16 Bienal Internacional de Lausana

Colette. Colette no duerme más porque María Antonieta está muerta… y además «Olimpia is in jail». Instalación. Maniquí, telas, lápiz labial.

Colectivaoct 1995 - dic 1995· Por Brian J. Mallet

16 Bienal Internacional de Lausana

Museo de Artes Decorativas

En cierto sentido, el título escogido para esta decimosexta edición de la Bienal Internacional de Lausana, Chassés-Croisés, lo dice todo, evocando, a través de esa sugestiva referencia a la danza, la idea de ir y venir, entrar y salir, todas las controversias esenciales que han caracterizado la expresión textil en los últimos años.

En 1962, Jean Lurcat y Pierre Pauli crearon lo que entonces se llamó la Bienal Internacional de la Tapicería, en un intento por hacer de Lausana la nueva "Meca" de una tradición milenaria. Con la llegada en años posteriores de nuevos trabajos e ideas de la Europa del Este, seguidos por otros de los Estados Unidos y el Japón, la referencia a la "tapicería" pronto dio paso a la utilización de la sola palabra "textiles", la que fue también eliminada en esta nueva edición del evento, cuyo nombre ahora se reduce simplemente al de "Bienal Internacional de Lausana".

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Olga de Amaral. Pared de caliento, 1980. Tapiz. Lana y pelo de caballo.

Varios cambios se le han hecho a esta decimosexta edición. Abandonando la modalidad de concurso abierto, los tres curadores (Christian Bernard, director del Museo de Arte Contemporáneo de Ginebra, Toni Stooss, director del Kunsthalle de Viena y Alanna Heiss, director del Instituto de Arte Contemporáneo de Nueva York) decidieron preparar una retrospectiva basada en una selección de los mayores logros de los últimos 30 años, con referencia especial a ciertas obras maestras. Se incluyeron entre los participantes a reconocidos artistas del textil de la talla de Magdalena Abakanowicz, Jagoda Buic, Hermán Scholten y, por supuesto, Elsi Giauque, grande dame del grupo, así como varios nombres sobresalientes de la plástica, quienes también han hecho uso de textiles, tales como Joseph Beuys, Robert Morris y Christo. La segunda parte de la Bienal, presentada en el Museo de Artes Decorativas, fue titulada Apartamentos Modelos, en la cual seis artistas—Colette y Maura Sheehan (Estados Unidos), Eric Hattan y Marcus Geiger (Suiza) y Peter Kogler y Franz West (Austria)—utilizaron textiles o materiales flexibles para explorar la relación entre la expresión artística y el espacio íntimo de un interior (alcobas, baños, corredores y pasillos).

El evento principal en el Museo FAE fue un éxito extraordinario, evocando una exquisita sensación de danza plasmada, movimiento detenido. Por un lado, estaban las obras mismas, las cuales en su gran mayoría eran ejemplos casi perfectos de su arte. Incluían a Hermán Scholten, con su obra Blaue Wolk (1987), Pierrette Bloch, con su Fil de Crin (1995), mostrándonos el otro lado oscuro de la escritura, y presentada en una hermosa sala de un blanco deslumbrante; varias obras exhibidas sobre el piso así como obras más pequeñas de la japonesa Naomi Kobayashi, las cuales parecían debatirse entre la escultura y la filosofía; el monumental Abakan Red 1 (1970-1973) de Abakanowicz, ambientación en el pleno sentido de la palabra; y dos obras de la legendaria Olga de Amaral, quien representaba a Colombia por octava vez en este evento.

En segundo lugar, y esta es otra de las cualidades intrínsecas de la auténtica excelencia en el arte, la sensación de presencia que todas estas obras lograron generar fue simultáneamente acompañada por un sinnúmero de referencias tácitas acerca de los debates y discusiones que han caracterizado el medio de tiempo atrás. El rico diálogo que cada artista ha creado y resuelto con la escogencia de sus propios materiales parece sugerir que ese otro debate —entre las bellas artes (o artes plásticas) y las artes decorativas— podría ser manejado de manera más fructífera. Como lo fue de hecho en esta hermosa exposición, en donde el sentido de confrontación (entre obras, técnicas e ideas) fue cuidadosamente convertido en una relación de historias paralelas.

La segunda sección de la Bienal en el Museo de Artes Decorativas fue mucho menos impresionante y no estuvo a la altura de las grandes expectativas creadas por el excelente catálogo. Estas instalaciones (incluyendo tinas de baño recubiertas con material de algodón) fueron divertidas y relativamente inofensivas, pero no evocaron nada de importancia para el futuro y palidecían terriblemente en el contexto del evento principal.

* Fotos cortesía de la Bienal de Lausanne.

BRIAN J. MALLET

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