La Galería Garcés Velásquez presentó durante el mes de abril la exposición individual del artista caleño Óscar Muñoz, quien desde el año 1991 había dejado de exponer en Bogotá. Esta muestra titulada Narcisos es su imagen fotográfica de documentos. En esas imágenes la primera relación que se recibe es la afición de coleccionar, acción que recuerda las pasiones de cuando era niño o de la nostalgia que surge en la edad madura que invita a recordar tiempos idos inspirados en su propia imagen. A partir de lo perdido trata de entender los estragos causados por el tiempo.
El deterioro como la posibilidad de despegarse de los fuertes vínculos del objeto objeto deseado llevan al artista a observar los pasos sucedidos y los cambios surgidos en el matamorfoseamiento de la imagen, tan amable a cada ser humano pero tan dolorosa al considerar las transformaciones que en ella causa el tiempo. El cambio está en la vida y en el mismo existir, pero ¿cómo llevar esa problemática a la obra artística? ¿Cómo concebir lo frágil, lo cambiante, lo inestable y al mismo tiempo ese amor por sí mismo? Buscando contestar estas preguntas es como Óscar Muñoz apela al narciso que todos tenemos dentro.

Para el proceso, en los materiales empleados está la clave: papel, agua, carboncillo y un tamiz son los elementos con los que arma un nuevo sistema de imagen. Ha seleccionado lo básico para elaborar la obra, sin olvidar los atributos artísticos y conceptuales del dibujo. Busca intensamente transmitir la sensación de levedad e inestabilidad. El proceso comienza en la voluntad y la mano del artista, continúa con el transcurso del tiempo, incluyendo las contingencias externas encargadas de terminar la obra. El polvo del carboncillo pasa a través del tamiz y flota en el agua, formando el dibujo gracias a las pequeñas partículas grasosas. Al observar el dibujo de lejos, produce la apariencia de solidez y, de cerca, es difuso e impreciso. "El artista propone el dibujo y el tiempo lo acaba de elaborar". El tiempo, también dibuja, es hacedor de la obra.
Los dibujos de Óscar Muñoz son diversas versiones de sí mismo. Aunque es la misma imagen fotográfica, sueña, fantasea, se refleja en el agua y en la posición de la mirada ambigua crea el enigma que enriquece la obra. Su preocupación primordial es generar una obra en continuo hacerse y rehacerse según el azar, el tiempo y los elementos de los que se vale para su elaboración.
La exposición por las mismas características de cambio como el elemento agua hacen que las obras están metidas dentro de cajas, con soportes de espejos, azulejos de baño, o papeles que ayudan al significado de la ambigüedad. Las obras en las que el proceso no ha terminado son instaladas en el piso —según el grado de progreso del progreso— tienen agua y en las que el líquido se ha secado, son colgadas sobre la pared. Estas últimas forman un conjunto de menor tamaño cada obra, y producen en el espectador la sensación de imágenes sagradas, la cual se aumenta, gracias a la localización en el espacio de la galería.
La frescura y el encanto están dados a través de opuestos donde el tiempo adquiere su principal valor y parte de él para llevarnos de una manera recalcitrante a sentir el deterioro, el desgaste o los estragos causados en la imagen. El retrato es un instante de la vida, que hace la imagen del retratado eterna. Captura un momento de la vida. Muñoz, en esta exposición, Narcisos es autoreferencial al problema de la creación y del quehacer del dibujo, problema que siempre ha estado presente en su obra. Como nos dice Baudrillard, el hombre desea poseer el tiempo, dominarlo, apropiarse de él para ser el controlador de su trayecto y en la fragilidad de lo efímero lo breve, recurre a lo serial. No solo en los objetos está la colección, uno con su imagen fotográfica se colecciona a sí mismo.
El proceso de elaboración conlleva la idea de vida en la imagen que nunca termina de hacer; y de no ser así, llegaría la muerte, la cual estaría configurada en una imagen terminada, borrando las religiones y las ideologías en la mitología cotidiana que absorbe la angustia del tiempo y de la muerte. Anteriormente el deseo era considerado el tema principal, autosuficiente, ahora se separan y el artista logra la materialización de las partes, devolviéndolas cargadas del significado del paso del tiempo.
MARÍA TERESA GUERRERO
