En enero de 1995 la Biblioteca Luis Ángel Arango, dentro del marco de las exposiciones Nuevos nombres que ha venido realizando desde hace algunos años para promover el arte joven en el país, expuso la obra de Ana Claudia Múnera (Medellín, 1966) y Elías Heim (Cali, 1966), artistas jóvenes que sin embargo no son nuevos nombres en el sentido estricto, porque no son recién egresados ni presentan su obra por primera vez al público. Elías Heim ha realizado exposiciones individuales y ambos habían sido premiados en la Bienal de Bogotá: Heim en 1992 y Múnera en 1994.

La obra de Elías Heim es una contundente toma de posición frente a la manera como designan y estigmatizan los curadores extranjeros al arte latinoamericano. Se es latinoamericano por una serie de estereotipos que van desde plumas hasta tótems, pasando por toda clase de altares, como una nueva manera de segregar. Arte de la mujer, arte de los negros, de los judíos o de los colombianos es siempre una actitud que pretende tranquilizar las conciencias con una visión universal, pero sin transformar en absoluto la sensibilidad. Parecería que estamos viviendo la construcción, no sé qué tan ingenua, de una nueva utopía que pretende dirigir los intereses y los impulsos humanos hacia un único punto de vista para mantener una sociedad en la posición deseada. Elías Heim considera que si un observador recorre una exposición y no encuentra diferencia entre la obra de un artista alemán y la suya, es precisamente lo que busca, porque su obra debe estar referida a un único contexto, el arte.
Es importante recordar aquí que los artistas colombianos han expuesto en museos de todas partes del mundo (por ejemplo, Negret, Botero, Ramírez, Beatriz González, Miguel Ángel Rojas) interesados también en un único contexto: el arte; pero sin embargo sus obras tienen ciertos giros del lenguaje, por llamarlo de alguna manera, que los hace referirse al arte universal, a ellos mismos y a un lugar específico al mismo tiempo. Tal vez hoy lo latinoamericano se ha banalizado demasiado y reclame una posición beligerante como la de Elías Heim, que de todas maneras implica la reflexión de alguien inquieto y con amplias posibilidades de evolución.
Elías Heim trabaja con las estructuras inestables que rodean los museos como el arte acondicionado, las instalaciones eléctricas y también las actitudes e intereses que se encierran allí, para concretarlos en formas extrañas con funciones que pretenden revitalizar el espacio. Extractor de atmósferas acumuladas era un aparato constituido por tres conos metálicos anaranjados (de la altura de un espectador cualquiera, pero eso sí, corpulento, "inflado ocupando todo el espacio") conectados por unos tubos de plástico a los sitios en los cuales se ubican generalmente las obras de arte en un museo; es decir, la pared, el piso y el vacío, y cada uno reaccionaba a su manera. El cono en el piso cepillaba, el de la pared despedía rayos de luz y el tercero sonaba como un extractor de aire. Toda esa "alta tecnología" simulada se supone que extraía la atmósfera interna de la sala llena de tensiones; por ejemplo, las que generan la relación entre espectador y obra, curador y artista, obra y espacio, museo y arte. Toda esta carga emocional era lanzada al exterior por una chimenea de rayas blancas y anaranjadas, una forma "genial" y divertida, que la convertía en humo blanco con olor a coco. Como obra realizada para el lugar tenía más sentido en el espacio del Museo de la Tertulia de Cali, donde también se presentó, que en el impersonal de la biblioteca, pero de todas maneras estos zervos descrestadores en movimiento, de colores tan festivos, demuestran que Heim es un artista que ha superado varios complejos, que se atreve a ubicarse en el centro de la discusión internacional con ironía y con la seguridad que le da el dominio del color y el dibujo.
Ana Claudia Múnera ha trabajado el video-instalación de manera muy original buscando una integración entre los mecanismos de proyección y el tema. Ha experimentado, por ejemplo, con pantallas orgánicas como harina o en este caso, en la obra Laboratorio de un hombre, una palangana con un líquido lechoso. La imagen en la cámara de video es el rectángulo convencional, pero la artista la convirtió en circular como su soporte para mostrar un hombre, en un pequeño espacio, marcando, en tiempo lento, los movimientos cotidianos. El video se ha llamado tradicionalmente Televisión-Guerrilla, porque asalta la pasividad del espectador frente al televisor. Las videoinstalaciones de Ana Claudia Múnera se podrían llamar Vida cotidiana-Trampa, porque en realidad tratan de identificar redes de acontecimientos cotidianos que, relacionados entre sí, muestran el sentido o el sinsentido de esa construcción llamada vida cotidiana. Alguien comentaba que la vida es lo que pasa todos los días mientras esperamos que suceda un acontecimiento que merezca la pena ser vivido; precisamente a través de cortes de esa vida de 24 horas, Laboratorio de un hombre nos acerca al único tiempo y al único espacio que tenemos, el que está en nosotros mismos, sin dejar de lado la idea, como un eco, de que es definitivo que cada uno tome la decisión de reconstruirlo y no dejar que lo decidan desde fuera.
NATALIA GUTIÉRREZ
