Exposición Individualjul 1995 - sept 1995· Por Carol Damian

Manuel Hernández

Ambrosino Gallery

Las elegantes pinturas abstractas de Manuel Hernández juegan con la forma y el color de manera tan sonora que son como armonías de órgano. Hay una resonancia musical que invade la exposición de su obra. Envuelve al espectador en una sinfonía de relaciones cromáticas que comunican vida y una esencia espiritual a las formas puras de la pintura. Considerado desde hace tiempo como un maestro del abstraccionismo latinoamericano, el artista colombiano Manuel Hernández ha afinado sus habilidades pictóricas hasta centrarlas específicamente en las calidades expresivas del color con sus diversas variaciones y modulaciones. Esta exposición fue elegida con una forma particular como elemento constante. A lo largo de su carrera, Hernández ha utilizado una serie de formas simples que van desde lo cuasigeométrico hasta lo biomórfico para explorar tonalidades que se extienden de sombríos grises y negros a ricos rojos y terracotas, amarillos pastel, rosados y violetas. La forma pareciera estar dibujada primero en pintura y luego resaltada con el color para crear sutiles inflexiones que se convierten en vehículo de la emoción y la expresión.

Exposición Individual: Manuel Hernández — imagen 1
Manuel Hernández. Signo Contacto. 1989. Acrílico sobre tela. 58,4 x 58,4 cm. Cortesía: Galería Ambrosino.

Manuel Hernández utiliza las cualidades expresivas del color para capturar un mundo interior de espiritualidad y misticismo. La variedad de tonalidades y modulaciones se usa como signo para transmitir sensaciones privadas. En algunas ocasiones son familiares y etéreas, en otras tensas y perturbadoras. Muchos de los títulos incorporan la palabra "signo" y operan como pistas de su lenguaje pictórico. Signo mítico (1993) evoca un drama mítico a través de grises oscuros; Signo tenso (1984) juega con la tensión entre rosados no complementarios y dorados. Estas obras nos recuerdan las pinturas de Campo cromático de Mark Rothko, artista conocido por su reverencia por el mundo espiritual y el esfuerzo por evocar el espíritu del mito en términos propiamente modernos. Manuel Hernández también celebra el color como el único medio esencial de la creación pictórica. Articulando el campo liso del lienzo, aplica terracota sobre un fondo negro en Signo contacto (1989-1990), una obra pequeña y elegante que brilla desde los complejos velos de pigmento difuminado. Huellas del fondo se filtran a través del terracota para extender el espacio interior de la tela y atraer al espectador a la esencia misma de su forma desmaterializada.

La miríada de posibilidades del color permite a Manuel Hernández deshacerse de todo lo superfluo en su arte. Reducido a su esencia, el color se convierte en forma, volumen y superficie. Como tal, llega a ser vehículo de emociones y estados de ánimo, un medio moderno y natural de traducir los pensamientos privados en signos universales que ofrezcan y susciten respuestas personales.

CAROL DAMIAN

Manuel Hernández, por Carol Damian | artnexus