados Unidos, son menos familiares para la gran audiencia a la que se dirige el Instituto de Artes. Una de las dificultades al intentar evaluar la exposición es el hecho de que, desde cierto punto de vista, la selección raya en lo monolítico (los incluidos están entre los artistas latinoamericanos más buscados dentro del mercado actual), pero desde otro ángulo, es decir desde el punto de vista del Instituto, es reformadora (haciendo un uso más exacto de la palabra "América", como se indicó antes). Sin embargo, si uno acepta que exposiciones que estén determinadas por lo étnico "enajenan" a sus participantes, entonces esta exposición, con algo de ironía intencional, "enajena" los gustos de Brice Marden, incluido aquí simplemente como otro "americano" y no como una joya neoyorquina. La exposición también cruza la bien vigilada frontera del Instituto entre el arte del pasado y el arte del presente, en cuanto es la primera exposición contemporánea montada en sus galerías en muchos años, y más, que va en contravía con las normas del museo en lo que se refiere a los materiales, al incluir instalaciones y hasta performances (otra primera vez). La elegancia de la presentación, junto con un juego de lúcidos textos explicatorios (y, para aquellos que podían asistir, un buen número de charlas de curaduría altamente comprometedoras y articuladas a cargo de Grynsztejn), constituye un fuerte argumento en la controversia por la aceptación del arte contemporáneo, en todas sus formas, dentro de la rígida jerarquía del museo. Por todas estas razones Sobre el lugar tiene un peso e importancia un tanto diferente a cada lado de la frontera que separa al Norte del Sur, al mercado de la reventa del mercado contemporáneo, a Art in America de Third Text.

Dentro del alcance de las discusiones sobre el pluralismo cultural que se han vuelto omnipresentes en el Norte, Sobre el lugar facilita que el espectador comprenda el discurso principal, ya sea con un exceso de cortesía o siendo en extremo estratégicos, es decir, que la moderada latinización de la serie Américas está empujando las fronteras de la aceptación tan lejos como éstas podrían ir cómodamente en éste momento, o está planteando la necesidad de abandonar el criterio segregacionista de una de las instituciones más monovalentes de los Estados Unidos.
Probablemente, ambas posiciones son parcialmente correctas. En general, la exposición está marcada por cierta represión, tanto en la selección de obras como en la densidad, recorrido y flujo de su montaje. Está meticulosamente bien pensada. Por otra parte, para el típico visitante del Instituto de Artes, atraído por su legendaria colección de impresionistas, Sobre el lugar será una sorpresa debido a la negativa de parte de la exposición en suponer una división entre el Norte y Latinoamérica, o circunscribir una distinción entre uno y otro.

Incómodamente atrapada entre un tumulto de opiniones del mundo étnico y artístico, Sobre el lugar tiene una voz que aún es fascinante y, por momentos, muy conmovedora. La tesis de la exposición, con centro en el lugar como una manera de lidiar con la proliferación y las intersecciones de la "identidad" en una época de migraciones masivas y sumisión tecnológica, es explorada en una serie de escalas verticalmente encadenadas y ejes epistemológicos horizontalmente relacionados. Sobre el lugar se abre con una especie de obertura, desplazándose desde los Atrabiliarios de Doris Salcedo, pasando por la vistosa intimidad de las pequeñas pinturas de puntos macro y microcósmicos de Vija Celmins, hasta los inmensos árboles boca abajo de Rodney Graham. El primer "lugar" que visita la exposición es determinadamente político, se trata de la omnipresencia de la violencia en el paisaje colombiano, siempre acompañada de su impacto emocional. Siguiendo con Celmins, con sus vastas panorámicas pintadas a una pequeñísima escala, que reintroducen la sensación de un enorme contexto dentro del cual se desenvuelven vidas individuales, mientras que las fotografías sepiadas de Graham insisten simultáneamente en la materialidad y la explicitez de la realidad y también en la supremacía de la duda (los árboles pueden ser "reales", pero están al revés).
De muchas formas, pareciera que el tejido conector más fuerte entre las obras se encontrara en las calidades matéricas de las obras. Parentescos inesperados parecían emerger, por ejemplo, entre el manejo de las superficies, y por ende en el tono de voz, en las obras de Marden y Salcedo, así como la palpable sensación de pérdida en la obra de González-Torres también parecía reflejarse a través de la grandiosa aunque silenciosa instalación de Ann Hamilton. Por momentos, la insistencia del curador en el "lugar" se vuelve esquemática, por ejemplo con las pinturas de Correo Aéreo de Dittborn, que literalmente viajan de un lugar a otro, o los ambientes de Andrea Zittel, que son "lugares" compactos, super-diseñados para personas que viven en un mundo de confusas multitudes. La economía del lugar, que genera enormes abismos entre localidades que no tienen nada que ver con la geografía y que sólo son indirectamente paralelas a las etnias, generalmente no son exploradas; en su mayoría, los lugares de Sobre el lugar son simplemente contiguos.

Pareciera que con la estrategia museológica de la muestra se pretendiera establecer un diálogo entre las obras, antes que el más usual respaldo y defensa de un punto de vista. La expansión a nivel de metáforas puede ser útil sugiriendo una dialogada antes que episódica conversación entre las audiencias, acerca del arte con el que consideren que pueden relacionarse. Postmodernismo basado en hilos conductores antes que en la separación. Esto puede ser visto por muchos como exceso de utopía, tendiendo, como lo ha resaltado Mónica Amor, a borrar las diferencias a favor de la inclusión. Esto podría ser cierto, y para aquellos que viven a diario con estos asuntos Sobre el lugar probablemente no les brinda nada nuevo.
Dentro del clima altamente retórico y divisionista del discurso secundario en los Estados Unidos, Sobre el lugar impone sus razones con calmada insistencia. La exposición constituye un testimonio de sentido común institucional. Con la instalación de esta lista en este museo, esperamos que se establezca un antecedente algo más firme en el museo, desde el cual su curador Madeleine Grynsztejn podrá trabajar hacia el futuro.
RACHEL WEISS
Curadora y crítica radicada en Boston. Directora del Programa de Administración Artística de Lesley College.

